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HABLA EL VICEPRESIDENTE EN FORO CONTRA LAS DROGAS

HABLA EL VICEPRESIDENTE EN FORO CONTRA LAS DROGAS

Miami, 27 ago (CNE).- El siguiente es el discurso pronunciado por el Vicepresidente de la República, Francisco Santos Calderón, en el Foro Interamericano contra las Drogas de Miami.

"Un kilo de base de coca en la selva amazónica cuesta 800 dólares. Convertido en cocaína vale 2.000 en una ciudad colombiana, 25.000 en Miami al por mayor, 150 mil al detal en Manhattan.

Yo respeto, aprecio, admiro el trabajo que ustedes hacen. Y me impresionan positivamente los avances que gracias en buena parte a entidades como las que representan, ha logrado el mundo para investigar, comprender y combatir el narcotráfico. Pero cuando pienso en cifras como las mencionadas, estoy seguro de que todavía tenemos muchas cosas por hacer para liberar a la humanidad de este terrible comercio.

Lo digo, desde luego, como ciudadano de un país que es la principal víctima de todas las calamidades que esparce el narcotráfico. Colombia es productor de marihuana, cocaína y heroína. Y padecemos todas las manifestaciones del problema: cultivo, procesamiento, tráfico, distribución, lavado de activos y consumo de drogas.

Los colombianos percibimos positivamente que hoy ni los gobiernos, ni los académicos, ni nadie dudan de que la globalización de la economía produjo, entre otros fenómenos, la globalización del crimen. Y que a la hora de perseguir la embestida de las mafias del narcotráfico, con la efectividad que exige el tamaño de la amenaza, no hay ninguna herramienta más eficaz que la cooperación entre los gobiernos, a través de acciones integradas, conjuntas, innovadoras y audaces.

Esa es, desde mi punto de vista, la gran lección que deja el importante recorrido de la iniciativa que hoy nos reúne. Pero es a la vez el mayor desafío que tenemos entre manos para cumplir, en el año 2008, las metas establecidas por la Asamblea General de las Naciones Unidas y, en general, para alcanzar resultados reales y considerables en la lucha contra las drogas.

El mundo necesita y exige, con toda razón, avances importantes, nuevos enfoques y estrategias más audaces en esa materia.

Se podría decir que en la lucha global contra las drogas, en el mundo de hoy tenemos un marco institucional aceptable, algunas fuerzas operativas multinacionales exitosas y buenos mecanismos de intercambio de información.

Son avances trascendentales, no cabe duda, pero también abundan indicios que señalan, a ciencia cierta, que con determinación y voluntad política para derribar barreras, podríamos lograr avances mucho más importantes en muy poco tiempo.

Ningún país del planeta ha aportado como Colombia tantos sacrificios en la lucha contra el narcotráfico, ni ha padecido tan dramáticamente los efectos políticos, económicos, ambientales, sociales y de violencia, generados por las drogas ilícitas.

La posición del Presidente Alvaro Uribe interpreta la voluntad de la mayoría de los colombianos al respecto: tolerancia cero con el narcotráfico, fuente principal de nuestros mayores problemas.

Estamos dispuestos a realizar todos los esfuerzos que sean necesarios para conseguirlo. Vamos a continuar y a fortalecer el trabajo que venimos realizando con el apoyo de la comunidad internacional para erradicar el narcotráfico de Colombia.

Queremos perfeccionar e intensificar la actividad en todos los temas y tareas que abarca esta lucha: cultivo, procesamiento, tráfico, distribución, lavado de activos y consumo de drogas.

He leído y tomado nota de los documentos del trabajo previo de este foro, en particular las estrategias que ustedes recomiendan para el fortalecimiento de la interdicción de la oferta y la distribución de drogas. Pero quisiera reiterar la urgente necesidad de fortalecer la lucha contra todas las fuentes y eslabones que constituyen el problema mundial de las drogas.

