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El copiloto dormido

Español
Columnista: 
Libardo Botero C.
Fecha: 
06 de Abril de 2018

Esta semana hemos presenciado el real despegue de la campaña presidencial, con dos factores determinante: movidas políticas estratégicas e inicio de los debates televisados.

 

Aunque falta la definición del partido conservador, el panorama de candidaturas, adhesiones y pactos está casi finalizado. Como están las cosas van cinco candidatos principales a la contienda de mayo: Iván Duque, Germán Vargas Lleras, Gustavo Petro, Sergio Fajardo y Humberto De la Calle.

 

Las ilusiones de una coalición tripartita –de Petro, Fajardo y De la Calle- naufragaron. Ni siquiera aquella menos ambiciosa de unir los dos últimos, que tantos auspicios encontró en medios enmermelados y comentaristas desubicados, luego del tinto que se tomaron juntos los candidatos hace cosa de dos semanas, recibió cristiana sepultura el día de ayer. Antes del muy seguro rechazo del CNE a la posibilidad de una nueva consulta para dirimir las aspiraciones de Fajardo y De la Calle, el realismo político se impuso. Ni los liberales tienen el mínimo afecto por Fajardo, por quien no votarían si fuera el candidato; ni los fajardistas respaldarían a un candidato del partido liberal, a quien Fajardo ha tratado con los peores calificativos. La empatía y los réditos políticos en esa mancuerna eran ningunos, e incalculables las pérdidas. Con Petro, ninguno de los dos quiere estar.

 

Luego el trío de Petro-Fajardo-De la Calle, irá dividido, tal como está.

 

De la Calle, consumiéndose en la levedad de una campaña sin propuestas, obligado a defender el legado de Santos y cargar con ese pesado fardo, pero a la vez huérfano de su respaldo burocrático, como lo reveló indignado César Gaviria la víspera de los comicios de marzo. Su única esperanza es el apoyo de la maquinaria liberal, en especial el gavirismo. En sustitución de un programa serio viene recurriendo a una demagogia rayana en el populismo, casi del estilo Petro, sobre desigualdad y pobreza, que para cualquier persona conocedora suena huera. Pero es bien sabido que el partido liberal está de capa caída, ha perdido sin remedio votos y curules en las últimas elecciones, varios de sus congresistas se inclinan por respaldar a Iván Duque, y la corriente samperista está incómoda con la jefatura del expresidente Gaviria y mira de reojo a Gustavo Petro. Todas las encuestas coinciden en una tendencia evidente: la caída en picada de De la Calle en el favor ciudadano, colocándolo en niveles impresentables de 2 o 3 por ciento.

 

Sergio Fajardo tampoco atraviesa por un buen momento. No solo porque las encuestas constatan su debilitamiento progresivo. También, porque no logra acercar otras fuerzas, y ni siquiera mantener cohesionadas sus huestes. Ya Petro le arrebató a la senadora verde Ángela Robledo como fórmula vicepresidencial, y con ella el ala izquierda de los verdes, y es vox populi que la mayoría del Polo se inclina hacia Petro, incluidos varios congresistas. Un hecho sintomático retrata sus apuros: en Antioquia, su terruño, en encuestas y sondeos está por el piso. Como se sabe, ya la mayoría de los cacaos del sindicato antioqueño desertó de sus toldas. Y para rematar, como lo muestran los debates, su opacidad, la falta de propuestas y análisis concretos es impresionante, y no puede suplirlos con gestos ridículos ni frases impostadas. La causa de todo es la corrupción y la solución de todo es la educación: con esa sencilla pero insulsa fórmula responde a cualquier interrogante.

 

El único que sobrevive, aunque sin crecer –así lo atestiguan absolutamente todas las encuestas-, porque llegó al tope de su incompetencia, es Gustavo Petro. La demagogia populista tiene efectos pasajeros, de relumbrón, que desaparecen tan pronto como emergen. Enardece a sectores radicalizados, levanta momentáneamente ilusiones en grupos indignados y desfavorecidos, pero no permite construir un movimiento serio y coherente. La victimización permanente, de una persona que fue miembro de un grupo victimario, es tan disparatada como la de las Farc.

 

Petro busca impactar con propuestas descabelladas, que a despistados, incautos e ignorantes les aparecen geniales. La dialéctica del aguacate contra el petróleo de hace unas semanas, que tanta polvareda levantó, ha terminado por cobrarle por adelantado su insolencia. En el debate en Teleantioquia se descolgó de su propuesta original, indicando que sustituir el petróleo era una idea “gradual”, de largo plazo. Y si se miran las alternativas energéticas que ofrece, se comprende su irresponsabilidad: la energía solar con paneles en las casas, no compite con el petróleo sino con electricidad limpia, generada con agua; y la sugerencia estrambótica de construir cuatro ferrocarriles en Colombia (cuando no logró siquiera iniciar el metro de Bogotá), dizque para reemplazar el transporte por carretera, es una balandronada, que él mismo se encargó de desmontar al indicar que a lo sumo empezaría uno en el próximo cuatrienio.

