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Este problema también es nuestro

Ninguna cadena de producción es tan letal o destructiva como la de la cocaína.

Este fue el mensaje del Vicepresidente colombiano, Francisco Santos Calderón, durante la reunión de la Asociación de Jefes de Policía en Belfast (Irlanda del Norte) ayer.

El Sr. Santos informó a su audiencia sobre el desastre ambiental que la producción de droga causa en Colombia, donde la siembra de cultivos ilícitos destruye 200 mil hectáreas de bosque cada año. Pero su propósito no fue simplemente alertarnos sobre este crimen, sino hacernos caer en cuenta de nuestra complicidad. “Si consumes un gramo de cocaína”, dijo el Vicepresidente, “estás destruyendo 4 metros cuadrados de selva prístina.”

El Sr. Santos es acertado al señalar la hipocresía de quienes proclaman su conciencia ambiental y  a la vez consumen un par de “pases” los fines de semana. También está justificado en enfatizar que cualquier persona que consume cocaína está contribuyendo de manera indirecta a la financiación de grupos violentos de narcotraficantes y de guerrillas violadoras de los derechos humanos, como las FARC en Colombia.

Con respecto a esto, hay buenas noticias recientes. Las FARC han estado bajo presión intensa por parte del gobierno colombiano, dirigido por el Presidente Alvaro Uribe. Durante el pasado año, diversos frentes de su liderazgo se han mermado a causa de capturas y enfermedades. Miles de sus combatientes han desertado, y en julio, el ejército colombiano rescató a Ingrid Betancourt, ex candidata presidencial, quien hasta ese momento era la rehén de más alto perfil de las FARC. Hay un sentimiento creciente de que la suerte del grupo se acabó.

Pero nosotros (los ingleses) tenemos que reconocer que los logros en materia de reducción de la producción de drogas tienen un límite. Los países pobres siempre tendrán que luchar para controlar a los narcotraficantes. Si Colombia logra derrotarlos dentro de su territorio, los traficantes encontrarán otros países menos estables, como los de África, para producir estupefacientes. No es coincidencia que Afganistán, país que atraviesa por un gran caos, es hoy en día el productor más grande a nivel mundial de heroína.

Está en las manos de los países ricos del mundo el asumir el liderazgo y frenar la demanda por las drogas, a través de programas de rehabilitacion y otras medidas radicales. El Sr. Santos tiene un buen punto. El tráfico de drogas no es solo responsabilidad de los países productores. Es una responsabilidad de todos nosotros.