Mucho antes de que a través de los terribles sucesos del 11 de septiembre de 2001, el mundo comprendiera los nexos existentes entre narcotráfico y terrorismo, los colombianos conocimos y padecimos las consecuencias de esa terrible alianza, que explica la acritud y singularidad de nuestro conflicto interno. Como ustedes saben las Farc, el ELN y las autodefensas tienen en el narcotráfico una de sus principales fuentes de financiación. Durante los últimos años Colombia registra un promedio de más de 30 mil homicidios y 3.000 secuestros por año, muchos de ellos relacionados con el narcotráfico.

Tampoco son menores los crímenes que cometen contra el medio ambiente. Aunque habilidosamente las organizaciones criminales del narcotráfico han querido ubicar el debate acerca del impacto ambiental del narcotráfico en la erradicación de cultivos por aspersión aérea, el indiscutible daño que ocasiona esta respuesta de la sociedad al delito es mínimo, comparado con el que causan las actividades relacionadas con producción y tráfico que ellos impulsan.

Los narcotraficantes han concentrado su actividad en ecosiostemas sensibles de importancia ambiental: bosques andinos y alto andinos para la amapola. Llanuras y selvas de la Orinoquía y la Amazonía para cultivar coca. Son parte de la zona más importante que tiene el mundo para regular CO2 y para mantener el balance de las emisiones del planeta. Además son los mayores bancos de germoplasma con que cuenta la humanidad.

Los estudios más recientes señalan que los campesinos que trabajan para el narcotráfico, por cada hectárea de coca destruyen 4 de selva. Y por cada hectárea de amapola 2.5 de bosque andino. En ese proceso queman 380 kilogramos de biomasa por hectárea. Entre 1987 y 1998 destruyeron 425.000 hectáreas, alrededor 152 millones de toneladas de biomasa.

En esa depredación se pierden irremediablemente flora, recursos naturales y se produce desplazamiento de fauna y alteración de las cadenas alimenticias, erosión, pérdida o deterioro de fuentes hídricas, entre otros problemas.

Por eso resulta de vital importancia que crezca todos los días entre los individuos y entre los gobiernos, conciencia de la verdadera naturaleza de las organizaciones que estamos combatiendo.

En este tema cobra enorme vigencia la ruta señalada por el Presidente de Estados Unidos George Bush tras los sucesos del 11 de septiembre del año 2001: Dirigiremos todos los recursos a nuestra disposición –todos los medios de la diplomacia, toda herramienta de inteligencia, todo instrumento para la aplicación de la ley, toda influencia financiera y toda arma de guerra necesaria– a la destrucción y la derrota de la red global del terror.

Para avanzar hacia los resultados concretos que todos anhelamos, les propongo que como punto de partida de los resultados de este evento, demos un gran salto adelante en la persecución de los activos de las organizaciones del narcotráfico, en todo el mundo.

Los resultados de los estudios más recientes parecen confirmar la tendencia de que las ventas anuales derivadas del tráfico de marihuana, cocaína, heroína y el grupo de las drogas de origen químico, se ubican entre 300 mil y 400 mil millones de dólares, cifra equivalente a entre 8 y 10% del comercio mundial. Las Naciones Unidas estimaron la rotación anual proveniente de la industria de drogas ilícitas para el consumidor, en 400 mil millones de dólares, 7.6% del comercio mundial. De esta cifra no menos de 50% ingresa al mercado lícito mediante el lavado de dinero.

Ninguno de los esfuerzos que ustedes señalan con tanta razón para concretar los numerosos y variados mecanismos de cooperación suscritos a nivel internacional, en materia de lucha contra el narcotráfico, dará resultados concretos y factibles, si los gobiernos involucrados en las grandes decisiones acerca de estos temas, permiten la subsistencia de esa especie de agujero negro que constituyen los paraísos fiscales, unidos a la reluctancia de algunos bancos a dar información acerca de cuentas de narcotraficantes, en ocasiones con el apoyo de sus gobiernos.

