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Los tres tenores

Alguna vez nos decía el ameno contertulio y agudo escritor, Álvaro Salom Becerra, que Colombia era la tierra de las frases de cajón. Que no solo abundaban sino que con ellas se hacían programas de gobierno tan inútiles como hueros. Y que al final de cuentas todos los propósitos se quedaban en palabras huecas y metáforas dulzarronas.

 

Ahora la moda de estas frases y más frases se reviven y se reencauchan cuando el país está asfixiándose en un laberinto de corrupción. El nuevo procurador Carrillo expresó que “la corrupción, no la guerra, es hoy la peor enemiga del país”. Aplausos. Y el presidente Santos, quien no lo hace mal para montar frases prefabricadas, sentencia que “la corrupción era un cáncer que ya hizo metástasis”.

 

A medida que las frases abundan la corrupción crece. Con tan altos niveles que alcanza, no hay presupuestos nacionales ni reformas tributarias que aguanten sus embates. El contralor General, Edgardo Maya, grita que “a la corrupción no hay que combatirla sino destruirla”. Frases confundidas con verdades de perogrullo. Pero, ¿con qué justicia se le destruye? ¿Acaso con la que tenemos? ¿Tiene el país cómo frenar un narcotráfico floreciente que se nutre no solo de las miles de hectáreas de coca que cada año aumentan sino de la impunidad y la alcahuetería que las ampara? ¿Con cuáles herramientas legales y contundentes se va a llegar a la transparencia? Frases y frases siguen alentando los buenos propósitos de fiscal, procurador y contralor de convertirse en trío para enfrentar este flagelo.

 

No es un misterio señalar que el país cada día da mayores señales inequívocas de empeorar su posición para hundirse más en los escalafones de corrupción. Hace nueve años Colombia ocupaba el puesto 68 en el Índice de Percepción de Corrupción, según calificación de Transparencia Internacional. Ya en el 2015, ocupaba el puesto 83, con el agravante de estar más mal que naciones como Zambia, Túnez o Burkina Faso.

 

Para disparar contra la corrupción el país sigue contando con más proveedores de retórica que justicia con dientes. Sin subestimar lo que se ha logrado en los últimos días con las denuncias y cárcel a los actores de las coimas en el caso Odebrecht, sigue vigente tanto el corrupto sistema electoral con sus financiaciones oscuras, como los carteles y carruseles de contratación con la maña y el soborno, materias primas, para transitar sin retenes por la nómina del Estado.

 

Al paso que vamos si los tres tenores, contralor, procurador y fiscal generales fracasan en su intento, podremos llegar a compartir con el incómodo país vecino venezolano, los altos niveles de podredumbre que lo oprimen. Entrar en la misma órbita del caos institucional y la desvergüenza, por la que pasa ese régimen de farándula y picardía, regido por un sátrapa, compadre del régimen populista. Sistema que alimenta y cubre todos los excesos que se cometen contra la moral y la supervivencia de la misma democracia.