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La Flip está metida en un lodazal

¿Qué se puede pensar de un periodista que termina como perseguidor de periodistas? ¿Y que utiliza su título de dirigente de una fundación “de protección  de periodistas” para hostigar a periodistas que han tenido que huir del país ante la persecución gubernamental?

 

Ese es el triste caso de Ignacio Gómez, presidente o ex presidente de la Fundación para la Libertad de la Prensa (Flip). En estos días, Gómez se cubrió de cenizas, él solo. Ignacio Gómez despotrica como un alucinado, desde su cuenta Twitter, contra Ricardo Puentes Melo, un periodista que él define como “de derecha”. Lo insulta y hasta lo amenaza. No se sabe bien por qué. Este 26 de marzo, Ignacio Gómez lanzó, además,  dos increíbles fotomontajes en los que muestra a Ricardo Puentes como un terrorista, como un yihadista del Estado Islámico. Nada menos.  ¿El jefe carismático de la Flip ha perdido la razón? ¿Busca que algún desequilibrado trate de matar a Ricardo Puentes en su lugar de exilio? Todo es posible. Ignacio Gómez obra, en todo caso, con tal odio contra Ricardo Puentes que se expone a una acusación penal por incitación al crimen.

 

Hace rato que Ignacio Gómez detesta a los periodistas que no piensan como él. El instauró un principio de segregación, no escrito, que rige desgraciadamente en la Flip hasta hoy: defender a los periodistas de izquierda y darle la espalda a lo que le ocurra a los periodistas “de derecha”. Cuando las Farc hirieron gravemente en un terrible atentado en Bogotá, el 15 de mayo de 2012, al periodista Fernando Londoño Hoyos, director del noticiero radial  La Hora de la Verdad, la Flip no movió un dedo para exigir la captura de los terroristas.  Ni para exigir el respeto a la libertad de expresión y de crítica de los periodistas de oposición. Sin embargo, ese atentado fue un mensaje enviado por las Farc a los periodistas todos: no pueden criticar el llamado “proceso de paz”, como hacía y hace Fernando Londoño, es decir los pactos secretos que discuten en La Habana el presidente Santos y los jefes narco terroristas.

 

Ahora Ignacio Gómez pretende que el periodista Ricardo Puentes, director del portal web Periodismo sin Fronteras,  uno de los mejores espacios de periodismo y de libertad de expresión que tiene Colombia, y un crítico severo del “proceso de paz”, es un “delincuente”, un “calumniador”, un “terrorista”, un “creador de guerra jurídica”. Gómez, finalmente, dice que lo “lavará”.

 

El extraño lenguaje del jefazo de la Flip es el de un renegado, el de un miserable. Su vocabulario es digno del Chapo Guzmán. Gómez usa con maestría la acusación sin prueba y la calumnia.  Con tales excesos él insulta la ética de su profesión y a la misma Flip. Gómez arroja oprobio no contra un periodista que está por encima de esos siniestros berrinches, sino sobre las asociaciones que defienden a los periodistas. Qué vergüenza para la Flip tener un miembro de esa condición. Un individuo que odia de tal manera a otros periodistas no ofrece la menor garantía de poder ejercer su labor dignamente. La Flip tendrá que separarse de ese energúmeno si no quiere enlodar aún más su imagen en Colombia y en el extranjero.

 

La Flip tiene “convenios de cooperación y alianzas” con Ongs similares en otros países y dice ser “miembro consultivo” ante la OEA. ¿Qué pasará con esos convenios cuando esos sectores sepan que el faraón de la Flip dirige campañas de odio contra otros periodistas?

 

No se sabe qué mosca le picó a Ignacio Gómez. La única pista que tenemos es que Ricardo Puentes, un periodista de investigación,  que paga con el exilio el valor de sus revelaciones y escritos, denunció hace años, con pruebas irrefutables, los fraudes que la ex fiscal Ángela María Buitrago había cometido durante la instrucción del expediente del coronel (r.) Alfonso Plazas Vega. Ella acogió y hasta fabricó pruebas falsas contra el alto militar para que lo condenaran. Lo logró en primera instancia y con eso manchó a sus pares pues ese remedo de proceso se convirtió en el mayor escándalo judicial de Colombia. La Corte Suprema de Justicia absolvió al Coronel Plazas y ordenó su libertad, el 16 de diciembre de 2015. Pero el daño ya había sido hecho. El coronel Plazas fue ultrajado y maltratado y pasó ocho años y medio detenido injustamente en una cárcel por culpa de las ilegalidades de Ángela Buitrago.

 

Años antes del histórico fallo que demolió la instrucción hecha por la ex fiscal, otros magistrados constataron que ella había montado un expediente con pruebas adulteradas. El magistrado Hermens Darío Lara  pidió que ella fuera investigada por eso. Ante los horrores encontrados en este y otros expedientes, el director de la Fiscalía le pidió la renuncia a la funcionaria y hoy ella tiene uno o dos procesos por falsedad y prevaricato en Colombia. Ahora la prensa extranjera informa que Ángela María Buitrago también tiene problemas en México pues allá fue a parar luego de que estallara el escándalo de su actuación venal en el proceso Plazas.

