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Golpe antiterrorista en Francia

Una demostración de rapidez y determinación acaban de dar las fuerzas de seguridad francesas con el asalto hoy miércoles a un apartamento en la ciudad de Saint Denis, colindante de París. El saldo de la operación que comenzó a las 4 y 20 de la madrugada y terminó a las 11 y 25 de la mañana, es de dos terroristas muertos y ocho personas detenidas. Cinco agentes del Raid, un servicio de intervención de la Policía, fueron levemente heridos. En ese lapso, dos tremendas balaceras, una al comienzo y otra a las 7 y 25 de la mañana, despertaron a los vecinos y sembraron el temor en todo el centro de esa ciudad. Los yihadistas estaban bien armados y utilizaron explosivos y fusiles de asalto para repelar a los policías. Estos, al final, contaron cerca de 5 000 casquillos de bala encontrados en sus puestos de combate.

 

Una mujer que se encontraba dentro del apartamento del tercer piso que iba a ser allanado murió al activar un chaleco de explosivos, poco después de descubrir la presencia policial, según las autoridades. El poderoso estallido destruyó dos habitaciones del apartamento. La onda de choque sacudió el vetusto inmueble. Un pedazo de columna vertebral cayó sobre una camioneta del Raid. Un hombre, aún no identificado, fue abatido por los policías durante el intercambio de tiros. Su cuerpo acribillado de balas, fue encontrado bajo los escombros del apartamento.

 

Asna, la mujer kamikaze, tenía 26 años y era la prima de Abdelhamid Abaaoud, un miembro de Daech y presunto organizador de los sangrientos atentados del viernes 13 de noviembre en París y Saint Denis que dejaron 129 personas muertas y 352 heridos. Minutos antes de la explosión, ella hizo una llamada telefónica para alertar a alguien. Es el primer caso en Francia de una mujer que muere como kamikaze. Según periodistas de dos canales de televisión, los hombres del Raid llegaron a ese apartamento, y a otro no lejos del primero, que encontraron vacío, gracias a que los servicios de escuchas electrónicas habían captado ayer martes una conversación telefónica en la que la futura kamikaze daba cuenta de que su primo, el hombre más buscado de Francia y de Europa tras los actos bárbaros del viernes pasado, iba a refugiarse a su apartamento. Hasta ese momento, las autoridades presumían que ese individuo, un ex delincuente común convertido al islam radical en Bélgica y planificador de otros atentados en Bélgica y Francia, estaba en Siria. También suponían que Salah Abdeslam, el octavo yihadista que escapó con vida de la serie de cobardes asesinatos del 13 de noviembre, estaría en ese apartamento.

 

Al final de la tarde, el Procurador de París, François Molins, confirmó que ni Abdelhamid Abaaoud ni Salah Abdeslam figuran entre los detenidos. Queda la posibilidad de que el hombre abatido en el apartamento sea uno de ellos. Solo dentro de unos días la policía científica hablará al respecto.

 

Otra pregunta que se hacen las autoridades es: ¿el comando capturado preparaba un nuevo atentado en la capital francesa? El Procurador Molins declaró que ese grupo estaba listo para pasar a la acción. Los individuos que hicieron frente a la fuerza pública resultaron ser, en efecto, combatientes aguerridos que sabían manejar y disponían de explosivos y armas de guerra modernas. Ellos habían transformado ese apartamento en una especie de bunker. La puerta del apartamento, por ejemplo, no pudo ser derribada por la primera carga puesta por los comandos del Raid.

 

Los servicios judiciales y de inteligencia a cargo de la investigación de lo ocurrido el viernes pasado, avanzaron gracias al descubrimiento precoz de un teléfono celular abandonado al lado de la sala Bataclan, donde los terroristas mataron a 89 jóvenes. Encontraron también en otro lugar de París la Polo negra que transportó a una parte de los asesinos. Con ese teléfono y con el GPS del vehículo los analistas pudieron descubrir dos escondites alquilados por los terroristas días antes del atentado, uno en Bobigny y otro en Maison Alford, dos comunas de la banlieue parisina.

 

Se sabe que los terroristas, la víspera de la matanza en París y en Saint Denis, organizaron un convoy de la muerte: tres automóviles partieron de Bélgica, cada uno con intervalos de 10 minutos cada uno, como suelen hacer los traficantes de droga. A bordo iban yihadistas armados y fichados por las autoridades de Francia y Bélgica. Sin embargo, ellos hicieron ese recorrido sin ser molestados por nadie.

 

Ante tales fallas de seguridad, el gobierno francés parece dispuesto a confirmar su política de firmeza contra el terrorismo islámico, a recuperar el tiempo perdido y a tomar las medidas que por puro angelismo y prejuicios ideológicos dejó en el aire, a pesar de las promesas de firmeza que había formulado tras los terribles atentados del 7, 8 y 9 de enero de 2015, en la que matones islámicos asesinaron en París a 12 periodistas y empleados de la revista Charlie Hebdo, a una joven policía municipal y a varias personas que hacían compras en un supermercado judío.

 

El presidente Hollande anunció entonces que autorizaría a las policías municipales a portar armas de fuego, como muchos sectores lo venían pidiendo desde enero. Ratificó a su vez lo dicho el lunes ante el Congreso reunido en Versalles: que la acción militar contra Daech (o ISIS) continuará, que él trabaja personalmente en la conformación de una alianza internacional de lucha contra Daech, con Estados Unidos, Rusia y otros países, y que en el plano interno se reforzará la legislación de orden público y se aplicarán medidas represivas inmediatas contra los grupos y los individuos que practiquen, inciten o apoyen la violencia. Agregó que cerrará los centros de culto musulmán (mezquitas) donde se predique el odio y que los respectivos imanes serán expulsados del país. Al mismo tiempo, el portaaviones Charles de Gaulle, rodeado de cinco navíos más de guerra, comenzó un nuevo periplo de dos meses hacia el Mediterráneo oriental para reforzar, con sus 130 aviones de combate que lleva en sus bodegas, las operaciones de castigo contra Daech.