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La difícil defensa de Santos

No hay partido de oposición en el mundo que no haya hecho lo que los uribistas hicieron: protestas simbólicas, andanada en medios y, en tiempos de twitter, estrategias concertadas para inundar las redes de gritos virtuales pidiendo la renuncia del Presidente de turno. Lo vemos en España por estos días y ya lo registraremos en Brasil a propósito de las investigaciones contra Lula da Silva y el partido político que él y Dilma representan, El problema no está ahí. Siempre es más fácil criticar que defenderse; decir ‘no’ a secas que argumentar un complicado pero necesario ‘sí’.

 

El reto real es para el gobierno: ¿Cómo asumir una defensa sin rebajarse al nivel de los opositores? ¿Cómo no crecer escándalos que no merecen tanta significación? ¿Cómo mantener la distancia entre el estadista y el activista? Y, ¿cómo rodearse de buenos escuderos que al estilo de Serpa con Samper o de Fernando Londoño con Uribe en su primer gobierno, se conviertan en pararrayos de todas las críticas para evitar que el poder presidencial se ‘enteque’?

 

La verdad es que situaciones como las que se presentaron en los últimos días y que avivaron la pugnacidad en Colombia entre el gobierno y los uribistas dejan varias lecciones y abren varios interrogantes. La primera conclusión es que el presidente no tiene quién lo defienda y que no hay santistas como, en cambio, sí existen uribistas. Habrá quienes por no soportarse al expresidente o porque creen en el proceso de paz están del lado de Santos, pero los que se declaran santistas porque admiran al Presidente y creen en su liderazgo son realmente contados. Eso, de entrada, supone una desventaja para el Presidente. Lo segundo es que los políticos en el Congreso que deberían salir rabiosamente a defender a su líder tampoco cuentan con convicciones firmes frente a lo que hace el gobierno. Se trata de una unidad nacional verdaderamente fragmentada. Lo tercero, es que el ministro del interior –a quien corresponde por naturaleza la defensa política– se queda corto y por eso el primer mandatario tiene que echar mano de otros ministros como la de educación o el de las tics que, la verdad, no deberían andar en esas porque no hay nada más ajeno a sus carteras que la mecánica política.

 

Santos necesita defensores que crean en él. El verdadero desafío consiste en encontrar si todavía queda alguien que le crea.