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Porque el futuro es de todos

Español
Columnista: 
Samuel Hoyos
Fecha: 
12 de Junio de 2018

La palabra cambio es el lugar común en el que han concurrido los candidatos a la presidencia de Colombia. Por fortuna el tan anhelado cambio ya se está dando, las pasadas elecciones al Congreso de la República y la primera vuelta presidencial son prueba de ello, el hastío de los colombianos por la actual situación del país se materializó en la derrota de maquinarias y gamonales electorales, así como en el ascenso del voto de opinión.

 

Es evidente que el país no sólo quiere sino necesita un cambio, el problema radica en qué clase de cambio queremos y cómo lo queremos. Factores como la pobreza, el desempleo, la corrupción, la violencia y la ausencia estatal en muchas regiones del país, serán sólo algunos de los retos a los que se deberá enfrentar el próximo Presidente. Después de la primera vuelta presidencial, las dos opciones que se impusieron fueron las que representa Iván Duque y Gustavo Petro, ambos con modelos económicos, sociales e ideológicos abismalmente opuestos y que uno u otro será el que regirá a Colombia durante los próximos cuatro años.

 

En una orilla tenemos a Gustavo Petro, un candidato que ha construido su discurso político a partir de la inconformidad del pueblo colombiano con la clase política tradicional y lo ha utilizado no sólo para ahondar el odio que dice querer combatir sino para profundizar el resentimiento y generar división social. Petro, partiendo de esa inconformidad social (real y entendible), ha logrado transformarla en odio, su discurso busca exacerbar a las masas y sin ningún tipo de sonrojo, es fácil escuchar al candidato de la Colombia Humana, decir que de llegar a la Casa de Nariño “democratizará la tierra”, “volverá propietario a quién hoy, no lo es”, y que le “quitará a los ricos para darle a los pobres”, buscando con ello, retomar una lucha de clase que en estos tiempos estamos llamados a acabar.

 

Las consecuencias inmediatas del “exprópiese” o como Petro la denomina, “la democratización de la propiedad” como mecanismo para generar riqueza, así como el tránsito inmediato e irresponsable de energías fósiles a energías renovables, no sólo genera el efecto contrario, sino que derivará en una profunda inestabilidad jurídica y financiera para el país.

 

En la otra orilla, la propuesta de Iván Duque tiene como objetivo no sólo unir al país y buscar un gobierno para todos los colombianos -no sólo para los que voten por él-, sino construir una Colombia que se estructure a partir de la reducción de la burocracia estatal, una Colombia que tenga como prioridad la formalización del trabajo, del crecimiento regional integrado a partir de inversiones en infraestructura (vial, marítima y fluvial) y del fortalecimiento agroindustrial, porque necesitaos un campo moderno y despolitizado que elimine las hoy existentes brechas sociales.

 

Iván Duque nos propone construir una Colombia con un modelo económico que nos permita trabajar, una Colombia con la capacidad de crecer responsablemente y generar oportunidades, una Colombia educada, una Colombia que aproveche de manera responsable todos los recursos que tiene a su disposición, Iván nos invita a que todos construyamos un nuevo país, porque es trabajando y no odiando, que alcanzaremos una verdadera paz estable y duradera.

 

@SamuelHoyosM

 

El Nuevo Siglo