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La peste del silencio

El gran escritor Albert Camus expresó que “cuando los derechos de alguien son violados, los derechos de todos están en peligro”. Quizás por esta simple razón es preocupante el silencio frente a la premeditada y taimada manera como el Gobierno Nacional intervino el Fondo Nacional Ganadero, quitándole a la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegan) su control sobre los recursos parafiscales autorizados por la ley.

 

El Ministro de Agricultura ha tratado de mostrar su actuación como un hecho heroico, ante lo que él denomina malos manejos por parte del gremio ganadero. Lo curioso es que desde la discusión del Plan de Desarrollo, se evidenció el deseo del gobierno de quedar facultado para intervenir fondos parafiscales agropecuarios, con el objetivo de financiar Beneficios Económicos Periódicos en el campo. El orangután logró ser detenido, pues a todas luces se convertía en una amenaza latente a la organización gremial y en un instrumento de presión para consolidar unanimismo frente a la agenda del gobierno. Incluso en el debate se alertó sobre la amenaza que se veía burdamente como un misil a la voz disidente que Fedegan ha mantenido sobre la forma como se han conducido las negociaciones en La Habana.

 

La propaganda oficial ha tratado de desdibujar la gestión de Fedegan, argumentando falta de transparencia y poca efectividad en la administración de recursos parafiscales. La evidencia de los resultados logrados por la Ley 89 de 1993, que crea el Fondo Nacional del Ganado (FNG), son incontrovertibles. Más de 30 mil millones en convenios con el Sena para capacitación de productores y actores de la cadena de carne y leche, cerca de 70 mil ganaderos beneficiados por programas de asistencia técnica, 21 mil pequeños ganaderos incorporados en núcleos municipales de extensión y mejoramiento, erradicación de fiebre aftosa y brucelosis bovina, mejoramiento de plantas de sacrificio y transferencia de tecnología, entre otros.

 

Para legitimar el golpe a Fedegan, el Ministro de Agricultura argumentó que la situación financiera de Friogan, una empresa creada para la construcción y modernización de plantas de sacrificio y en la cual el FNG tiene el 78 por ciento de propiedad, había generado un hueco financiero insostenible. Lo que nunca se explicó por parte del gobierno es que la situación de la necesaria Friogan se agravó, tanto por las fallas en la implementación de las medidas de sacrificio del Decreto 1500 del 2007, aplazadas por este gobierno, como por las circunstancias del mercado venezolano.

 

El FNG no es el único fondo del sector agropecuario que maneja recursos parafiscales. Gremios como Fenavi, Fedepalma, Fedetabaco, Conalgodón, Fenalce, Fedearroz, Fedecacao, Fonpanela o el Fondo Nacional del Café son otros ejemplos.

 

Muchos de ellos en distintos momentos han pasado por penurias financieras, como ocurrió con el sector cafetero, y requirieron la asistencia del Gobierno, pero jamás su despojo de la orientación sectorial.

 

Si existen cuestionamientos al FNG y la democratización del gremio, que se manejen y se corrijan abiertamente entre los ganaderos y el Gobierno. Duele ver un país donde los gremios, como expresión de la sociedad civil, están amenazados con perder recursos otorgados por la ley si no son áulicos del gobierno. Ojalá los demás gremios que hoy guardan silencio temeroso ante lo ocurrido con Fedegan entiendan, como lo diría Camus, que sus derechos están en peligro.

 

Senador

 

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