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Atragantados

Ha pasado casi inadvertida para las entidades gremiales la notificación que desde hace algunos días hizo en la Cámara de Comercio de Bogotá el comisionado de Paz Sergio Jaramillo.

 

No se han pronunciado sobre la acusación -o quizá chantaje- acerca de que la Fiscalía cuenta con 13 mil folios de los procesos de justicia y paz en los que aparecen involucrados cientos de empresarios que apoyaron a los paramilitares en sus acciones violentas.

 

¿A qué vino tal acusación? ¿Presionarlos acaso para que se metan, sin protesta alguna, la mano al bolsillo para sufragar buena parte de los gastos del conflicto, una vez se haya firmado en Cuba el documento de paz? ¿Notificarles que les tienen pisada la cabuya para que bajen la voz de sus protestas porque se les puede activar cualquier proceso penal como auxiliadores de los que fueron la contraparte de la subversión?

 

Los gremios del capital se tragaron la lengua con esta advertencia de “hagámonos pasito” que tiene un tufillo de intimidación. De prevención para que digieran, sin elevar el tono de la voz, todo lo que va cediendo el gobierno en las negociaciones. Recordarles quizá que para el gobierno constituye axioma la insistencia de las Farc de que no están dispuestas a asumir solos el costo del postconflicto y que ellos deben meter el hombro para cooperar en la llevada de tan pesada carga. Notificarles que si insisten en que los subversivos que han incurrido en delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra y violaciones de los derechos humanos van a las celdas, se irán acompañados con quienes están inmersos en “los 13.000 folios de los procesos” que tiene la Fiscalía. Sindicaciones que Jaramillo coloca como espada de Damocles sobre la cabeza de los empresarios que se muestran renuentes a colaborar con sus aportes a la reinserción de los desmovilizados.

 

Dudamos que -sin caer en la impunidad porque este es el manto más perverso que cubre a la justicia colombiana- con esta clase de anuncios/extorsiones, se pueda llegar a una reconciliación como la que quiere el país de todas sus fuerzas vivas, económicas, sociales. El revanchismo no es la mejor salida si se quiere realmente llegar a una paz sólida, sincera y definitiva. No se le aporta mucho a robustecer la reconciliación lanzando sindicaciones sin verificación rigurosa, solo con la ligereza verbal de un comisionado de paz que no tiene funciones de juez alguno. La justicia es la encargada de investigar severamente, sin retaliaciones políticas y sin anuncios publicitarios estrambóticos, las acusaciones para que no se pongan en duda la seriedad de los procesos.

 

Hay que imprimirle veracidad al proceso. La misma que se le exige a la subversión. Máxime cuando estas provocaciones, estas conminaciones, provienen del mismo negociador del gobierno lanzadas a manera de coacción para evitar observaciones o disensos -propios de una sociedad libre- frente a lo que se discute Cuba.

 

¿Por qué los gremios no hablan para encarar la amenaza?.