 

Sin entrar a fondo en dos tesis adicionales que ha reiterado Petro, efectúo un breve comentario. Frente a varios de los candidatos, que sugieren reducir impuestos a las empresas, sobre todo Duque y Vargas, elevados desmesuradamente por Santos –con apoyo de Vargas Lleras en ese entonces- y que las están ahogando, el único despistado que propone elevarlos –con una mampara populista, de atacar a los ricos, a veces con fines expropiatorios- es Petro, aplicándolos a la propiedad de la tierra y hasta a los dividendos (golpeando de contera a la clase media). Y lo segundo es su cínica defensa de la justicia, de la independencia de la rama judicial, a fin de vulnerar a Iván Duque –que ha propuesto estudiar el reemplazo de las cinco Cortes actuales por una sola, como ocurre en casi todo el mundo, y como fue en Colombia hasta 1991, por más de un siglo, época en que nunca se presentaron episodios de corrupción judicial como los actuales-, propalando la insidia de que Duque quiere acabar las Cortes: aquí el único intento de acabar una Corte, pero físico y trágico, fue el del M-19 al atacar el Palacio de Justicia, asesinando parte de la CSJ, grupo del cual era por entonces miembro el señor Petro.  

 

En mi columna anterior, comentando los resultados del 11 de marzo, indicaba que me había llamado la atención el criterio de Iván Duque frente a Germán Vargas Lleras, señalando su connivencia con Santos, a veces por acción y otras por omisión, en temas como el de la paz o el de la reforma tributaria. Aquella luz fue crucial. Hoy ha quedado absolutamente claro que Vargas es el candidato de Santos, aunque hábilmente quiera aparentar lo contrario. Dos o tres hechos protuberantes lo corroboran.

 

El primero, su promesa de continuar con los acuerdos de paz y aplicarlos sin modificación. A su juicio la Corte Constitucional ya hizo unas salvedades que lo dejan satisfecho. Ese punto lo coloca, sin remedio, en el bando Farc-Santos de los otros tres candidatos que defienden a pie juntillas los pactos de La Habana. Ya no hay manera de hablar de dos bloques, uno con Santos -el trío tantas veces mencionado-, y otro que pudiera enfrentarlo, en cabeza de Duque y Vargas, que inclusive pudieran aliarse antes de primera vuelta. No. Cuatro están al lado de Santos y su entrega a los narcoterroristas, y solo Iván Duque representa la oposición real a ese engendro y la posibilidad de cambios “estructurales” a los acuerdos, como ha anunciado que los hará el candidato del CD.

 

El segundo, la adhesión del partido de la U a Vargas Lleras. Esa es una buena noticia en varios sentidos. Ha liberado a Iván Duque del lastre fatal que hubiera significado recibir el apoyo del partido de Santos, Roy, Benedetti y los Ñoños. Ha demostrado, además, que Vargas Lleras –como está enseñado a actuar- no tiene escrúpulos a la hora de buscar respaldos de la peor especie, con tal de lograr sus propósitos, incluso de enemigos suyos declarados como Roy Barreras y Armando Benedetti. Allá él. Creo que no hay que preocuparse demasiado: la U es más lo que quita que lo que suma, y si de rescatar a Vargas del hundimiento se trata, ese es el peor salvavidas. Ha corroborado, finalmente, que ese es el guiño final de Santos a Vargas Lleras. Benedetti, más franco que Roy, lo dio a entender ayer con absoluta claridad: detesta a Vargas pero se somete a la orden de Santos. Pesa más el odio a Uribe.

 

El tercero, la clara disposición de Vargas Lleras a sumarse a la jauría antiuribista –como lo hacen sin misericordia De la Calle, Fajardo y Petro a cada instante- en los ataques despiadados e innobles a Duque, que pretenden, por todos los medios enlodarlo y, finalmente, crear un episodio similar al del hacker en 2014, para tratar de abortar la victoria del CD y sus aliados. Antes del 11 de marzo Vargas fingió concentrarse en atacar a Petro. Pero ahora es evidente que su blanco es Iván Duque. En el debate en Telecaribe llegó al colmo del cinismo, cuando insinuó, en una pregunta a Duque, que es una ficha de Santos que ha trabajado por años con él. En una respuesta memorable, el joven candidato del CD le devolvió el favor, ripostándole que lo suyo fue cosa del pasado, antes de gobernar Santos, hace 20 años, pero que Vargas no podía ocultar que había sido ahora el coequipero de Santos en su actual mandato. Y remató con un apunte genial, que gravitará en el resto de campaña, cuando ironizó el papel de Vargas Lleras en este gobierno como “el copiloto de un avión que van en picada y se durmió todo el vuelo”. Fulminante.

 

En cambio, y para terminar, la situación de la candidatura de Iván Duque no deja de mejorar. Ha recibido adhesiones nuevas, como la de Jorge Mario Eastman, la fórmula vicepresidencial de Juan Carlos Pinzón hasta hace poco, un revés inesperado para Vargas Lleras. Nadie del CD respalda a otros candidatos. En cambio se sabe de parlamentarios liberales, de la U, conservadores, que se inclinan por Duque, para no hablar de la mayoría de las bases de este último partido. Las encuestas, que han indagado por el apoyo de cada candidato entre los demás partidos, han revelado que Duque es quien más respaldos cosecha en las demás colectividades. Aunque dispuesto a responder los ataques que se le lanzan, es el más ponderado de los candidatos. Y su programa y propuestas, absolutamente serios y coherentes, así como su estilo juvenil, moderno y propositivo, calan cada día más en la opinión.

 

Con todos estos activos a su favor, la victoria de todos modos requiere de un trabajo intenso, perseverante, sin descanso, dado el tamaño y las intenciones de las fuerzas adversas. Ojalá en primera vuelta. No solo es lo ideal. Es lo imperativo. Porque, definitivamente, con el vuelco de Vargas Lleras y su maridaje con Santos, no es de esperar siquiera, como antes se creía, que en una segunda vuelta –contra Petro, verbi gracia- éste vaya a respaldar a Duque. Guerra avisada no mata soldado.

 

Periódico Debate