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La cosa se pone interesante

¿Será que entenderemos algún día este enredo? Los vericuetos que hemos visto surgir de algo tan simple como un SÍ o un NO en las urnas que esperábamos que se resolvería contando, algo tan conocido por todos desde pequeños cuando aprendimos a hacerlo con nuestros dedos: después del uno va el dos y luego el tres y luego… hasta el infinito. ¿El infinito? Sí, el gran descubrimiento: entender con  nuestras mentes infantiles que podíamos seguir contando y contando toda la vida y no hacer más que contar un número después del otro y seguir contando luego de la muerte… por siempre…

 

Pero no se resolvió. Aquellos que ven soluciones únicamente cuando estas corresponden con sus propósitos, saben encontrar fisuras para colarse, como ratas, cuando se les cierra el camino. Y eso hicieron, se vinieron con su show al Teatro Colón, el mismo lugar en donde Fidel, el tirano muerto ya, inició el zaperoco gritando arengas como el tenor en escena de la trágica opereta que hemos venido padeciendo desde hace sesenta años.

 

Que nos enfrentemos hoy a una situación tan extraña era de esperarse. No se pueden torcer las cosas así porque sí, aunque para ellos es pan de cada día. Desde que descubrieron que les resultaba más rentable trabajar asociados a un gobierno traidor y corrupto que eso de estar asesinando, secuestrando, extorsionando y destruyendo todo a su paso, han visto como es de fácil hacer un enredo con un hilo, lo que no saben es desatarlo. ¿Quién lo va a desatar? Nadie, conocemos como Alejandro resolvió el asunto.

 

Y luego de torcer y retorcer las cosas les vino un afán inusitado. Por eso armaron el show, la burda función. Decidieron que ganar por pocos votos significaba no ganar y que había que devolver el hilo del asunto y armaron el enredo. Convocaron a los “representantes” del NO, cuando los millones de colombianos que votamos lo hicimos por cuenta propia y nos habrían tenido que convocar a todos y la única forma de hacerlo era a través de las urnas, Luego recogieron las “inquietudes” planteadas y se fueron a La Habana, los muy traidores, apenas a retocar el acuerdo para presentarlo con mucha venia como el mejor de los mejores, el acuerdo mejorado. Y nos ha tocado presenciar el resto de la desabrida función.

 

Dicen por ahí que a Fidel lo tuvieron en formol unos días hasta que se resolviera el asunto ese del tal acuerdo que significaba que se cumpliera el sueño del tirano, ver a Colombia a sus pies. Y aseguran también que no le iban a dañar el show en el Colón al ‘amigo’ Santos que tan afanado estaba, como afanados se les veía a los cabecillas del grupo terrorista, de firmar el ‘nuevo’ acuerdo. Pero eso de conservar muertos tampoco es cosa nueva, lo hicieron con el comandante Chávez al viejo estilo de sus mentores soviéticos. Ellos deciden cuando se vive y cuando se muere hasta después de muertos. De eso se trata, de ser dictador por siempre hasta el infinito, como contando números.

 

Ya el asunto está bien enredado y se les está saliendo de las manos a esos truhanes. Porque mientras mantenían un límite en el que sus triquiñuelas y trampas podían ejecutarse apenas torciendo la estructura del sistema democrático sin llegar a semejante enredo, podían hacer sus sucias jugadas como ganar elecciones con métodos poco ortodoxos y romper la división de poderes a punta de presiones y mermelada, entre muchas otras.

 

Pero querer implementar a la fuerza un acuerdo que fue rechazado en las urnas por una mayoría de los colombianos, creyendo que pueden hacer lo que les venga en gana, es una cuestión muy diferente. Y para colmo de sus males han subestimado la capacidad de lucha del único partido de oposición, el Centro Democrático con el que si nos sentimos representados. Quienes puedan cortar ese nudo gordiano y devolvernos la democracia plena son nuestros verdaderos representantes en esta batalla que ha pasado a otro campo.

 

Quisieron salirse con la suya a punta de enredos y están quedando atrapados en él. Se le llegó la hora a la oposición de actuar con toda su fuerza muy reservada para la ocasión.