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El feo a Uribe por: Maria Andrea Nieto 21/1/2022

Guste o no, el expresidente Uribe es el mejor político que ha tenido el país. Y por mejor me refiero al que más elecciones ha ganado.

Guste o no, el expresidente Uribe es el mejor político que ha tenido el país. Y por mejor me refiero al que más elecciones ha ganado.

Si la derecha y la centroderecha quieren ganar las elecciones presidenciales tendrán que encontrar alguna fórmula para unirse. El Equipo por Colombia, brevemente conocido con el sonoro nombre de la coalición de la Experiencia, no tiene ninguna posibilidad de pasar a segunda vuelta sin el apoyo del uribismo.

Federico Gutiérrez, David Barguil, Aydeé Lizarazo, Enrique Peñalosa y hasta el propio Álex Char lo saben. Son políticos y para nada nuevos en estas lides. Por eso resulta tan extraño el desprecio con el que algunos miembros de esta coalición han tratado los más de tres millones de votos que puede tener en este momento el Centro Democrático. En su momento, y antes de retirar su precandidatura, la presidenta del Partido de la U, Dilian Francisca Toro, dijo que el problema con Uribe era el extremismo que representaba. Y por su parte, el exalcalde de Barranquilla Álex Char calificó al Centro Democrático de ser un partido polarizante. 

Seamos francos, las elecciones presidenciales en Colombia se definirán entre la derecha y la izquierda. El denominado “centro” en la política colombiana no existe. De hecho, en los últimos años el único presidente que podría calificarse de “centro” en su segunda elección es Juan Manuel Santos, aunque la primera vez fue la derecha la que votó por él. Hoy ese “centro” denominado la coalición de la Esperanza no es más que un grupo de políticos santistas en busca de la burocracia perdida.

Juan Manuel Santos fue el peor de los errores políticos que cometió el expresidente Álvaro Uribe en su carrera. Santos no solo lo traicionó, sino que además intentó enterrar el legado de los dos gobiernos de su exjefe. Además, en combo con una prensa enmermelada y un grupo de políticos de extrema izquierda, se dio a la tarea de destruir su nombre. La debacle de Uribe en efecto comenzó y continúa por cuenta de esa enemistad que lo tiene en un proceso judicial, pero sobre todo político, cuyo único propósito es vencerlo en los tribunales, ya que no lograron hacerlo en las urnas.

Guste o no, el expresidente Uribe es el mejor político que ha tenido el país. Y por mejor me refiero al que más elecciones ha ganado. Fue dos veces presidente de Colombia y con sus votos ganó las elecciones para Santos e Iván Duque. Su carrera a la presidencia la inició con apenas 1 por ciento en las encuestas, creó el partido político Centro Democrático y derrotó el plebiscito por la paz de Santos, un triunfo que se robaron.

Uribe conoce muy bien su desgaste y el temor de un altísimo porcentaje de los colombianos de que llegue al poder el populismo de izquierda o el socialismo del siglo XXI. Por esa razón, decidió salir a las calles a hacer lo que mejor sabe, conectarse con la gente. Impacta ver las diferencias entre las desafiantes manifestaciones en plaza pública (por fuera de la ley electoral) de Gustavo Petro frente a la más sencilla de las actividades del proselitismo político, que es repartir volantes en las esquinas.

Esta semana, Uribe, en la ciudad de Santa Marta, sufrió un ataque por parte de sus contradictores que, al mejor estilo de los colectivos chavistas, lo violentaron. Ante la agresión sufrida, su respuesta fue la correspondiente a la de un líder de su altura política, “no podemos permitir que nos quiten la libertad que hemos respetado. En Santa Marta cumplimos y extendimos el recorrido con serena firmeza”.

Y ese es el punto. En la forma de hacer política de la extrema izquierda, encabezada por Gustavo Petro y aplaudida por sus áulicos, poco a poco elimina el derecho y la libertad de hacer proselitismo, opinar, debatir y pensar diferente. El que no crea en las banderas del “mesías” Petro de inmediato es calificado de narcotraficante y corrupto. Algo muy contradictorio, porque es la izquierda la que defiende el acuerdo de paz de Santos, que hoy en día quedó demostrado que de paz tenía poco y sí más bien mucho de narcotráfico y legalización de las drogas.

Pero volvamos a las elecciones presidenciales. El desprecio de la izquierda por Uribe es natural y están en todo su derecho. Pero que aquellos que dicen defender el Estado de derecho, la democracia y las libertades individuales le hagan el feo al legado del expresidente es absurdo.

En los ocho años (2002-2010) del Gobierno de Uribe hubo aciertos incontrovertibles. Reducción de la pobreza del 51 por ciento al 37 por ciento. Reducción de los secuestros de 2.882 casos a 282. Disminución de los homicidios de 28.837 a 15.817.

Redujo el tamaño del Estado burocrático representado en el 1,5 del PIB al finalizar su Gobierno. La deuda pública disminuyó de 41,8 por ciento al 28,4 por ciento. El desempleo se redujo del 15,8 por ciento al 11,2 por ciento. Y en la lucha contra el narcotráfico, en 2002 el territorio nacional tenía 164.000 hectáreas de coca sembrada y al finalizar 2010 se redujo a 62.000 hectáreas.

¿Está Uribe derrotado? La izquierda dice que sí, pero solo será posible saberlo después de las elecciones parlamentarias y presidenciales de este año. Lo cierto es que el expresidente Uribe ha demostrado ser un político hábil, que sabe reinventarse, con un amplio amor por el país y que a diferencia de otros expresidentes y notables políticos de izquierda y de derecha, no tiene problema en bajarse de su esquema de seguridad, salir a la calle, pararse en una esquina y dar la cara. Si lo hace debe ser por algo.