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Cantinflas y la prosperidad democrática

La Real Academia de la Lengua Española le rindió un gran homenaje al humorista mexicano Mario Moreno “Cantinflas”, al incorporar en nuestro idioma la palabra acantinflado. Según la respetada institución, el término se refiere a la persona que habla de manera disparatada e incongruente.

 

Así las cosas, los colombianos deberíamos entender que la forma de comunicar de nuestro gobierno también le hace un merecido homenaje al humorista cuando adopta su incoherente estilo, no tanto para divertir al público como lo haría Cantinflas, sino para burlarse de nosotros.

 

¿Cómo se manifiesta este estilo de comunicación? Algunos ejemplos podrían servir. Un día nos dicen que el gobierno ha actuado correctamente para enfrentar el fenómeno del niño y luego despiden al Ministro de Minas por no adoptar las medidas indicadas en el momento indicado. Durante octubre del 2015 y marzo del 2016, nos dijo el Ministro de Minas que no habría racionamiento y luego nos dicen que tenemos que hacer una campaña debido a que los consumidores hemos derrochado electricidad. También se nos dice que tenemos la mejor regulación eléctrica de América Latina y luego advierten que hay grandes vacíos regulatorios. Y el éxtasis cantinflesco se vive cuando por muchos meses se toma de referencia para informar sobre el sistema eléctrico a la empresa XM y el Consejo Nacional de Operaciones y cuando estas recomiendan racionar de inmediato, desestiman sus recomendaciones.

 

Pero lo cantinflesco del gobierno no solo está en el sector de minas y energía. En materia de finanzas públicas son más divertidos. A finales del 2015, el Ministerio de Hacienda hizo pupitrear el presupuesto, sustentado en premisas irreales en materia de precio de petróleo, inflación y crecimiento. Luego, en Febrero del 2016 salen a anunciar con bombos y platillos un recorte como señal de responsabilidad. Por supuesto no se quedan atrás en señalar que tenemos un gran crecimiento frente a la mediocridad regional, pero se les olvida que al comparar a Colombia con Brasil, México, Chile y Perú, tenemos el mayor déficit de cuenta corriente, el peor desempeño en empleo, la mayor caída de las exportaciones y estamos en el segundo lugar después de Brasil en déficit fiscal e inflación.

 

Nuestra estirpe gubernamental cantinflesca también se extiende a otros temas. Nos dicen que debemos celebrar el Plan Colombia y los cultivos ilícitos llevan creciendo dos años consecutivos. Se promueve la Urna de Cristal pero circulan contratos escandalosos de familiares de funcionarios del alto gobierno que son tratados con inocente naturalidad. Se dice que estamos fortaleciendo las exportaciones y las cifras indican que llevamos 16 meses continuos en caída libre. El DANE celebra las cifras del empleo, pero calla la gravedad de la informalidad, el trabajo en cuenta propia y la lamentable cifra de desempleo juvenil.

 

Con todos estos antecedentes el gobierno no deja de definirse como el país de la prosperidad representada en paz, equidad y educación. ¿Prosperidad? ¿Podemos usar esa palabra cuando cientos de miles de compatriotas han visto desvanecer sus ahorros en ECOPTEROL, cuando la inflación empobreció a las familias de bajos ingresos con un aumento del salario mínimo que los desconoció, cuando la clase media y las empresas están asfixiados por la carga tributaria o cuando el terrorismo tiene capturada la agenda nacional y la atención exclusiva de un Presidente?

 

Como país ha llegado el momento de despertar. Necesitamos congruencia, coherencia, compromiso y capacidad de nuestros gobernantes para orientarnos en momentos de tanta dificultad. Lamentablemente tenemos un gobierno que siempre que enfrenta un problema: castiga a la ciudadanía aplicando la frase de un célebre personaje de Cantinflas según la cual “si se necesita un sacrificio renuncio a mi parte y agarro la suya”.