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Cruz de Boyacá para la Conferencia Episcopal de Colombia

Por fortalecer la custodia de la fe, promover los valores en la sociedad colombiana e invocar con ahínco la paz y la unidad nacional, el Presidente Álvaro Uribe Vélez entregó, este miércoles, a la Conferencia Episcopal de Colombia, en sus primeros 100 años, la Cruz de Boyacá en el grado de Gran Cruz de Plata.

Bogotá, 2 jul (SP). Al cumplir 100 años de labores, la Conferencia Episcopal de Colombia recibió, de manos del Presidente Álvaro Uribe Vélez, la Cruz de Boyacá en el grado de Gran Cruz de Plata, por su labor apostólica y la contribución a promover los valores éticos y morales en la sociedad colombiana.

La condecoración se dio en el marco de la Octogésima Quinta Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, a la que asistió este miércoles el Jefe de Estado.

“Acudimos con regocijo por estos 100 años de la Conferencia Episcopal de Colombia. La Iglesia ha sido protectora de Colombia en todas las horas. Es y será protectora de Colombia. Los colombianos no tenemos sino gratitud con la Iglesia, con la Conferencia Episcopal. Todos los males de la Nación, inmediatamente llamamos a la Iglesia a que nos ayude a combatirlos”, dijo el Mandatario.

Durante la conmemoración del centenario, el Presidente Uribe trajo a la memoria el surgimiento, en 1908, de la Conferencia Episcopal, durante el Gobierno del Presidente Rafael Reyes, destacando el aporte de esta Institución, desde entonces, a mantener la unidad de la Iglesia, a pesar de quienes han buscado combatirla.

“Yo diría que hemos pasado de una Iglesia que tuvo protección legal a una Iglesia que hoy tiene como única espada la fortaleza de los argumentos para defender sus valores”, señaló Uribe.

En la misma celebración, el Gobierno Nacional honró la memoria del Cardenal Alfonso López Trujillo, quien murió el pasado 19 de abril, y declaró motivo de duelo nacional este fallecimiento, exaltando la vida y obra del líder religioso, como modelo y ejemplo de las futuras generaciones de Colombia.

“El señor López Trujillo –dijo el Mandatario–, fue un férreo combatiente de sus ideas, que estimaba los valores que teníamos que vivir los cristianos. De convicciones y de combate por las convicciones. Un ejemplo de firmeza. Hemos sentido su partida, de verdad”.