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EL PAIS DE LA INDECENCIA

Definitivamente son muchos los colombianos de bien que se levantan a trabajar duro y honestamente y que a pesar de la indecencia de muchos estamentos lo siguen haciendo. Cada vez me parece más difícil entender cómo es que aun funcionemos como país, pues casi todos los estamentos están invadidos por la inmundicia (del libertinaje o la indignidad), empecemos por la más importante de todas, la justicia, las altas cortes: ya solo tienen pequeñas nociones de imparcialidad, si no es que están vendidas al mejor postor, están cooptadas por el presidente quien las pone a juzgar a sus enemigos de turno, y esos son los “mejores juristas”. Entonces es poco lo que se puede esperar del resto de nuestra Rama Judicial. Nuestro otrora glorioso Ejército nacional, hoy arrodillado y humillado por cuenta de un presidente que arrolló cualquier resto de gallardía que aún quedara. Los medios de comunicación, cuya principal labor es la de informar con imparcialidad, o están vendidos de la manera más grosera, reciben pauta a cambio de opinión, o en el mejor de los casos dedicados a difundir e impulsar sus tesis “progresistas” de izquierda y de ideología de género. El Congreso ni se diga… Es difícil ver un congresista pobre. Muchas de sus fortunas alcanzan niveles astronómicos y aparentemente son unos genios de los negocios porque multiplican sus salarios por miles, sin ningún oficio conocido. Y de ahí para abajo es más de lo mismo. Ya ser funcionario, con contadas excepciones, no es sinónimo de servicio y honor.

 

Todos sabíamos que nuestro presidente era un gran jugador de póker, lo que no sabíamos, pero intuíamos, era que fuera un jugador engañoso y con frecuencia parece echar mano de lo que sea con tal de salirse con la suya. El desenlace del caso del hacker demuestra una vez más su talante y que hoy no debería ser el presidente de la Republica, hasta su Nobel está cuestionado, pues ya en algunos medios extranjeros han salido vínculos de petróleo a cambio del premio. Y ahora su última jugada, desconocer el triunfo del No en el plebiscito, su paloma se convirtió en conejo, conejo desparpajado, ahora sale con prácticamente el mismo acuerdo, con unos maquillajes, pero con el mismo fondo: impunidad total y premios a décadas de tortura.