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El hombre del tanque

¡Qué panorama más aterrador se nos presenta día tras día! Veo como hasta mis amigos que se habían mostrado indulgentes y complacientes con las conversaciones de La Habana, ya lo ven oscuro.

 

Pareciera que la manera meliflua con la que han querido engañarnos Santos y Timochenko les ha dado buenos frutos. La vida sigue como si nada pasara aunque, en el interior de cada uno de nosotros, la inquietud crece y crece.

 

¿Qué se requiere para comenzar a decirle no más a esta farsa que nos terminará costando muy cara? Y, cuando llegue el momento en que decidamos decir ¡No más! ¿sabremos estar a la altura de nuestro compromiso histórico?

 

Ojalá no sea demasiado tarde el día en que eso ocurra porque somos muchos los colombianos que estamos dispuestos a sublevarnos ante la inminente entrega del país a las FARC, y de asumir nuestro deber ciudadano de proteger la institucionalidad que están destruyendo los que detentan el poder, desde el Palacio de Nariño y desde su sede en La Habana. Ellos están empeñados en implementar un modelo híbrido entre comunismo, corrupción y narcotráfico, a partir de las decisiones autoritarias de un ilegítimo presidente apoyadas por un Congreso y unas Cortes que no han sabido corresponder a sus altas funciones.

 

Hace una semana recibimos con beneplácito el llamado de Álvaro Uribe a ejercer nuestro derecho a la resistencia civil contra una dictadura que se ha venido implementando ante los ojos del mundo con total desvergüenza. Juan Manuel Santos, al hacer públicas sus pretensiones tiránicas, se ha quitado sus ropajes mostrándose en su impúdica y horrible desnudez y, como un psicópata de cuello blanco afectado por sustancias desconocidas, respondió burdamente al llamado a la resistencia poniendo el acelerador al tanque que llega desde Cuba cargado de acuerdos. Para alcanzar su meta ha atropellado el Estado de Derecho y lo ha dejado en estado de coma.

 

El ciudadano colombiano se siente ante esa amenaza como se debió sentir el “hombre del tanque” que el 5 de junio de 1989 enfrentó toda una columna de tanques en la Plaza de Tian’anmen y del que no se supo nada más. El colombiano está dispuesto a pararse frente al tanque, lleno a reventar de acuerdos que desconoce pero de los que no se esperan nada bueno, y de arriesgar su vida como lo hizo el joven chino.

 

Ya se vieron las reacciones por parte del gobierno, de otra forma no se explicaría la urgencia en blindar los acuerdos. El temor de que los colombianos tengamos la valentía del “hombre del tanque”, nos paremos frente a ellos y no permitamos que nos los impongan, es lo que ha motivado ese movimiento torpe y precipitado que ha atentado contra la Constitución.

 

Se vienen con toda una columna de tanques “blindados” y nosotros no contaremos con arma alguna, en las manos cargaremos apenas dos bolsitas, como las que llevaba el “hombre del tanque”, en las que tendremos guardadas nuestras esperanzas y el anhelo por conservar la libertad.