Esta es, ustedes lo saben, una de las principales fuentes de impunidad en el mundo contemporáneo. Tenemos que trabajar en serio para desmontarla. Para poner fin a todos los trucos y maromas que realizan los narcotraficantes, a través de transferencias interbancarias, casas de cambio, compañías de seguros, toda suerte de derivativos financieros, compañías de financiamiento comercial, organizaciones sin ánimo de lucro y toda la amplia gama de ingeniosas posibilidades que algunas de las personas aquí presentes han ayudado a develar.

Es un inaplazable caso de justicia pues las ganancias espurias de quienes amparan y esconden los dineros del narcotráfico, se logran con cargo a la vida de millones de personas de todas las edades en todo el mundo. Hay que poner fin de una vez por todas al fariseismo y a la doble moral en este tema.

Al respecto resulta pertinente otra cita del histórico discurso del presidente Bush: Le quitaremos el financiamiento a los terroristas, los volveremos el uno contra el otro, los haremos moverse de un lugar a otro hasta que no tengan refugio o descanso. Y perseguiremos a las naciones que proporcionen ayuda o refugio al terrorismo. Todas las naciones en todas las regiones deben tomar ahora una decisión: o están con nosotros o están con los terroristas.

También está claramente establecido en el caso colombiano, que un recurso constante que utilizan los narcotraficantes en el lavado de activos, es el contrabando, mediante la distribución de grandes cantidades del dinero que recolectan diariamente en sus mercados, hacia cuentas de intermediarios, que a su vez se apoyan en contrabandistas que compran las divisas a un valor significativamente inferior a la tasa oficial y adquieren la mercancía que venden luego en moneda local en las ciudades colombianas, con muy grave perjuicio para la economía local.

Al hablar de este tema, quisiera llamar la atención acerca de la enorme responsabilidad que tienen algunos gobiernos y presidentes de compañías multinacionales en este singular y condenable negocio. Hablo de los gobiernos que sirven de puerto y plataforma para recibir y reenviar las mercancías objeto de este ilícito. Y de compañías multinacionales que producen electrodomésticos, licores, cigarrillos, entre otros productos, algunas con operaciones legales en el país, debidamente amparadas y protegidas por nuestras leyes en cuanto a propiedad intelectual y demás garantías para su actividad, y pese a ello realizan ventas a organizaciones del narcotráfico con destino al contrabando.

Es urgente que los gobiernos que están en capacidad de hacerlo, ejerzan políticas persuasivas sobre reconocidos paraísos fiscales, para inducirlos a implantar mayor control y responsabilidad sobre sus operaciones de comercio exterior.

Igual actitud se podría asumir con las empresas multinacionales, para que vigilen sus canales de distribución y se solidaricen con los gobiernos que debemos realizar la lucha contra el narcotráfico.

Todos resultaríamos beneficiados de esta colaboración. No sólo Colombia, sino los demás Estados, pues es claro que en la medida en que se mejore el control aduanero, se contrarrestarán prácticas que nos perjudican a todos, como el lavado de activos, la violación a la propiedad intelectual, el terrorismo y el narcotráfico.

En cumplimiento de lo acordado en la Sesión Extraordinaria de las Naciones Unidas en 1998 y de varios tratados vigentes, es hora de acometer una diplomacia anticontrabando para poner fin a estas anomalías. Nuestro país ha realizado importantes avances en esta materia, que certifican el éxito de esta iniciativa. Ahora hay que extenderla y fortalecerla. Diplomacia anticontrabando y presión de la comunidad internacional hacia los países permisivos. Y emprender acciones legales en sus países de origen, contra las empresas que alimentan este negocio y hacen ganancias de dudosa legalidad con el mismo.

