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El ilusionista

"No se necesita ser genio para darse cuenta que el Ministro de Hacienda desfigura la realidad."

 

En un gran libro del filósofo Harry G. Frankfurt titulado “Sobre el estiércol”, en inglés “On Bullshit”, se aborda el común problema del ser humano de decir mentiras, verdades a medias y contextos matizados con el propósito de desfigurar la realidad. Según el autor, uno de los problemas más claros de quienes se dedican a utilizar estos métodos es que existe la grave posibilidad de creerse las irreales palabras que emiten y construyen psicológicamente un mundo distante de la realidad.

 

Tal vez reflexionando sobre las tesis de Frankfurt, valdría la pena señalar que si existe un oficio donde se debe evitar caer en la desfiguración de la realidad, es en el manejo de las finanzas públicas. Si un Ministro de Hacienda cae en la patología de desfigurar la realidad y lo que es peor creerse sus mentiras, podemos estar en el riesgo sumo de darle una responsabilidad tremenda a quien nos puede conducir a errores mayores por su deseo de autocomplacencia con el mundo irreal de su mente.

 

En el debate de moción de censura que se le adelantó al Ministro de Hacienda, sobresalió la preocupante tesis de Frankfurt. Palabras irreales para la tribuna, ilusiones con acomodado contexto de verdad y lo más grave, un orador que no solo se las cree sino que las ha convertido en un dogma, repetido cual secta por sus áulicos.

 

Entre las frases más sobresalientes se encuentran: “La venta de Isagen es para darnos la infraestructura que se necesita”, “la economía colombiana es sólida y aplaudida en todo el mundo”, “estamos mejor que todas las economías de la región”. Como se puede apreciar estamos ante un contexto donde se habla, habla y habla con frases efectistas que pueden emocionar incautos, pero que al ser confrontadas con la evidencia se desvanecen.

 

No se necesita ser genio para darse cuenta que el Ministro desfigura la realidad. La estructura de sus argumentos se construye sobre el falso dilema de ISAGEN o carreteras, como si el mismo individuo años atrás no hubiera promovido la venta de la misma empresa para pagar deuda. También es evidente que nunca se le dio sentido estratégico a la capitalización de la Financiera de Desarrollo Nacional, cuando el país recibió cerca de 70 billones de la bonanza petrolera. En ese sentido, como la bonanza se gastó y se dieron cuenta de la urgente necesidad de capitalización de la entidad financiera, tuvieron que salir a malvender un activo estratégico y rentable para los colombianos.

 

En lo que corresponde a la economía colombiana la realidad también es desfigurada. Es una gran noticia crecer al 3 por ciento en el entorno tan adverso que enfrentamos, pero no nos engañemos. En el año 2015 cerramos con un déficit fiscal que supera los 31 billones de pesos, un déficit de cuenta corriente que supera el 6 por ciento del PIB, una inflación que casi duplica el rango meta del Banco de la República, una de las bolsas más desvalorizadas del mundo, unas caídas considerables de la Inversión Extranjera Directa y la Inversión Extranjera de Portafolio, un deterioro profundo de la confianza del consumidor y cerca de 130.000 puestos de trabajo perdidos en la industria para el trimestre móvil de noviembre del 2015 a enero de 2016.

 

Inclusive al compararnos con la Alianza del Pacífico las cosas son distintas al discurso ilusionista del Ministro. Tenemos mayor riesgo país, déficit fiscal y de cuenta corriente, al igual que estamos a la cabeza en desempleo y caída de las exportaciones. En resumen, hay una plena coincidencia entre el discurso del ministro y el tema central que Frankfurt aborda.

 

Quienes son más proclives a caer en esta grave conducta de desfigurar la realidad, son quienes anteponen sus aspiraciones políticas a las responsabilidades que ostentan. Un Ministro de Hacienda debe hablar con la verdad y ser un pedagogo en la sociedad antes que un ilusionista, que cual porrista busca subir los ánimos aunque su equipo esté perdiendo cinco a cero en el minuto ochenta y nueve del partido.

 

Colombia es un país que históricamente ha sabido sortear dificultades y salir adelante, asumiendo grandes sacrificios. Hoy nuestra economía atraviesa enormes retos y para enfrentarlos necesitamos que el Presidente deje de oficiar sólo como Comisionado de Paz y que tengamos en lugar de un demagógico candidato presidencial, un Ministro de Hacienda comprometido en decir la verdad, por dolorosa que sea y no en materializar verbalmente el tema central del libro de Frankfurt.