Sitio oficial
 

Mackenzie y su distorsión de Iván Duque

Escribo con dolor en el alma esta columna, pero no puedo dejar de hacerlo.

 

Eduardo Mackenzie es, sin duda, uno de los mejores columnistas del país. Me enorgullezco de su amistad, cultivada en años de brega por unas ideas comunes. El Periódico DEBATE, que dirijo, lo cuenta entre sus colaboradores destacados. Pero, lamentablemente, en los últimos días, picado por no sé qué bicho, no ha cesado en propalar desatinos de la peor especie. Como la verdadera amistad supone respeto, pero no excluye, si no que más bien exige franqueza, me veo obligado a expresar mis sinceras opiniones al respecto.

 

Para empezar, Mackenzie impulsó hace poco una declaración, dirigida al Centro Democrático, en la cual, con el loable propósito de estimular una enérgica protesta contra los tenebrosos planes y ejecutorias de la dupla Santos-Farc, se vierten un sinnúmero de aseveraciones contra dicho partido y su dirigencia que no comparto en absoluto.

 

“La protesta ciudadana contra las vías de hecho que viene utilizando Juan Manuel Santos para imponer un nuevo régimen político y una nueva Constitución favorable a las Farc no ha sido respaldada en forma clara y oportuna por el Centro Democrático”, empieza el documento. Nunca aclaran cuál “protesta ciudadana” no ha respaldado el CD, dejando esa duda en el ambiente, y desconociendo que ha sido el uribismo mismo el promotor y jalonador de la mayoría de las protestas de todo orden contra los desafueros de este gobierno.

 

No quiero extenderme en el examen de este documento, que no es mi propósito central, pero no quiero dejar de lado que parte de la premisa de que “desde el comienzo de ese proceso” ha primado una “óptica excesivamente legalista y electoral de la oposición”, y que inclusive el CD ha sido blandengue ante la “operación sediciosa” en marcha, con solo “protestas verbales” ante atentados como el intento de asesinato de Fernando Londoño o el complot contra la campaña presidencial de Óscar Iván Zuluaga. Para disculpar su diatriba, de paso reconoce que el CD “ha jugado un papel valioso y hasta decisivo” en “otros aspectos de la lucha”, como en el plebiscito y la denuncia de los planes entreguistas de Santos. Pero concluye, sin reato, que “nunca se ha abordado en el CD la discusión sobre las formas que debe adoptar la resistencia ciudadana contra Santos”. 

 

Si bien todos tenemos fundadas preocupaciones por lo que sucede en el país, y en determinados momentos de angustia pensamos que debe hacerse más y actuar con mayor verticalidad, hay una distancia sideral entre esas sanas inquietudes y señalar que el CD ha adoptado una actitud casi enteramente pasiva, de protestas verbales, de mera oposición parlamentaria, y que nunca se ha preocupado de la verdadera resistencia ciudadana. Cualquiera que repase las enormes movilizaciones callejeras de los últimos dos años, para no ir más lejos, podrá entender la endeblez de tal argumentación.

 

Dadas esas circunstancias, no consideré prudente suscribir aquel documento, aunque fue publicado en DEBATE. Pensaba más bien dirigir unas observaciones en privado a Eduardo, como lo había hecho algunas semanas atrás al recibir una proposición similar suya.

 

Pero de repente hoy, al recibir la columna que habitualmente Eduardo remite a DEBATE y otros medios, encuentro que ha dado un paso más, supremamente riesgoso, en ese camino de insidias que algunos pretenden en el seno del CD. Se titula “Iván Duque y su visión de Colombia” y merece un comentario descarnado.

 

Empiezo por advertir que el Periódico DEBATE ha defendido y propuesto desde hace meses la conformación de un amplio frente republicano, que agrupe todas la corrientes sociales y políticas que resisten al régimen, para abocar no solo las próximas elecciones en el 2018 sino las distintas batallas que demande la resistencia civil, como la pasada del plebiscito. En consonancia con ello hemos sugerido la búsqueda de consensos para llegar con un candidato presidencial único de la oposición el próximo año. El periódico mantiene, en todo caso, su independencia frente a las distintas precandidaturas que se ventilan, pero ofrece de manera abierta sus páginas a todas ellas, sin distingo ni discriminación.

 

Aspiramos a que, en todo caso, los debates internos que la situación exige, incluidos los de la campaña electoral, se desenvuelvan en un ambiente de sana controversia, de exposición de ideas y programas, sin la apelación a los ataques personales y las calumnias. En ese sentido, desde hace un tiempo nos vienen preocupando las arremetidas fuera de tono, irresponsables y mal intencionadas de algunas personas contra uno de los precandidatos del CD, el senador Iván Duque.

