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La paz empieza por Casa… de Nariño

Algunos santistas están tratando de sabotear la candidatura presidencial de Vargas Lleras.

 

Al parecer, Germán Vargas Lleras, desesperado también por las demoras selectivas en el Ministerio de Hacienda, decidió, a su manera, impedir que las caprichosas facultades que le asisten a esa cartera terminaran afectando su ambicioso plan de obra pública, los sectores a su cargo y, además, perjudicándolo en el partidor de la campaña presidencial del 2018.

 

Ese es el efecto de haber implantado desde Minhacienda un dañino modelo de asignación de gasto cargado de discrecionalidades arbitrarias y esguinces a la cacareada regla fiscal, mediante el cual obtuvieron la promesa de satisfacción de sus expectativas presupuestales los que más gritaron, los que contaron con las mejores palancas o los que desde el Congreso exigieron con mayor desvergüenza su ración de ‘mermelada’.

 

Tal proceder ha erosionado la credibilidad institucional del Ministerio de Hacienda y ha puesto en entredicho la suficiencia técnica, la coherencia y el rigor con el que se otorgan a los amigos o se niegan a los contradictores los avales fiscales. Los criterios aplicados parecen consultar más los tarjetones electorales del futuro y los tejemanejes de la política que los números fiscales del presente mientras pretenden tapar todos los huecos a punta de reformas tributarias.

 

Y aunque la mayoría de los ministros, dóciles y obsecuentes, creyeron que lo correcto era no mortificar a la veleidosa tecnocracia de Minhacienda para que no les castigaran sus rubros de inversión y más bien les compensaran con chichiguas su actitud sumisa, tacaron burro cuando creyeron que al Vicepresidente lo podían someter a esa licuadora y que el funcionario más exitoso y reconocido del Gobierno se quedaría callado.

 

Quizás asustados por la brecha de favorabilidad en todas las encuestas que se ha ido marcando entre Vargas Lleras y el resto del Gobierno, incluyendo al Presidente, en la Unidad Nacional andan tratando mal al Vicepresidente hasta el punto de que le recortarán su período en casi un año y medio con la aprobación de la reforma de equilibrio de poderes, que cuenta con el beneplácito de la Casa de Nariño y sus aliados.

 

Y es que son los propios socios del presidente Santos los que quieren sabotear la candidatura presidencial de Vargas Lleras. Desde ya se sabe que la Unidad Nacional está técnicamente disuelta y que no llevará candidato único a la campaña del 2018. Dicen en los pasillos del Congreso que Cárdenas anda pedaleándole a la candidatura azul –contra Vargas Lleras–, que Pinzón anda pedaleándole a la candidatura de ‘la U’ –contra Vargas Lleras–, que De la Calle anda pedaleándole a la candidatura roja –contra Vargas Lleras– y que Vargas Lleras anda pedaleándole a su candidatura, contra todos.

 

Lo que se está viendo en el gabinete son demasiadas ambiciones y poco timón. Muchos apetitos y escasos controles. Excesivas vanidades y precarios merecimientos. El carnaval de aspiraciones se apoderó del equipo de gobierno mientras el Presidente parece desbordado por la crisis institucional, por la insatisfacción revelada en las encuestas, por el deterioro de la economía, por la inseguridad galopante y por la lentitud del proceso de paz, a pesar de todas las concesiones hechas a las Farc.

 

En el Palacio presidencial, preocupados más por el “qué dirán” que por el “solucionemos el problema”, ahora deberán emprender un nuevo proceso de paz, además del que se adelanta en Cuba y de la esquiva búsqueda del diálogo con el Eln.

 

Me refiero al proceso de paz entre los distintos bandos que se han formado en las entrañas del Gobierno, no solo para lograr que “laven la ropa sucia en casa”, sino para evitar que, enceguecidos con la sucesión presidencial, los santistas que quieren atajar a Vargas Lleras destruyan lo poco que va quedando de la era Santos en medio de la puja por heredar su silla a partir del 7 de agosto de 2018.