 

Ella hace parte, en efecto, del “Grupo interdisciplinario de expertos independientes” que estuvo investigando el tenebroso caso de la desaparición de 43  jóvenes en Iguala (Guerrero). Ese grupo es objeto hoy de una investigación del Procurador mexicano José Antonio Ortega Sánchez, por un supuesto fraude de dos millones  de dólares de ese grupo, por mentir y por presentar fotos satelitales presuntamente dudosas sobre el caso de Iguala. La carrera profesional de Ángela María Buitrago y de los otros miembros del grupo, son también objeto de pesquisas de la prensa mexicana.

 

La noticia de la decisión del Procurador Ortega Sánchez apareció el 24 de marzo pasado y coincide con la exhibición histérica de Ignacio Gómez contra el periodista Puentes. El nuevo ataque de Ignacio Gómez contra Puentes puede responder a órdenes de la ex fiscal Buitrago. Eso es algo muy grave que pone en peligro no sólo la vida de Puentes sino que reduce a nada las garantías que los periodistas en general deben tener en Colombia para ejercer su oficio. Colombia vive un momento de alta tensión política. Con la crisis del proceso de paz y el descubrimiento de que las Farc ponen condiciones inaceptables para el país –lo que impidió el 23 de marzo pasado la firma del “acuerdo final de paz” tan anunciado por el presidente Santos–, los periodistas y la prensa en general ven un aumento de las presiones sobre ellos. Las Farc no quieren que la opinión se entere de lo que está pasando en esas negociaciones. Hoy es cuando más necesitan los periodistas que haya organismos no gubernamentales que luchen contra la censura, que defiendan la libertad de expresión, de crítica, de prensa y los derechos de los periodistas. Lo que está haciendo el dirigente de la Flip es traicionar esos objetivos, debilitar al gremio y reforzar el campo de los totalitarios.

 

La Flip debe explicar por qué tiene lazos estrechos con el gobierno de turno. Cada vez que un periodista sufre amenazas de muerte,  el organismo estatal encargado de proteger a esas personas, la Unidad Nacional de Protección (UNP),  en lugar de investigar por su cuenta, le consulta a la Flip. Esta dice si el periodista merece o no ser protegido.  A veces la Flip niega esa protección. Lo que le ocurrió a Ricardo Puentes en 2013 lo prueba. Puentes tenía esa protección oficial, pues él y su familia habían sido amenazados. Incluso uno de sus hijos soportó un intento de secuestro. Lo que ha sufrido Ricardo Puentes por ejercer su labor en Colombia está muy bien documentado. El 4 de octubre de ese año, sin embargo, la UNP le retiró sin previo aviso esa protección a Ricardo Puentes. Le quitó su escolta en plena calle, en un momento en que arreciaban contra él las amenazas por las revelaciones que estaba haciendo. ¿Y qué hizo la Flip? ¿Protestó? No. Todo lo contrario. Cuando yo fui a denunciar ante Reporteros sin Fronteras de París el peligro en que estaba Ricardo Puentes, un responsable de RSF dijo que le pediría a la Flip la verificación de todo eso. La respuesta de ésta fue la habitual: Ricardo Puentes es un “periodista de derecha”. Resultado: RSF-Paris se negó a lanzar una nota de alerta para proteger a Ricardo Puentes. Un mes después, un comando que dijo actuar en nombre del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, pero sin identificarse, llegó al domicilio del periodista y trató de secuestrar a sus tres niños. No lo logró.  Una activista de derechos humanos alemana, Annette Tessmann, denunció tales métodos como “equiparables a los utilizados por la STASI de Alemania Oriental”, donde el poder comunista “utilizaba la sustracción de los niños de los supuestos ‘enemigos del Estado’”. Puentes y su familia tuvieron que salir de Colombia en 2015.

 

La Flip ha caído muy bajo. Ha vendido su alma al diablo no se sabe a cambio de qué. Su vínculo con la UNP le da algo así como poder de vida y muerte sobre los periodistas. Esa relación Flip-UNP  comienza a ser investigada por periodistas de Bogotá pues es totalmente anormal. La Flip debe ser independiente de todo poder estatal o paraestatal. Dirigida por Ignacio Gómez,  la Flip está metida en un lodazal. Para salir de allí la Flip está en la obligación de pronunciarse sobre la vil campaña de su directivo Ignacio Gómez y sobre sus obscuras relaciones con organismos estatales. En Estados Unidos y en Europa las asociaciones de defensa de los periodistas tienen una deontología muy precisa que prohíbe los contubernios con los poderes establecidos.

 

La Declaración de Munich, del 24 de noviembre de 1971, adoptada por la mayoría de los sindicatos de periodistas en Europa, dice: “Todo periodista digno de ese nombre debe respetar estrictamente las normas aquí enunciadas. El periodista reconoce el derecho vigente en cada país pero no acepta en materia de honor profesional sino la jurisdicción de sus pares, excluyendo toda injerencia gubernamental u otra”.

 

La Carta de Deberes Profesionales de los Periodistas Franceses, vigente desde 1918, dice: “La calumnia, las acusaciones sin prueba, la alteración de documentos, la deformación de los hechos, la mentira son las más graves faltas profesionales”.  ¿Dicen algo parecido los estatutos de la Flip? No lo sabemos. La página web de la Flip es un modelo de opacidad, donde ni el nombre de sus directivos aparece. Mucho menos sus estatutos.

 

La defensa del periodista Ricardo Puentes, el repudio a las andanzas de Ignacio Gómez y a la subordinación de la Flip a la desiderata del gobierno de Santos están al orden día. Es algo que tiene que ver con la salud de la democracia colombiana.