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Petro no es interlocutor de Uribe

Español
Columnista: 
Ana María Abello
Fecha: 
30 de Abril de 2019

El tránsito que Álvaro Uribe Vélez hizo de la Presidencia de Colombia al Senado de la República fue una movida que ningún ex presidente había hecho antes. El desgaste que conlleva gobernar a un país tan complicado como el nuestro, y peor aun, por dos períodos, le merecía tomar un largo descanso para disfrutar de su familia y de la fama de gran Estadista que cultivó a nivel mundial.

Sin embargo, las circunstancias creadas por el gobierno de su sucesor, Juan Manuel Santos, y su enorme sentido de responsabilidad patriótica no le permitió alejarse de la arena política. Después de tanta lucha como presidente le fue imposible dejar al país sin el único muro de contención con el que contamos para no caer en la desgracia del socialismo que acabó con Venezuela.

 

Después de tanta lucha como presidente le fue imposible dejar al país sin el único muro de contención con el que contamos para no caer en la desgracia del socialismo que acabó con Venezuela.

 

El incansable Uribe, que nos inspiró a tantos a no rendirnos pese a la maquinaria opresora del gobierno Santos, nos llevó a la victoria del Plebiscito y a regresar al poder con nuestro candidato Iván Duque.

Pero el germen que sembró Santos está corriendo por el torrente sanguíneo del país y se evidencia en el envalentonamiento de personas cuyo pasado está manchado de sangre. Esas personas que ocupan hoy unos inmerecidas curules en el Congreso creen que el pueblo colombiano que no fue cómplice o que es demasiado joven para recordar, nos vamos a tragar el cuento de que por amor a Colombia se fueron a las armas.

No señores, ese argumento falaz solo le puede caber en la cabeza de un psicópata capaz de justificar la muerte para lograr sus objetivos de poder.

Y es que finalmente ese ha sido el motor de su lucha, llegar al poder para cambiar  las reglas de juego de Colombia como lo hizo en su momento Chávez en Venezuela y Castro en Cuba. Chávez llegó a través del engaño al elector y Castro a través de una revolución armada, mientras que en Colombia llegaron a través de unos acuerdos de paz que por arte de magia les borraron su pasado criminal y los convirtieron en supuestos faros morales.

Es una verdadera lástima que la magia de esos acuerdos no de para resucitar a los miles de muertos que llevan a sus espaldas ni a devolverle los años que perdieron los secuestrados en la selva ni la inocencia que le robaron a los miles de niños y niñas secuestrados para incorporarlos a sus filas y atacarlos sexualmente.
Ese es el calibre de personas que llegaron al Congreso para compartir escenarios con otros que no escogieron el camino fácil de la fuerza para lograr sus objetivos. Y ese es el calibre de personas que ahora se creen con la autoridad moral de atacar y acusar a Uribe porque fue el único que puso en jaque la existencia misma de su empresa criminal.

El caso de Gustavo Petro, ex guerrillero del M-19, un grupo criminal no muy diferente a las FARC y al ELN, es el mejor ejemplo de lo que sucede cuando se les concede amnistía e indulto a criminales.  A medida de que pasan los años y las generaciones van cambiando encuentran la forma de justificar sus crímenes y se crea un pésimo ejemplo para aquellos que nunca han contemplado violar las leyes.Esta semana en plenaria del Senado Petro se atrevió a decir que fue por amor a Colombia que decidió irse a las armas. Mientras lo decía yo me preguntaba si las personas que tuvieron la desgracia de encontrarse del otro lado de esas armas como los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia sintieron ese amor.

Gustavo Petro y los miembros de las FARC que ocupan curules no son interlocutores para una persona de la estatura intelectual y moral de Álvaro Uribe, y es por eso que el famoso altercado que ocurrió en una plenaria de esta semana jamás debió ocurrir.

La estrategia de la izquierda es provocar a través de la difamación para lograr una reacción y después victimizarse. Y los medios de comunicación en su afán de dañar saldrán (como efectivamente hicieron) con la versión de que Petro estaba hablando de la JEP y Uribe le gritó sicario, sicario, sicario.

Con esto no quiero decir que las mentiras deban quedar en el aire, por el contrario, estas se deben refutar a la mayor brevedad posible a través de herramientas legales, cuando la situación así lo amerite, o a través de los valiosos Senadores que lo rodean como Paloma Valencia, Carlos Felipe Mejía, Fernando Araujo etc.

 

La estrategia de la izquierda es provocar a través de la difamación para lograr una reacción y después victimizarse.