 

No soy amigo personal del senador Duque, ni integrante de su campaña (ni de ninguna otra), pero me parece una persona valiosa y honorable, que merece un trato respetuoso, como cualquiera de los demás precandidatos o los distintos líderes del CD. Y estimo, además, que los argumentos esgrimidos por Mackenzie en su escrito no solo no se atienen a la realidad, sino que violan elementales preceptos que deben regir la labor de un periodista y opinador de su calibre, y que él debiera conocer bien.

 

Sea lo primero señalar que su invectiva contra Duque, para criticar su “visión de Colombia” se apoya solamente en una entrevista radial que le realizó Fernando Londoño el pasado 28 de diciembre. De allí Mackenzie deduce que Duque solo ofreció una colección de “frases, recetas y aforismos angelistas que nadie impugna, como sacadas del Manual del Buen Político”, “pero jamás abordó, ni evocó siquiera, el problema principal de Colombia: el tremendo peligro que representan  para el país las nuevas facultades del poder santista, los pactos de éste con las Farc y, sobre todo, la implementación en 2017 de la trasferencia de poderes prevista en los textos redactados en La Habana, y sus devastadores efectos sobre las instituciones, la economía, la justicia, la sociedad civil y las libertades del país.” La consecuencia es obvia: Duque “se muestra incapaz de designar el enemigo y de convocar a Colombia a un combate político y militar, difícil pero impostergable, para destruir los planes subversivos en marcha”.

 

Haciendo a un lado lo que pueda significar el “combate político y militar” (!), estimamos que Mackenzie ha efectuado un diagnóstico de la “visión” de Duque sobre Colombia sesgado, basado en una entrevista en la que seguramente Duque se concentró solo en unos puntos de su propuesta de gobierno. Además, Mackenzie no puede afirmar, ni siquiera basado en esa sola entrevista, que Duque hubiera dicho nada impropio. Solo que no se concentró en lo que él hubiera querido, y eso le sirvió para armar su alboroto.

 

No escuché la entrevista, lo confieso, pero he seguido la trayectoria del senador Duque, como puede hacerlo cualquiera, a través de sus columnas en distintos medios, entrevistas en radio y televisión, e intervenciones en el Congreso. Todo ese cúmulo de expresiones dan una idea diametralmente opuesta a la que sugiere Mackenzie, y revela una persona con amplio bagaje, que se ha referido en detalle a toda la estratagema santista y fariana contra el país, expresando de manera brillante por lo regular, no solo sus propias apreciaciones, sino la posición oficial del CD. ¿Por qué Mackenzie no revisó y valoró toda su producción política en estos últimos años, para emitir un veredicto certero y ecuánime sobre la “visión” de Duque? ¿Qué extraño interés lo domina para que utilice interesadamente solo una entrevista?

 

El segundo asalto de Mackenzie contra Duque es más flojo y bajo: “Al día siguiente de esa entrevista ocurrió una cosa curiosa: la revista anti uribista por excelencia, Semana, que ha colaborado en los golpes más duros contra el Centro Democrático (no es sino recordar lo que hizo esa publicación durante la ofensiva de Santos contra la candidatura presidencial de Oscar Iván Zuluaga), puso en línea un elogio sin par de Iván Duque: lo presentó como el “mejor senador de 2016”, como “una de las caras más visibles y amables del uribismo”. Vaya sorpresa. La revista santista hizo un ditirambo impúdico del senador. Lo erigió en “técnico en temas económicos con mayor visibilidad del país” y subrayó que Duque no se vé como un político “de derecha” sino “de centro”.

 

Por favor Eduardo, eso no es cierto: no fue la revista Semana la que declaró a Iván Duque el mejor senador de 2016, fue el Congreso mismo, como lo hizo el año pasado al designar en el mismo sitial honorífico al senador Álvaro Uribe. Se trata de una encuesta anual que se realiza entre los senadores, y en la cual participaron en primera línea sus mismos colegas del CD. Que al informarlo la revista Semana agregara comentarios elogiosos de Duque, como lo hicieron otros medios, es un asunto ajeno a esa decisión de sus colegas parlamentarios, que en ningún momento corresponde a una estrategia del santismo para decidir “quién es el buen uribista y el mal uribista” o para “rodear a Duque” y “aislar al ex presidente Uribe”. Uno puede equivocarse Eduardo, pero ocultar una cosa y querer mostrar otra no es decente.