En términos concretos el núcleo del problema de Colombia en cuanto al narcotráfico, se relaciona con la oferta potencial de cocaína, que desde hace diez años oscila alrededor de 850 toneladas métricas. Los narcotraficantes colombianos se dedican a abastecer la porción mayor de ese mercado.

Del hecho que cada hectárea sembrada de coca aporta unos 4 kilos de cocaína al año se deriva la extensión que han alcanzado los cultivos en los últimos años. Pero también se puede dimensionar el tamaño de la demanda de insumos, precursores y químicos esenciales que se requieren en la fabricación de drogas y que desde luego no se producen en nuestra región. Me refiero al suministro de materias primas para el procesamiento de drogas ilícitas, procedentes de las economías más avanzadas y de compañías que en los países en desarrollo gozan de la más amplia protección legal.

Desde hace muchos años en eventos como este, se clama por una cooperación hemisférica efectiva, para controlar la venta a las mafias del narcotráfico, de sustancias químicas esenciales y precursores para la elaboración de drogas ilícitas y para el perfeccionamiento de los organismos nacionales de control de esta actividad. Las estadísticas recientemente divulgadas por las Naciones Unidas señalan que los resultados de esta labor, todavía dejan mucho que desear.

Colombia ha insistido reiteradamente en el fortalecimiento de la cooperación internacional con el propósito de enfrentar el problema mundial de las drogas.

Nuestra política antidrogas nacional se fundamenta en los principios de integralidad, corresponsabilidad, multilateralidad y equilibrio. Pero como ustedes, estamos seguros de que la solución del problema mundial de las drogas, es de carácter integral, con acciones en todos y cada uno de los eslabones de la cadena.

En consideración a que el problema de las drogas es de carácter transnacional, todas las naciones involucradas deben emprender acciones efectivas tendientes a reducir el consumo interno, la producción, el tráfico y los problemas conexos.

Dentro de un marco de cooperación, multilateralidad, reciprocidad, equilibrio y respeto por la soberanía de las Naciones, el Estado colombiano aboga por un ajuste, concertación y ejecución de una política internacional en la que los Estados intervengan o enfrenten las diferentes manifestaciones de la problemática de las drogas y las actividades que le sirven de soporte, en particular aquellas que, como las que he puesto de ejemplo, tienen alto impacto en el proceso pese a lo cual perseveran y avanzan a la vista de todos.

Este Foro, coauspiciado por el Comando Sur de los Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos, acumula logros muy sobresalientes en temas como mejorar la coordinación y cooperación multilateral en la región, sincronizar las operaciones contra drogas en el hemisferio, identificar las tendencias del tráfico de drogas ilícitas y proveer un sistema seguro de intercambio de información acerca del narcotráfico Sin ninguna duda, estos avances se consolidarán con las conclusiones y recomendaciones y en general con el resultado de este evento.

Entre ustedes hay varios de los más importantes y reconocidos expertos en la investigación del tráfico de drogas y en la formulación de recomendaciones y políticas para combatir este negocio ilícito.

Muchos han combatido con valor y decisión, directamente al narcotráfico, por lo cual conocen mejor que nadie la creatividad y el ingenio de quienes orientan estas organizaciones, la alevosía y audacia con que infringen la ley y la crueldad de tantas de sus acciones.

Pero sobre todo, en este salón hay personas que han ganado y seguirán ganando muchas batallas contra el narcotráfico, por lo cual son las más indicadas para certificar que aunque hayan extendido sus tentáculos y ocasionen tantos daños a la humanidad, las organizaciones criminales del narcotráfico son vulnerables y se pueden reducir y derrotar si los gobiernos del mundo tienen voluntad política para hacerlo.

Al reiterarles que el gobierno de Colombia, que tengo el honor de representar en esta importante reunión, está dispuesto a realizar los esfuerzos que sean necesarios para cerrarle todos los espacios al narcotráfico en nuestro país, los estamos invitando a construir desde sus ámbitos y países, nuevas soluciones que potencien dramáticamente lo que hasta ahora hemos conseguido".

