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¿Alguien sabe por qué?

¿Qué sacamos con quitar a Santos y poner a Peñalosa, si hará todo igualito en las negociaciones de La Habana?

 

Cumplió su sueño de inaugurar espacios públicos con propósitos igualitarios. Y si su monumental revolución de TransMilenio se quedó corta fue porque los sucesores de Enrique Peñalosa no hicieron la tarea de cumplir sus etapas. Hoy, ese alcalde estrella quiere ser Presidente de Colombia. ¿Será lo que le conviene al país?

 

He estado meditando mucho sobre el tema. Mi hermana favorita –la única, luego no tiene competencia– me informó: voy a votar por Peñalosa. ¿Por qué? Porque me encanta. ¿Y por qué le encanta? Porque me encanta.

 

Ni ella, ni nadie, conocen ideológicamente a Peñalosa. Puede ser por eso por lo que al candidato lo mantienen tan callado. ¿Cuál es su propuesta de gobierno, ahora que pertenece al mismo partido de Petro? Investigando, encontré una reveladora entrevista con el estratega político argentino Ángel Becassino, publicada en el libro Peñalosa y una ciudad, 2600 metros más cerca de las estrellas (Ed. Grijalbo, 2000). “Sería buenísimo que uno pudiera, vía presiones de la guerrilla, mejorar la distribución de la riqueza”. (…) “Hay cosas concretas que yo sí creo que deberían hacer, pero desafortunadamente nunca he visto que la guerrilla las presione”. O: “una vagabundería la propiedad privada de la tierra alrededor de la ciudad”, concepto que la SAC pensaba que venía de La Habana. No, de Peñalosa.

 

Los remito a la entrevista, para no ser injustos y sacar a Peñalosa de contexto. Igual con las siguientes afirmaciones, que lo retratan como un candidato de ideas urbanas, en un país donde lo urbano es consecuencia de lo rural: “Creo que es mucho más entretenido ser alcalde que presidente”. (…) “En Colombia lo único que tiene que hacer un Presidente es ganar la guerra”. (…) “Una labor muy aburrida, porque no es muy constructiva ni creativa”. Y remata: “El sitio natural para el ser humano es la ciudad” (…) “mientras si vive en el campo no tiene otra cosa que hacer sino echar azadón o manejar el tractor, ordeñar vacas, y no más”. (…) “En términos de competitividad internacional, es más rentable un peso invertido en Bogotá que uno invertido en el Vichada”.

 

Aunque solo el 30 por ciento de los colombianos vive en el campo, nuestro más largo conflicto político viene de una disputa agraria. Por lo tanto, la pregunta es pertinente: ¿se puede gobernar este país con visión de alcalde capitalino? ¿Le conviene a este país de vocación tan agraria un candidato que no digiere el campo? Ni de lejos somos un país competitivo en la industria urbana, sino en la agroindustria, como les pasa a Chile, Canadá o Nueva Zelanda. Pero en el campo colombiano no solo está depositada la mayor esperanza alimentaria de las futuras generaciones, sino el origen de muchos de los peores problemas del país actual. Allí se conjugan los cultivos ilegales que derivan en la industria del narcotráfico, con la complicidad de la guerrilla y del paramilitarismo. Coctel fatal que produce la injusta e inmanejable migración violenta del campo a la ciudad y la costosa ñapa de las culturas mafiosas y traquetas que disparan la inseguridad de las capitales colombianas. Y hasta ahora, las ideas de Peñalosa para el campo no las conocemos, o están resumidas en una guanábana y un variado recetario para el manejo de su pulpa.

 

Como política agraria, el presidente Santos está empeñado en despolitizar la violencia de 50 años que sacude a Colombia. ¿Qué opina al respecto Peñalosa? Pasa rápidamente por encima asegurando que continuará el proceso de paz de Santos, tal cual. Es práctico con los temas que no domina.

 

¿Qué sacamos con quitar a Santos y poner a Peñalosa, si hará todo igualito en las negociaciones de La Habana? Pero, en cambio, sí terminaríamos haciendo un costoso negocio: elegir a un presidente con perfil de alcalde.

 

Entre tanto… Aún recuerdo esa tarde remota en la que Gabo me llevó a conocer su computador personal. Yo todavía escribía en máquina eléctrica.

 

FUENTE: El Tiempo