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Oto era el declarante

Español
Columnista: 
Cristina de Toro
Fecha: 
17 de Febrero de 2017

A pesar del inmenso sinsabor que causa enterarse de hechos de corrupción, debo admitir que cuando oí al señor Néstor Humberto Martínez, Fiscal General de la Nación, informándole al país con entereza, que una parte del multimillonario soborno pagado por la empresa Odebrecht habría terminado en la campaña por la reelección de Juan Manuel Santos, me consoló creer que a Colombia le había llegado, por fin, la hora de la justicia en cabeza del señor Martínez.

 

Sin embargo, efímero fue el alivio, pues, más se demoró el fiscal explicando cómo fue la intermediación del excongresista Otto Bula, capturado a mediados de enero acusado de haber recibido dinero de Odebrecht para la adjudicación de una obra pública (la carretera de las impolutas, quizá), y cómo fue que “tramitó durante el año 2014 dos giros hacia Colombia (...) por la suma total de un millón de dólares, cuyo beneficiario final habría sido la gerencia de la campaña ‘Santos Presidente-2014’”, que en salir corriendo para la Casa de Nariño a atender los reclamos que el iracundo presidente Santos le hiciera, y convocar a toda prisa una nueva rueda de prensa para tratar de “dorar la píldora”.

 

Que “no hay documentos que soporten la entrega del dinero al gerente de la campaña”, pero que “existe el interrogatorio que se le hizo a Bula” y que tienen cómo demostrar los “flujos financieros desde Brasil”; que como el asunto de “la violación a las normas de financiamiento electoral no constituye un delito en Colombia”, trasladaba el caso al CNE (Consejo Nacional Electoral), entidad competente y... blablablá.

 

Mientras tanto, el Nobel presidente enfurecido preguntándose cómo era posible que alguien se hubiera atrevido a mancillar ese buen nombre internacional (que tantísimo dinero nos ha costado comprar), desplegó su artillería pesada: Semana, Caracol, El Tiempo, El Espectador, ministros, senadores, consejeros, etc. y ¡a limpiar se dijo!

 

Aparece, entonces, como por arte de magia en el CNE, una carta escrita por “Oto Bula”, que rápidamente es difundida por todos los medios, en la que dice que “No es cierto, ni me consta, ni he dicho que el dinero que entregué al señor Andrés Giraldo fuera un aporte a la campaña Santos Presidente o al señor Juan Manuel Santos”, extraña afirmación porque no coincide con la entregada días antes por el Fiscal. ¿Se “patraseó” Bula y da otra versión de los hechos? Raro eso de regalarle dinero a Giraldo, un desconocido, y más raro todavía, que la carta fuera escrita un día después de que la Fiscalía archivara la investigación que se le seguía al señor Bula, por haber tenido supuestos nexos con paramilitares, pero, los más curioso de todo, es que Otto el firmante, no se diera cuenta que Oto era el declarante.

 

¿Será que de esa onda expansiva de corrupción de Odebrecht que alcanzó y tiene entre los palos a Michel Temer, Dilma Rousseff y Lula da Silva (Brasil); a Alejandro Toledo (Perú), Ricardo Martinelli (Panamá) y Mauricio Funes (Salvador), se logra escapar el señor Santos?

 

¡Qué horror! Colombia otra vez es un país inviable. La crisis institucional no tiene parangón, nos carcomió esa maldita corrupción que creció desaforada al amparo del omnipotente Santos, que empuñando la bandera de esa paz mentirosa, todo lo manipuló, todo lo compró, todo lo deshonró.