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Carta abierta a Álvaro Uribe

Me dirijo a Ud., en su calidad de Grancolombiano, unos días después de que conociéramos los resultados de las elecciones regionales en las que su participación fue protagónica. Con ella se consolidó, ante sus compatriotas, su liderazgo indiscutible. Su presencia en las plazas, atiborradas de seguidores en cientos de municipios, y su voz de aliento trajeron la esperanza ante un oscuro horizonte que cada vez está más cercano.

 

Considero que los pésimos resultados obtenidos por nuestro partido no tienen porque sorprendernos. Luego de que el año pasado fuimos víctimas de dos fraudes de inmensas proporciones que fueron debidamente denunciados por Ud. y su bancada en el Congreso. proponer 800 candidatos del Centro Democrático, entre los que se contaban con excelentes personas, no podía ser visto sino como un sacrificio voluntario. Ya la historia dirá si este sacrificio fue útil o no en la lucha emprendida para evitar la caída al abismo del país.

 

Del gobierno y sus terribles aliados no podíamos esperar algo distinto a lo habitual: corrupción y fraude. Con estas funestas herramientas conformaron un mapa político armado a su manera para instaurar los macabros planes que ya nos tienen listos en La Habana: encausar a Colombia en una corriente que la lleve al comunismo sustentado en un narco estado.

 

Pero también pretenden con esto armar un mapa anímico en donde los colombianos apabullados acatemos lo que les venga en gana imponernos comenzando por otorgarle unos poderes inconstitucionales al presidente Santos y siguiendo con la conformación de un Congresito, con lo que la dictadura quedaría institucionalizada, para poner en ejecución lo acordado en La Habana sin que sea refrendado por los ciudadanos.

 

No hay que negar que mantuvimos la esperanza en el triunfo honesto en las urnas con la plena confianza de que jugábamos nuestro rol en el teatro de la política, partiendo del supuesto de que todavía estamos en un régimen democrático. Sin esa participación esperanzada no asumiríamos ahora, luego del desastre, el lugar que nos corresponde como oposición activa y beligerante.

 

La inmolación de nuestros votos en las urnas fue el medio para consolidar un movimiento de oposición que cuenta con un partido sólido, como se pudo corroborar en las plazas de cientos de pueblos y ciudades de Colombia por las que Ud. pasó dejando un mensaje claro de que su lucha perseverará por rescatar a la Patria de las garras de quienes han sido sus peores enemigos durante décadas y que ahora se han aliado al régimen y a los esquemas de poder internacionales que quieren imponernos el tal Socialismo del Siglo XXI que no es sino una gran empresa criminal.

 

Desde mi punto de vista, con ese sacrificio quedamos por fuera de todas las posiciones de poder en las regiones, lo que nos permite construirnos como una oposición sin ligaduras con el gobierno. Desde el punto de vista de Juan Manuel Santos fue la oportunidad para humillarlo a Ud. arrebatándole las gobernaciones y alcaldías que los uribistas habríamos ganado con unas elecciones limpias.

 

Muy a la manera de los tiranos de hoy y de ayer, Santos ha pretendido humillar al líder de los colombianos que nos oponemos a su gobierno que cada día va develando su verdadera naturaleza, y con eso debilitarnos para que, en total sumisión, recibamos la firma de los acuerdos con los narcoterroristas sin ser refrendados por el pueblo.

 

¡Qué sagacidad la de Santos y sus aliados! Cuando dos o más malandrines se reúnen la inventiva borbotea saliendo a la luz oscuras maquinaciones como la que presenciamos el domingo pasado: robarse las elecciones en casi todo el país pero muy especialmente en los fortines uribistas como su tierra Antioquia y Bogotá, en donde se salieron con la suya haciendo ganar a un aliado del oficialismo con los votos de los uribistas. Estas jugadas tenían dos finalidades: primera, hacerle morder el polvo de la derrota a Ud.; y segunda, demostrarles a los colombianos de bien que el poder corruptor puede doblegar a un pueblo por más aguerrido que sea.

 

Lo que me causaba ansiedad, en los días previos a las elecciones, no era tanto los resultados sino la manera cómo los asumiríamos. Luego de dos megafraudes, el de las elecciones al Congreso y la segunda vuelta de las presidenciales, esperaba que el Centro Democrático estuviese preparado para lo inevitable. Pero no, con inmensa preocupación veo como se dice una cosa y otra, se hacen cuentas, se especula y se cae en la mea culpa como si estuviéramos en las elecciones del pasado cuando se podían analizar los errores cometidos y como se hubieran podido evitar. Esto ha desviado nuestra mirada para que no veamos de frente la realidad: nos enfrentamos a un monstruo que no puede ser derrotado con votos.

 

Que su liderazgo nos conduzca a cumplir nuestro deber histórico como oposición no permitiendo que el Congreso le otorgue poderes especiales a Santos ni tampoco que nos impongan un Congresito Y reclamemos, a partir de firmas, nuestro derecho de conocer lo acordado en La Habana y que cada colombiano diga si aprueba o no lo que Santos tiene acordado con Timochenko.

 

Hemos aprendido gracias a Ud. que lo que está en juego es la democracia y la libertad soportada en la justicia, que lo que está en juego es el destino de nuestra nación, el destino de nuestros hijos y nietos.