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Los muertos de la paz

Duelen más los muertos de la paz. Cuando ya creíamos que las conversaciones estaban en una recta final y que había sido decretado un cese unilateral del fuego. Cuando pensábamos que con la suspensión de los bombardeos se estaba dando un guiño adicional al proceso. Cuando veíamos que las conversaciones avanzaban lenta pero seguras y nos alistábamos para que en este año se firmara la tan ansiada paz.

 

¡Pum!: las Farc de manera premeditada y con una sevicia propia sólo de quienes quieren más y más guerra, le asestan una puñalada trapera a los colombianos.

 

De inmediato se prenden las alarmas de la población civil y se produce un movimiento instantáneo e improvisado de rechazo hacia este acto violento, el más grave desde que se iniciaron las reuniones preparatorias de algo que queremos todos los colombianos menos al parecer la guerrilla, (“por sus hechos los conocereis”) cuya cúpula en La Habana se hace la “yo no fui”.

 

Frente esta provocación en la que perdieron la vida compatriotas en estado de indefensión, el gobierno no tuvo de otra que retomar los bombardeos, que es a lo que más le temen los guerrilleros y estar pendiente de las próximas matanzas porque así lo dio entender uno de sus jefes.

 

No será raro entonces que no se sabe dentro de cuántos días y tampoco en qué rincón del país, se produzca una matanza igual o peor, que será respondida con más y más muertos por parte del Ejército. ¿Y a esto se le puede llamar búsqueda de la paz?

 

El presidente Santos por más buenas intenciones que tenga y por más sapos que se ha tragado a costa de todo su prestigio político al igual que su Ministro de Defensa lo han dicho ya: la paciencia tienen límite y ese límite está llegando.

 

Ni pensar qué sucedería en nuestro país si se levantan de la mesa Gobierno y Farc. Las acciones demenciales de la insurgencia volverían una carnicería el territorio patrio y la política de tierra arrasada echaría al traste todos estos años de buena voluntad y de honestidad por parte de quienes quieren que se acabe de una vez por todas esta confrontación armada de más de medio siglo.

 

Por ello y -como dicen- ya entrados en gastos, hay que insistir en la salida negociada sin que ello signifique ni impunidad ni menos cruzarse de brazos ante las arremetidas de los violentos o peor aún, ceder en todas sus pretensiones que cuando uno se entera cuales son le invade el pesimismo.

 

Pero hay que dar la batalla por esa esquiva paz y ganarle la guerra a la guerra. No podemos perder esta oportunidad única y última y volver a matarnos los unos a los otros, desandando un camino que hemos empezado a recorrer.

 

Vi el video de los soldados asesinados despiadadamente mientras descansaban. Es lo más horrible que he tenido ante mis ojos y creo que esas imágenes, que también han visto millones de compatriotas, además de producir llanto y desesperanza, son la cruda demostración de lo que en realidad se vive allá en las montañas de Colombia, en caceríos y veredas que ni siquiera figuran en los mapas y que, en el caso de La Esperanza, son paso obligado del comercio de la coca y la marihuana que se siembra en sus entrañas.

 

Pueda ser que haya un acto en cordura por parte de las Farc y que a la vez que ofrezcan perdón y reconozcan sus crímenes, prometan que hechos así no volverán a suceder. De lo contrario, ¿quién me puede decir a dónde irá a parar nuestra patria?