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Alá se le apareció a Al-Assad

Hace tres años y once días exactamente escribí lo siguiente sobre la situación en Siria, y ahora el tiempo me dice que no estaba tan perdido: "La diversidad de intereses y de actores involucrados no permite configurar una salida y tiene atrapada a la población en un cruce de tensiones. Hasta el momento no parece que se hayan establecido las circunstancias y el actor interno, ya sea una disidencia importante dentro de la comunidad alauí, en las filas del ejército y en la comunidad empresarial que puedan derrocar a Al Assad mediante un golpe militar. Mucho menos probable hasta ahora parece ser la conformación de una oposición sólida y coherente con la fuerza suficiente para resolver la situación del país desde adentro.

 

Tampoco existe una espada que desde el exterior se atreva o quiera cortar el nudo, y por el contrario lo que hay es una gran cantidad de actores externos buscando obtener beneficios particulares que hacen que la sumatoria de dichas fuerzas sea cercana a cero".

 

En ese momento muchos apostaban por la pronta caída del tirano sirio que lleva 14 años en el poder, siguiendo el ejemplo de su padre que hizo lo mismo durante 30. No sabemos si este hijo de, "su padre", por falta de opciones, por una desconocida dosis de astucia y capacidad premonitoria, o por pura suerte, decidió jugarse la carta de resistir a toda costa con la esperanza que Alá, o algo, variara tanto las circunstancias que los vientos de la tormenta cambiaran de rumbo y en vez de hacer naufragar su nave, lo sacaran del ojo del huracán.

 

El Oriente Medio, término probablemente británico pero popularizado por uno de los geopolíticos más importantes y vigentes de la historia, Alfred Mahan; es, ha sido y será estructuralmente inestable a causa, entre otras cosas, de una multiplicidad de actores e intereses cruzados y opuestos. Pero periódicamente la complejidad del mundo islámico se acrecienta por el surgimiento de mutaciones y visiones exacerbadas del islam, que ni mueren definitivamente pero tampoco logran consolidarse ni sobrevivir largos periodos de tiempo, como lo describe magistralmente el historiador David Motadel, y como ejemplo tenemos por estos días el fenómeno del Estado Islámico de Irak y Siria, ISIS, por su siglas en inglés, que vemos crecer pero probablemente veremos languidecer también.

 

La virulencia, histrionismo y desmesura de ISIS lo ha vuelto temporalmente el foco de la atención y ha concentrado en él los esporádicos y escasos ejercicios de priorización de los poderosos, que en esta zona del mundo prefieren no arrancar el pasto sino cortarlo cuando alguno crece demasiado, lo que está convirtiendo por ahora a Al- Assad en un "mal menor".

 

La paciencia y la resistencia en ocasiones premian incluso hasta quienes no se merecen sus beneficios y no hay que ir muy lejos para comprobarlo. Las Farc de tanto resistir, más por incapacidad de muchos gobiernos que por sus virtudes, tuvieron la suerte de encontrarse luego de cincuenta años un pretencioso con poder dispuesto a darles gratis lo que por las armas no consiguieron. Santa Teresa de Jesús tenía tanta razón sobre la paciencia