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HABLA EL VICEPRESIDENTE EN FORO CONTRA LAS DROGAS

 

 Miami, 27 ago (CNE).- El siguiente es el discurso pronunciado por el Vicepresidente de la República, Francisco Santos Calderón, en el Foro Interamericano contra las Drogas de Miami.

"Un kilo de base de coca en la selva amazónica cuesta 800 dólares. Convertido en cocaína vale 2.000 en una ciudad colombiana, 25.000 en Miami al por mayor, 150 mil al detal en Manhattan.

Yo respeto, aprecio, admiro el trabajo que ustedes hacen. Y me impresionan positivamente los avances que gracias en buena parte a entidades como las que representan, ha logrado el mundo para investigar, comprender y combatir el narcotráfico. Pero cuando pienso en cifras como las mencionadas, estoy seguro de que todavía tenemos muchas cosas por hacer para liberar a la humanidad de este terrible comercio.

Lo digo, desde luego, como ciudadano de un país que es la principal víctima de todas las calamidades que esparce el narcotráfico. Colombia es productor de marihuana, cocaína y heroína. Y padecemos todas las manifestaciones del problema: cultivo, procesamiento, tráfico, distribución, lavado de activos y consumo de drogas.

Los colombianos percibimos positivamente que hoy ni los gobiernos, ni los académicos, ni nadie dudan de que la globalización de la economía produjo, entre otros fenómenos, la globalización del crimen. Y que a la hora de perseguir la embestida de las mafias del narcotráfico, con la efectividad que exige el tamaño de la amenaza, no hay ninguna herramienta más eficaz que la cooperación entre los gobiernos, a través de acciones integradas, conjuntas, innovadoras y audaces.

Esa es, desde mi punto de vista, la gran lección que deja el importante recorrido de la iniciativa que hoy nos reúne. Pero es a la vez el mayor desafío que tenemos entre manos para cumplir, en el año 2008, las metas establecidas por la Asamblea General de las Naciones Unidas y, en general, para alcanzar resultados reales y considerables en la lucha contra las drogas.

El mundo necesita y exige, con toda razón, avances importantes, nuevos enfoques y estrategias más audaces en esa materia.

Se podría decir que en la lucha global contra las drogas, en el mundo de hoy tenemos un marco institucional aceptable, algunas fuerzas operativas multinacionales exitosas y buenos mecanismos de intercambio de información.

Son avances trascendentales, no cabe duda, pero también abundan indicios que señalan, a ciencia cierta, que con determinación y voluntad política para derribar barreras, podríamos lograr avances mucho más importantes en muy poco tiempo.

Ningún país del planeta ha aportado como Colombia tantos sacrificios en la lucha contra el narcotráfico, ni ha padecido tan dramáticamente los efectos políticos, económicos, ambientales, sociales y de violencia, generados por las drogas ilícitas.

La posición del Presidente Alvaro Uribe interpreta la voluntad de la mayoría de los colombianos al respecto: tolerancia cero con el narcotráfico, fuente principal de nuestros mayores problemas.

Estamos dispuestos a realizar todos los esfuerzos que sean necesarios para conseguirlo. Vamos a continuar y a fortalecer el trabajo que venimos realizando con el apoyo de la comunidad internacional para erradicar el narcotráfico de Colombia.

Queremos perfeccionar e intensificar la actividad en todos los temas y tareas que abarca esta lucha: cultivo, procesamiento, tráfico, distribución, lavado de activos y consumo de drogas.

He leído y tomado nota de los documentos del trabajo previo de este foro, en particular las estrategias que ustedes recomiendan para el fortalecimiento de la interdicción de la oferta y la distribución de drogas. Pero quisiera reiterar la urgente necesidad de fortalecer la lucha contra todas las fuentes y eslabones que constituyen el problema mundial de las drogas.

