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Cadáveres insepultos

Mientras el presidente Santos, en diálogo con Yamid Amat, anticipaba que la actual situación económica “es difícil pero no dramática”, cifras preocupantes –que no son de casandras en pena– confirman lo complicado que será este año fiscal, financiero, cambiario, bursátil y social para el país.

 

El déficit fiscal ya adquiere niveles inquietantes. Se habla de que su hueco supera los 30 billones de pesos. Con el agravante de que hay muchos gastos y compromisos pendientes que “ni siquiera están presupuestados en la vigencia de este año”, como lo denunció el exministro Juan Camilo Restrepo. Quizá en la draconiana reforma tributaria que deja ver sus colmillos afilados, se encontrará alguna aguja encantada para remendar tantos rotos abiertos por el manirrotismo presupuestal. O se topará en los recursos provenientes del mayor endeudamiento externo que llega a los 340 billones de pesos, situación que se podría desmadrar, dada la irrefrenable devaluación que pone la moneda colombiana como una de las que más ha perdido valor en el planeta. Devaluación que no ha sido estímulo para las exportaciones y que ha dado manivela a la inflación.

 

Esa devaluación, agregada a la incertidumbre del inversionista acerca del futuro del país, ha coadyuvado al desplome de la bolsa de valores. Se estima que en los últimos cinco años esta cayó en cerca del 60 % y que el precio de las empresas colombianas inscritas en bolsa se desplomó el año pasado en un 47 %. Tan estrepitoso descenso, según analistas, “representa en términos absolutos una pérdida de 54 mil millones de dólares”. De acuerdo con la Federación Iberoamericana de Bolsas –Fiab–, “ha sido la caída porcentual más significativa entre las bolsas latinoamericanas incluida la de España”. Y de acuerdo con Bloomberg –informe de Semana– “el año pasado fue la cuarta de peor desempeño en el mundo”. El mercado bursátil colombiano parece hoy un cementerio, con acciones petroleras, cadáveres insepultos.

 

Los ingresos petroleros se van de bruces. La excesiva dependencia del petróleo hizo muy vulnerable a Colombia. El Gobierno cree que con la venta de Isagén –comprado por una firma canadiense investigada en Brasil por pagos de sobornos, según The Wall Street Journal–, se ayudará a sacar de los rines las finanzas públicas. Parecería que un mandato como el actual, poco escrupuloso en el manejo del gasto público, necesitaba negociar con cuestionada empresa extranjera para no perder el galardón que sitúa a Colombia entre las naciones menos transparentes en Latinoamérica. Carencia de claridad patentizada en la cínica respuesta del ministro Cárdenas, de “no sé, no las conozco, pregúnteles a ellos”, al ser requerido para aclarar las dudas sobre la discutida solvencia moral de los cuestionados compradores…

 

Este será un año lleno de muchos retos, agudizados por el fenómeno del Niño. El mismo Santos ha pronosticado que “lo peor del fenómeno está por venir”. Con la sequía se agudizará la presencia de nubarrones socioeconómicos que podrían aguar la fiesta de quienes creen que ríos de leche y miel regarán el último cuatrienio santista.

 

Con tan difícil panorama, ¿será posible financiar sin sobresaltos el postconflicto?