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Cuba de nuevo un prostíbulo gringo

En 2014, el “iluminado” Nicolás Maduro dijo sin pensar: “Culminamos con éxito el proceso de la revolución dentro de la revolución. Tomamos múltiples decisiones, que diremos en su debido momento, y que nos han llevado hasta este punto. Dimos una vuelta de 360 grados, completica, un giro hacia el socialismo de verdad. Nada ni nadie nos podrá detener, eso pueden jurarlo. Ahora vemos hacia donde nunca vimos antes”.

 

Después de tantos discursos contra el imperialismo, tanta tinta culpando al capitalismo y al embargo de todos los errores del comunismo, tantas torturas, hambre y desilusión, la isla cárcel más grande del mundo y su fracasada revolución terminaron en el punto donde iniciaron.

 

La historia reciente de Cuba es triste, así el espíritu de su gente sea tan grande que produce una de las músicas más alegres del mundo. Luego de la guerra entre EE.UU. y España, la isla quedó convertida en baluarte de las necesidades estratégicas estadounidenses para controlar el Caribe, el mediterráneo estadounidense, y evitar cualquier invasión a la salida del Mississippi, la tercera costa de los EE.UU.

 

Adicionalmente la isla se convirtió en el casino y prostíbulo más divertido para los ricos de EE.UU., a donde mandaban a sus hijos a “volverse hombres”. La Habana tenía el mar, las caderas y el ron que Las Vegas no podría producir.

 

Luego de la revolución castrista, Cuba se convirtió en un portaviones de la Unión Soviética desde donde exportó revoluciones en América Latina, y formó asesinos y delincuentes que se convertirían, algunos, en presidentes y otros están en camino de serlo, como en Colombia. Pero no dejó de ser prostíbulo. En un conmovedor relato publicado en El Mundo de España en 2014, Julia Echavarría, que hoy debe tener 76 años, comentaba: “Los soviéticos venían a lo mismo que los marines americanos, como turistas a buscar mujeres”.

 

Terminada la Guerra Fría terminó también el apoyo económico que le daba la URSS a la dictadura para que sobreviviera. Fidel entró en pánico y se abrazó con los “odiados capitalistas”, pero europeos, pensando que así la contradicción no era evidente, llenándose la isla de hoteles en los que los europeos que, sintiéndose lejos de casa y de sus principios, podrían conseguir prostitutas.

 

Luego la revolución atea recibió un regalo del cielo con el Arcángel “Hugo”, quien la mantuvo a flote, aunque precariamente. Pero ni siquiera los arcángeles controlan el precio del petróleo y menos pueden evitar que la estupidez humana llegue a sus más altos rendimientos y ahora que Venezuela está quebrada y no hay más revolucionarios con dólares o rublos, la dictadura abre sus brazos a su supuesto enemigo mortal. Tanta vuelta para convertirse en sede de las principales cadenas hoteleras estadounidenses, que serán socias del régimen dictatorial y al parecer de las Farc, que ya aportaron 900 millones de dólares para entrar en el negocio. Con razón no tienen plata para las víctimas.

 

De nuevo veremos a los niños ricos y a los viejos verdes gringos, disfrutando la carne salada por las brisas del Malecón.