Sitio oficial
 

Las cosas han cambiado

Quienes nos han arrastrado a la humillante situación en la que nos encontramos los colombianos, van a tener que replantear sus siniestras estrategias porque las cosas han cambiado. Tuvieron bastantes motivos para festejar con ruidosas manifestaciones sus ‘logros’ para alcanzar la toma del país con el pretexto de “pacificarlo” pero eso se acabó.

 

¿Qué es lo que ha cambiado si en apariencia seguimos en las mismas? Los terroristas exigen del gobierno todo lo que se les antoja y Santos se complace en darles gusto. Los colombianos continúan su día a día sin verse mayormente afectados por las terribles y todavía ocultas consecuencias de lo pactado en La Habana. Llevamos la existencia como si nada hubiera pasado, tal vez queriendo proteger nuestra psique de la tremenda carga que supondría ser conscientes de la situación. Ahora, como en el pasado cuando las bombas de Escobar, la toma del Palacio de Justicia, el Caguán, etc., etc., vamos sobrellevando los acontecimientos esperando que se desvanezcan en el aire. Tal vez cada uno de nosotros guarda la ingenua ilusión de que las cosas seguirán igual y nuestros sueños y esperanzas volverán a ser nuestra guía para el futuro y no un maldito acuerdo del que no conocemos su alcance.

 

En este punto no hay cambios visibles, pero si los hay muy en nuestro interior. Hemos presenciado paso a paso una descomposición que ha venido atacando los hilos de nuestro tejido social y por eso la ingenuidad ha sido remplazada por una mente que indaga, cuestiona y exige respuestas. Las acciones nefastas de quienes detectan el poder son analizadas y fuertemente criticadas por cada uno de nosotros. Ya no comemos cuento.

 

Esta circunstancia tan particular es la que permite que se pueda atacar desde la raíz la podredumbre del régimen. Santos y Timochenko pueden regodearse en sus tramposos éxitos y creer que las triquiñuelas con las que lograron imponer un acuerdo ilegitimo con el cual construir un país a la medida de las aspiraciones del grupo narcoterrorista de las FARC, ya son una realidad que tan solo requiere una implementación por parte de un corrupto Congreso que no representa a nadie y que continúa creyendo que los colombianos somos una partida de borregos sin ninguna capacidad de reacción. Se equivocan y así terminarán colocándose la soga al cuello.

 

Que la corrupción sea ahora el motivo con el que pretenden hacernos olvidar que el país está en grave peligro por cuenta de lo pactado en La Habana, puede ser parte de la pobre estrategia con la que pretenden continuar su macabro plan. Pero no caeremos en esa trampa, la corrupción la percibimos como efecto de toda la maquinación con la que han llegado a su objetivo, el de carcomer nuestras instituciones para implantar un estado comunista que es de lo que se trata todo este asunto.

 

Una sociedad despierta marca la diferencia. Lo que ocurrió en Cuba y Venezuela no va a ocurrir en Colombia porque tenemos los ojos muy abiertos y la mente atenta. Quienes pretenden llevarnos a esos abismos todavía creen que somos tan ingenuos para caer en sus engaños. Eso ya no es así. Se les pasó el tiempo en jolgorios mientras fuimos madurando y fortaleciéndonos para la lucha final.

 

Ahora podemos decirles en la cara que n o sean cínicos si nos vienen a hablar de un gobierno de transición. Hasta allá no llegamos, no lo permitiremos.

 

Y las cosas también cambiaron afuera y por eso contamos de nuevo con un fuerte aliado que habíamos perdido durante ocho años. Trump y los congresistas republicanos van a tomar cartas en el asunto. Para ellos de lo que se trata no es de un problemita en una república bananera, no señores. Es un asunto de seguridad que traspasa fronteras. Un grupo terrorista poderosamente rico, por ser los mayores productores y vendedores de narcóticos del mundo, tomándose el poder de un país de ubicación estratégica no se puede pasar por alto. Y un gobierno ilegitimo, despreciado por su pueblo y cómplice con ese grupo criminal no puede seguir recibiendo los apoyos internacionales de los que ha gozado hasta ahora.

 

Las cosas han cambiado y la lucha apenas comienza.