Mucho antes de que a través de los terribles sucesos del 11 de septiembre de 2001, el mundo comprendiera los nexos existentes entre narcotráfico y terrorismo, los colombianos conocimos y padecimos las consecuencias de esa terrible alianza, que explica la acritud y singularidad de nuestro conflicto interno. Como ustedes saben las Farc, el ELN y las autodefensas tienen en el narcotráfico una de sus principales fuentes de financiación. Durante los últimos años Colombia registra un promedio de más de 30 mil homicidios y 3.000 secuestros por año, muchos de ellos relacionados con el narcotráfico.

Tampoco son menores los crímenes que cometen contra el medio ambiente. Aunque habilidosamente las organizaciones criminales del narcotráfico han querido ubicar el debate acerca del impacto ambiental del narcotráfico en la erradicación de cultivos por aspersión aérea, el indiscutible daño que ocasiona esta respuesta de la sociedad al delito es mínimo, comparado con el que causan las actividades relacionadas con producción y tráfico que ellos impulsan.

Los narcotraficantes han concentrado su actividad en ecosiostemas sensibles de importancia ambiental: bosques andinos y alto andinos para la amapola. Llanuras y selvas de la Orinoquía y la Amazonía para cultivar coca. Son parte de la zona más importante que tiene el mundo para regular CO2 y para mantener el balance de las emisiones del planeta. Además son los mayores bancos de germoplasma con que cuenta la humanidad.

Los estudios más recientes señalan que los campesinos que trabajan para el narcotráfico, por cada hectárea de coca destruyen 4 de selva. Y por cada hectárea de amapola 2.5 de bosque andino. En ese proceso queman 380 kilogramos de biomasa por hectárea. Entre 1987 y 1998 destruyeron 425.000 hectáreas, alrededor 152 millones de toneladas de biomasa.

En esa depredación se pierden irremediablemente flora, recursos naturales y se produce desplazamiento de fauna y alteración de las cadenas alimenticias, erosión, pérdida o deterioro de fuentes hídricas, entre otros problemas.

Por eso resulta de vital importancia que crezca todos los días entre los individuos y entre los gobiernos, conciencia de la verdadera naturaleza de las organizaciones que estamos combatiendo.

En este tema cobra enorme vigencia la ruta señalada por el Presidente de Estados Unidos George Bush tras los sucesos del 11 de septiembre del año 2001: Dirigiremos todos los recursos a nuestra disposición –todos los medios de la diplomacia, toda herramienta de inteligencia, todo instrumento para la aplicación de la ley, toda influencia financiera y toda arma de guerra necesaria– a la destrucción y la derrota de la red global del terror.

Para avanzar hacia los resultados concretos que todos anhelamos, les propongo que como punto de partida de los resultados de este evento, demos un gran salto adelante en la persecución de los activos de las organizaciones del narcotráfico, en todo el mundo.

Los resultados de los estudios más recientes parecen confirmar la tendencia de que las ventas anuales derivadas del tráfico de marihuana, cocaína, heroína y el grupo de las drogas de origen químico, se ubican entre 300 mil y 400 mil millones de dólares, cifra equivalente a entre 8 y 10% del comercio mundial. Las Naciones Unidas estimaron la rotación anual proveniente de la industria de drogas ilícitas para el consumidor, en 400 mil millones de dólares, 7.6% del comercio mundial. De esta cifra no menos de 50% ingresa al mercado lícito mediante el lavado de dinero.

Ninguno de los esfuerzos que ustedes señalan con tanta razón para concretar los numerosos y variados mecanismos de cooperación suscritos a nivel internacional, en materia de lucha contra el narcotráfico, dará resultados concretos y factibles, si los gobiernos involucrados en las grandes decisiones acerca de estos temas, permiten la subsistencia de esa especie de agujero negro que constituyen los paraísos fiscales, unidos a la reluctancia de algunos bancos a dar información acerca de cuentas de narcotraficantes, en ocasiones con el apoyo de sus gobiernos.

