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¡Gasten, gasten!

Al presidente Santos sólo le faltó arrodillarse delante de los alcaldes para pedirles que se gastaran todo el presupuesto que tenían disponible en sus últimos meses de mandato… “Y si la Ley de Garantías es un estorbo en ese propósito, pues la derogaremos”, sugirió con todas las letras el primer mandatario.

 

Pero detrás del exótico discurso de Santos hay varios elementos que conviene analizar. Lo primero es que si las cosas en la economía del país fueran tan bien como aseguran siempre, el mensaje desesperado del Presidente nunca se hubiera producido. Desde Planeación Nacional, pasando por el Ministerio de Hacienda, todos reconocían en las reuniones a puerta cerrada que un incremento del gasto público en las regiones aliviaría en parte la incierta situación económica por la que Colombia atraviesa. Nadie, sin embargo, lo decía por fuera de esos recintos, pues resultaba políticamente incorrecto pedirles a los mandatarios locales que actuaran sin criterio de responsabilidad con sus finanzas y derro-charan tanto como les fuera posible en medio de un proceso electoral.

 

No obstante, eso que parecía difícil de ex-presar, lo dijo a grito limpio el presidente el viernes pasado. La preocupación por la fragilidad económica del país es ya inocultable y nos tendremos que tener fino para sobrevivir a la crisis.

 

La interpretación, complementaria al análisis económico, tiene que ver con que Santos quiere congraciarse con unos alcaldes a los que no les pudo cumplir su promesa de campaña de alargarles el periodo. El guiño, sin embargo, se hace a costa de la única protección que tienen los candidatos que no gozan de la simpatía de los alcaldes de turno: la Ley de Garantías.

 

No es responsable, ni éticamente correcto, sugerir que se acabe esa ley dizque porque ya no habrá reelección.

 

Frente a esto habría que decir que el proyecto para eliminarla no ha concluido su trámite (le faltan cuatro vueltas) y en el Congreso, los panes suelen quemarse siempre en la puerta del horno. Pero también tendríamos que recordarle al señor Presidente que hoy los alcaldes se ‘reeligen’ en cuerpo ajeno, que siempre tienen sus favoritos para sucederlos y que si gastan a manos llenas y sin ninguna restricción, pueden inclinar la balanza en favor de esos aspirantes predilectos.

 

Así pues, el ‘gasten, gasten’ del Presidente suena demasiado peligroso.
 

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