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Desconfianza generalizada

De acuerdo con encuestas recientes sobre la paz de La Habana, después de dos largos años de modestos avances en temas secundarios, tras el aplazamiento de los puntos trascendentales para lograr una paz real y de largo plazo, más de la mitad de los colombianos se encuentra hoy opuesta a la manera como se está negociando dicha paz, o desconcertada por las refutaciones y las contradicciones entre las Farc y el presidente Juan Manuel Santos.

 

Un vocero de las Farc aseguró que en los borradores que ordenó publicar el presidente Santos no se ha tratado más del 23% de los temas previos a la firma de la paz. En este modesto temario ya hay acuerdos que NO aseguran la paz y los temas de fondo NO se han abordado. Pero para el Presidente nos encontramos ya en la recta final.

 

Las negociaciones comenzaron mal desde cuando Enrique Santos, el hermano del Presidente, firmó el Acuerdo General de La Habana con las Farc, porque incluyó un prólogo que acepta rediseñar nuestras instituciones políticas, económicas y sociales con igualdad de autoridad e iniciativa entre Gobierno y guerrilla, donde “nada estará aprobado mientras todo no haya sido negociado”. Esto equivale a una de dos, no llegar a acuerdos en temas clave o cederles a la Farc en temas innegociables.

 

Los hechos permiten sospechar que tanto Santos como sus asesores consideraron posible, por entonces, firmar antes del año un papel con concesiones más o menos amplias para los cabecillas de las Farc, sobre todo, en los temas de la impunidad de estos y de su participación en política, para cumplirles posteriormente y a medias tales acuerdos, o sea, después de la entrega de armas y la desmovilización de las Farc. Se equivocaron.

 

Tras cuatro años de gobierno del presidente Juan Manuel Santos, en los cuales no han faltado las reformas fracasadas, las promesas incumplidas, las traiciones y las afirmaciones que contrastan con la realidad, resulta razonable que la desconfianza de las Farc en el Presidente se haya acrecentado tanto como para dificultar un acuerdo de paz razonable y próximo. En síntesis, los colombianos y las Farc desconfiamos de Santos.

 

Plinio Apuleyo Mendoza advirtió: “A pesar de lo que piensa y dice el Gobierno, las Farc no se consideran derrotadas. Los contundentes golpes que recibieron en el campo militar y la imposibilidad de llegar al poder por la vía armada las obligaron a realizar un cambio de estrategia. En muchas regiones cambiaron sus unidades guerrilleras por las llamadas milicias bolivarianas, que logran, sin la presión de las armas, pero con los millonarios recursos provenientes del narcotráfico, un mayor control sobre la población. Los guerrilleros de otro tiempo fueron remplazados por clandestinas Unidades Tácticas de Combate. Cada una cuenta con solo 10 miembros insertados en la población civil. Expertos en el manejo de explosivos y hábiles francotiradores han logrado producir más bajas en las Fuerzas Armadas que en la época en que libraban combates abiertos”.