Esta es, ustedes lo saben, una de las principales fuentes de impunidad en el mundo contemporáneo. Tenemos que trabajar en serio para desmontarla. Para poner fin a todos los trucos y maromas que realizan los narcotraficantes, a través de transferencias interbancarias, casas de cambio, compañías de seguros, toda suerte de derivativos financieros, compañías de financiamiento comercial, organizaciones sin ánimo de lucro y toda la amplia gama de ingeniosas posibilidades que algunas de las personas aquí presentes han ayudado a develar.

Es un inaplazable caso de justicia pues las ganancias espurias de quienes amparan y esconden los dineros del narcotráfico, se logran con cargo a la vida de millones de personas de todas las edades en todo el mundo. Hay que poner fin de una vez por todas al fariseismo y a la doble moral en este tema.

Al respecto resulta pertinente otra cita del histórico discurso del presidente Bush: Le quitaremos el financiamiento a los terroristas, los volveremos el uno contra el otro, los haremos moverse de un lugar a otro hasta que no tengan refugio o descanso. Y perseguiremos a las naciones que proporcionen ayuda o refugio al terrorismo. Todas las naciones en todas las regiones deben tomar ahora una decisión: o están con nosotros o están con los terroristas.

También está claramente establecido en el caso colombiano, que un recurso constante que utilizan los narcotraficantes en el lavado de activos, es el contrabando, mediante la distribución de grandes cantidades del dinero que recolectan diariamente en sus mercados, hacia cuentas de intermediarios, que a su vez se apoyan en contrabandistas que compran las divisas a un valor significativamente inferior a la tasa oficial y adquieren la mercancía que venden luego en moneda local en las ciudades colombianas, con muy grave perjuicio para la economía local.

Al hablar de este tema, quisiera llamar la atención acerca de la enorme responsabilidad que tienen algunos gobiernos y presidentes de compañías multinacionales en este singular y condenable negocio. Hablo de los gobiernos que sirven de puerto y plataforma para recibir y reenviar las mercancías objeto de este ilícito. Y de compañías multinacionales que producen electrodomésticos, licores, cigarrillos, entre otros productos, algunas con operaciones legales en el país, debidamente amparadas y protegidas por nuestras leyes en cuanto a propiedad intelectual y demás garantías para su actividad, y pese a ello realizan ventas a organizaciones del narcotráfico con destino al contrabando.

Es urgente que los gobiernos que están en capacidad de hacerlo, ejerzan políticas persuasivas sobre reconocidos paraísos fiscales, para inducirlos a implantar mayor control y responsabilidad sobre sus operaciones de comercio exterior.

Igual actitud se podría asumir con las empresas multinacionales, para que vigilen sus canales de distribución y se solidaricen con los gobiernos que debemos realizar la lucha contra el narcotráfico.

Todos resultaríamos beneficiados de esta colaboración. No sólo Colombia, sino los demás Estados, pues es claro que en la medida en que se mejore el control aduanero, se contrarrestarán prácticas que nos perjudican a todos, como el lavado de activos, la violación a la propiedad intelectual, el terrorismo y el narcotráfico.

En cumplimiento de lo acordado en la Sesión Extraordinaria de las Naciones Unidas en 1998 y de varios tratados vigentes, es hora de acometer una diplomacia anticontrabando para poner fin a estas anomalías. Nuestro país ha realizado importantes avances en esta materia, que certifican el éxito de esta iniciativa. Ahora hay que extenderla y fortalecerla. Diplomacia anticontrabando y presión de la comunidad internacional hacia los países permisivos. Y emprender acciones legales en sus países de origen, contra las empresas que alimentan este negocio y hacen ganancias de dudosa legalidad con el mismo.

En términos concretos el núcleo del problema de Colombia en cuanto al narcotráfico, se relaciona con la oferta potencial de cocaína, que desde hace diez años oscila alrededor de 850 toneladas métricas. Los narcotraficantes colombianos se dedican a abastecer la porción mayor de ese mercado.