 

Siguiendo el orden de la columna de Mackenzie, aboco finalmente su tercer ataque, tan fantasioso como los anteriores. Calcado, por lo demás, de Ricardo Puentes Melo, quien desde hace meses no ha cesado de urdir calumnias contra Duque, y que, vaya coincidencia, la víspera publicó en el portal Periodismos Sin Fronteras, un estrafalario artículo titulado “George Soros y sus negocios con las FARC en el posconflicto”, dedicado en últimas a denigrar de Iván Duque.

 

Los argumentos de Puentes son bastante deleznables. De un lado coloca a George Soros, el conocido y polémico magnate, como el demonio encarnado, destinado a derruir el capitalismo e implantar el socialismo, en un plan tenebroso que contempla a las mismas Farc como pieza fundamental. Entre las evidencias más sintomáticas de su naturaleza está… ¡el respaldo a Hillary Clinton en las pasadas elecciones en Estados Unidos!

 

Pero el summun de los planes maléficos de Soros, para Puentes, es su defensa de la legalización de la droga. De allí la relación que establece Puentes con Santos y las Farc. Partiendo de esa premisa, los acuerdos de paz con las Farc son un gran negociado promovido y financiado por Soros, quien se beneficiará en asociación con la guerrilla de la explotación de la siembra y comercialización masiva de coca en el posconflicto.

 

¿Y dónde encaja Iván Duque en ese macabro plan? Para empezar, Puentes supone que todo lo que Duque formula, como su idea de la “economía naranja”, dizque es una burda copia de Soros, secretamente filtrada por el marxismo. Sin ruborizarse advierte: “A nadie en el Centro Democrático parece importarle que Duque sea el principal seguidor y propagandista de Soros y sus doctrinas. Y todos creen que su economía naranja es una doctrina muy sesuda e inteligentísima nacida en las aulas de la libertad, cuando no es más que una línea de acción de la Escuela de Frankfurt con la cual propagan el marxismo cultural.”

 

Toda la evidencia de Puentes sobre el particular, se remite a que Duque ha tenido relación con alguna entidad o tanque de pensamiento vinculado al enorme entramado empresarial de Soros, como la conocida Open Society. Pero ese tipo de elucubraciones no basta, obviamente; medio mundo ha tenido ese tipo de relación con fundaciones como la citada. Entonces Puentes ensaya dos argucias más. Una, que en 2010 Duque escribió un artículo elogioso de Soros, en el diario económico Portafolio. Basta revisar el artículo para desnudar la infamia: lo que Duque destaca de Soros son sus afirmaciones, en una conferencia en una universidad europea, en defensa de las intituciones democráticas y la libre empresa. Invito a leerlo para que se calibre la acusación inverosímil: http://www.portafolio.co/opinion/ivan-duque-marquez/lecciones-soros-117928

 

La otra imputación, para tratar de armar el rompecabezas, es la posición de Duque sobre el proyecto de legalización del uso medicinal de la marihuana, que se debatió en el Congreso. Puentes cita un panel televisivo donde se discutió el tema, como apoyo a su tesis, pero de nuevo los hechos lo refutan (Ver: https://www.youtube.com/watch?v=6iBgWdvZjlo). Lo que sostiene Duque es lo mismo que planteó el CD en el Congreso, incluido el mismo ex presidente Uribe: aunque hay usos medicinales de la marihuana, que debieran regularse estrictamente, la política oficial al respecto lo que pretendía en el fondo era abrir el campo a los “usos recreacionales” con grave efecto en la salud pública. De ninguna manera se puede inferir de allí que el CD o Duque prohíjan la legalización de la droga.

 

Sin ningún análisis, solo copiando los infundios de Puentes, Mackenzie despacha en un párrafo el asunto y vierte esta venenosa inculpación: “¿Por qué Semana oculta los vínculos de Iván Duque con la fundación Open Society? ¿Por qué Iván Duque no acepta darle explicaciones al CD sobre ese aspecto obscuro de su trayectoria personal?” ¿De dónde acá haber tenido relación con esa fundación es un delito, o representar un “aspecto obscuro” de su pasado?

 

Definitivamente Eduardo, estás dando palos de ciego, nublado por no sé qué extraña obsesión. Confieso que no entiendo las razones de tu actitud. Me han dejado perplejo tan vacuas y dañinas aseveraciones que, además, afectan sin fundamento y de manera grave la honra y el buen nombre de una persona. Solo quisiera que luego de una desapasionada reflexión decidieras cesar tan inconcebible “fuego amigo”.