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El engaño

La semana pasada tuve la oportunidad de entrevistar al analista y asesor político venezolano Antonio Nicolás Briceño. El tema que nos convocó era uno extremadamente delicado que compromete el destino de nuestra patria y de toda América Latina: el fraude electoral.

 

Pensaba durante la entrevista, qué fácil nos es comprender al estafador pero no a la víctima. Me preguntaba, en el momento de trascribirla, qué parte de nuestra psiquis es la que nos hace tan vulnerables a la estafa y al fraude y por qué se activa ante el engaño dejándonos en estado de indefensión. También intentaba comprender qué tiene que ver el ingenio del estafador con las maravillosas elaboraciones del sueño y la literatura. Tenemos la tendencia a considerar al embaucador una persona muy ingeniosa hasta que lo comparamos con nosotros mismos cuando soñamos o con los geniales escritores que nos trasladan a sus universos imaginativos.

 

Pienso en las noches cuando nos introducimos en el mundo de los sueños y presenciamos otras realidades que vamos construyendo con nuestra inagotable imaginación. Al despertar nos complacemos en repasar los lugares y las historias que, sin saber cómo, hemos creado. En un corto lapso de tiempo generamos historias coherentes en sí mismas sin los esfuerzos y titubeos de quien pretende engañar con sus falsedades.

 

Y con qué alegría y tranquilidad contemplo a mi hija mientras se sumerge en las miles de páginas que conforman las maravillosas aventuras de Harry Potter. La escritora J. K. Rowling, con una maestría sorprendente, ofrece a sus jóvenes lectores un mundo de ilusiones perfectamente coherente llevándolos a reconstruir, en la imaginación, un mundo de relaciones paralelo al real con la plena confianza que da la buena literatura y sin los peligros que acarrean los tortuosos caminos hechos de engaños y mentiras.

 

En los sueños y en la literatura encontramos lugares imaginativos que podemos distinguir claramente; en cambio los que nos construyen quienes tienen oscuras intenciones llegan al extremo de trastocar lo irreal en real con sus historias que, por malas que sean, no dejan de embaucarnos. Entre ellas hay una bastante turbia que se inició a mediados del siglo pasado en una isla paradisiaca, mezcla de realidad y ficción, que ha venido trastornando y destruyendo nuestro mundo a partir del engaño.

 

Quienes han tenido el ingenio de elaborar esa nueva realidad han alterado la historia de nuestros pueblos haciéndola a su medida y, además, han manipulado el acontecer diario para que encaje en esa otra realidad, que no es la de los sueños ni la de la literatura, fruto de sus perversas mentes con las que construyen y destruyen a su medida, conformando otra que suplanta al mundo real.

 

Alrededor de esa historia giró mi entrevista con Antonio Nicolás en la que, como un elemento más entre toda esa trama de engaños, nos adentramos en el fraude electoral. Como ocurre con las buenas historias y con los sueños, estas otras también siguen un hilo y quienes las escriben se empeñan en ser coherentes a como dé lugar, cosa que no logran siempre y ahí es cuando se ven en aprietos enredando cada vez más el hilo de engaños dejando una enredada madeja que si acaso, con el tiempo, un buen historiador se ocupará de ella.

 

Eso es lo que hemos venido presenciando con el guión que nos ha propuesto el presente gobierno pero que no ha sabido estructurar por torpeza y arrogancia a pesar de haber sido inspirado en la paradisiaca isla, en dónde el gran jefe inició todo, y de haber seguido juiciosamente el libreto que escribieron en Sao Paulo años después los mismos de la isla junto a unos cuantos advenedizos que han sabido ser sus más fieles interpretes.

 

De forma ya grotesca vemos al gobierno en un laberinto de mentiras en el que nos ha metido y del que no hacemos nada por salir. Estamos perdiendo el país por nuestra desidia ante el burdo plan con el que nos están estafando y por eso me sorprende más nuestra fragilidad ante los estafadores que la habilidad de ellos.