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Esperaba un jolgorio

Después de los triunfos vienen los jolgorios, las celebraciones, las alegrías, las felicitaciones. Me quedé esperando, nunca aparecieron esas manifestaciones de triunfo.

 

Es que un viaje de 250 personas en el avión presidencial y en otro (no cabían en uno), con el fin de conseguir el apoyo para el llamado posconflicto, una vez conseguido ese apoyo como se nos dijo, lo que seguía tenía que ser de celebraciones, de alegría, de jolgorio; los pañuelos blancos, las calles colmadas de gente gritando “viva la paz”. Nada de eso ocurrió.

 

Llegaron las noticias, se fueron asimilando, se sopesaron los resultados. Nada daba para celebraciones. Era mejor quedarse callados.

 

Soy amigo de la paz, como todos los colombianos. Hay que hacer cualquier esfuerzo por conseguirla pero sin entrega y claudicación. Resulta que no somos los únicos que nos damos cuenta de que el gobierno del señor presidente Juanpa quiere entregarnos a los narcoguerrilleros, a los terroristas, a los secuestradores, a los violadores de niñas.

 

Hago un paréntesis: notarán que no le agregué “como le gusta que le digamos”. Es que me han llegado comentarios de que estoy muy cansón con repetir esa frase que le llega al corazón porque con ella “ganó” las últimas elecciones. No me atrevo a decirle “excelentísimo señor presidente Juanpa” porque de excelente no tiene nada.

 

Sigamos después del paréntesis. Es cierto que sería de celebrar la promesa de 450 millones de dólares para la “paz Colombia” y así borrar el nombre de Plan Colombia tan exitoso para Pastrana y Uribe. Pero… y viene ese pero tan doloroso.

 

Pero ese dinero depende de la aprobación del Congreso de mayoría republicana y esa mayoría pondrá condiciones. Y ya lo han dicho.

 

Los guerrilleros no podrán mantener las armas, hay que entregarlas o destruirlas. No podrán seguir envenenando a la juventud del mundo con los cultivos de coca, la producción de cocaína y la exportación de la misma. Tendrá que haber reparación con el dinero que han conseguido con esa industria macabra. No podrá haber impunidad para los delitos de lesa humanidad cometidos por ellos. No nos podremos salir de las leyes colombianas y de los convenios internacionales. Además de que no se les quitará el nombre de terroristas.

 

Todo lo anterior se ha dicho en Colombia, donde, a quienes esto dicen, se les califica como enemigos de la paz.

 

También el secretario general de la OEA, Luis Almagro, se ha manifestado amigo de la paz en Colombia, ha ratificado el apoyo a ella pero sin la entrega del país a la guerrilla como lo pretende el señor presidente Juanpa. Es que todos la queremos, aun en el exterior, sin la entrega de Colombia y de sus instituciones.

 

Cuánto nos servirían esos 450 millones de dólares si Álvaro Uribe estuviera en la presidencia. Se utilizarían para seguir acabando con los cultivos ilícitos con la aspersión con glifosato. Servirían para seguir bombardeando los campamentos de los subversivos. Servirían para reforzar con más equipos a nuestras Fuerzas Militares y de Policía que tanto habían logrado y que un señor llamado Juanpa acabó con todo.