Del hecho que cada hectárea sembrada de coca aporta unos 4 kilos de cocaína al año se deriva la extensión que han alcanzado los cultivos en los últimos años. Pero también se puede dimensionar el tamaño de la demanda de insumos, precursores y químicos esenciales que se requieren en la fabricación de drogas y que desde luego no se producen en nuestra región. Me refiero al suministro de materias primas para el procesamiento de drogas ilícitas, procedentes de las economías más avanzadas y de compañías que en los países en desarrollo gozan de la más amplia protección legal.

Desde hace muchos años en eventos como este, se clama por una cooperación hemisférica efectiva, para controlar la venta a las mafias del narcotráfico, de sustancias químicas esenciales y precursores para la elaboración de drogas ilícitas y para el perfeccionamiento de los organismos nacionales de control de esta actividad. Las estadísticas recientemente divulgadas por las Naciones Unidas señalan que los resultados de esta labor, todavía dejan mucho que desear.

Colombia ha insistido reiteradamente en el fortalecimiento de la cooperación internacional con el propósito de enfrentar el problema mundial de las drogas.

Nuestra política antidrogas nacional se fundamenta en los principios de integralidad, corresponsabilidad, multilateralidad y equilibrio. Pero como ustedes, estamos seguros de que la solución del problema mundial de las drogas, es de carácter integral, con acciones en todos y cada uno de los eslabones de la cadena.

En consideración a que el problema de las drogas es de carácter transnacional, todas las naciones involucradas deben emprender acciones efectivas tendientes a reducir el consumo interno, la producción, el tráfico y los problemas conexos.

Dentro de un marco de cooperación, multilateralidad, reciprocidad, equilibrio y respeto por la soberanía de las Naciones, el Estado colombiano aboga por un ajuste, concertación y ejecución de una política internacional en la que los Estados intervengan o enfrenten las diferentes manifestaciones de la problemática de las drogas y las actividades que le sirven de soporte, en particular aquellas que, como las que he puesto de ejemplo, tienen alto impacto en el proceso pese a lo cual perseveran y avanzan a la vista de todos.

Este Foro, coauspiciado por el Comando Sur de los Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos, acumula logros muy sobresalientes en temas como mejorar la coordinación y cooperación multilateral en la región, sincronizar las operaciones contra drogas en el hemisferio, identificar las tendencias del tráfico de drogas ilícitas y proveer un sistema seguro de intercambio de información acerca del narcotráfico Sin ninguna duda, estos avances se consolidarán con las conclusiones y recomendaciones y en general con el resultado de este evento.

Entre ustedes hay varios de los más importantes y reconocidos expertos en la investigación del tráfico de drogas y en la formulación de recomendaciones y políticas para combatir este negocio ilícito.

Muchos han combatido con valor y decisión, directamente al narcotráfico, por lo cual conocen mejor que nadie la creatividad y el ingenio de quienes orientan estas organizaciones, la alevosía y audacia con que infringen la ley y la crueldad de tantas de sus acciones.

Pero sobre todo, en este salón hay personas que han ganado y seguirán ganando muchas batallas contra el narcotráfico, por lo cual son las más indicadas para certificar que aunque hayan extendido sus tentáculos y ocasionen tantos daños a la humanidad, las organizaciones criminales del narcotráfico son vulnerables y se pueden reducir y derrotar si los gobiernos del mundo tienen voluntad política para hacerlo.

Al reiterarles que el gobierno de Colombia, que tengo el honor de representar en esta importante reunión, está dispuesto a realizar los esfuerzos que sean necesarios para cerrarle todos los espacios al narcotráfico en nuestro país, los estamos invitando a construir desde sus ámbitos y países, nuevas soluciones que potencien dramáticamente lo que hasta ahora hemos conseguido".