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¿Saldremos del atolladero?

Español
Columnista: 
Alberto Velásquez Martínez
Fecha: 
15 de Marzo de 2018

El país vivió el domingo lo que podría ser la primera vuelta presidencial. Le imprimió ese sello a las consultas del centro-derecha y de la izquierda populista. Dos estilos de sistema de gobierno, enfrentados para dirimir en pocas semanas, la dirección de un Estado contradictorio y sonámbulo.

 

Ganó por abrumadora mayoría Iván Duque, del Centro Democrático, a Petro, de la izquierda populista. Duque, un hombre joven, talentoso y moderno, curado de sectarismos y de mañas. Que tiene respuestas para los dilemas y desafíos de una sociedad como la colombiana, llena de frustraciones pero con resistencias para superar encrucijadas.

 

Álvaro Uribe nuevamente demostró que es el gran elector. Sus listas parlamentarias fueron las más votadas. Su prestigio no lo ha podido doblegar el fuego cruzado que contra él sale del gobierno, de las cortes y de algunos medios de opinión tan sesgados como almibarados.

 

El gran lunar de esta jornada comicial lo puso la Registraduría Nacional. Aportó su buena dosis macondiana. Los reclamos airados de unos votantes que en las urnas se sentían burlados por la marrulla o la improvisación, ante la carencia de tarjetones para la consulta interpartidista, han podido degenerar en asonada. ¿Hubo acaso saboteo? En las democracias serias y reales –que no formales– esos errores tienen sus costos políticos que se pagan con la renuncia del funcionario por encopetado que sea.

 

El fiasco de las Farc fue insoslayable. Su exigua votación –menos del 0.5 % del total de sufragantes– no se compadece con las diez curules que generosamente se le otorgaron en Cuba. Quedó demostrado el rechazo que tiene de las grandes mayorías nacionales que no olvidan sus delitos y menos las tantas víctimas que dejaron regadas por los cementerios colombianos.

 

Generoso y conciliador el discurso en la noche de la victoria de Iván Duque. Pendenciero y picapleitos el de Petro. Dos estilos que marcan diferencias. Para Duque, “el futuro de Colombia es para todos”. Para Petro es clasista y revanchista.

 

Las coaliciones se abren ya por la lucha del poder. Están protocolizadas las de la derecha/centro y la izquierda populista. Se vislumbra una tercera vía, presidida por Vargas Lleras. Fue el que más creció en curules en la jornada electoral. Eso insufló sus egos. Posiblemente se llevará grandes tajadas de la U y del conservatismo mendicante. Y se podría perfilar una cuarta coalición, para la primera vuelta, en donde Fajardo absorbería lo que va quedando del liberalismo en esa lucha entre Santos y Gaviria, que se lleva de calle a De la Calle.

 

Este será un debate agrio, sin cuartel, dada la polarización nacional. ¿Quién será el hombre para recibir este país descuadernado y pesimista? ¿Para sacarlo del atolladero y reconstruir la confianza perdida en sus instituciones y en los deshonrados tres poderes públicos, que atraviesan momentos de confusión y de caos? Que va a recibir un posconflicto en pañales, lleno de promesas y falto de recursos. ¿Quién podrá conjugar con éxito los verbos reconciliar a todos y financiar tantas carencias nacionales? Creemos nosotros que podría ser Duque. Dudamos de que pueda ser Petro.

 

El Colombiano