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Otra ópera bufa

En 2010, una guerrilla diezmada y próxima a la derrota total lo único que podría esperar era la oferta de términos decentes de rendición, con un tratamiento benévolo en materia penal.

 

En cambio, el nuevo gobierno organizó una falsa negociación entre un brazo armado del partido comunista y unos elementos infiltrados del mismo, escogidos por un presidente igualmente comprometido. De La Habana no podía salir cosa distinta de la entrega solapada del país al castrochavismo (¡que sí existe y que no puede ser peor!). Eso estaba convenido desde el principio, pero el proceso tenía que demorarse el tiempo necesario para infiltrar a fondo las tres ramas del poder, desinformar a los gobiernos extranjeros, neutralizar las Fuerzas Armadas y adormecer la población con crecientes dosis estupefacientes de “paz”.

 

Milagrosamente el pueblo dijo que NO, pero el gobierno, las Farc, y toda la caterva de la intelligentzia tratan de convencernos de que bastará con rebajarle dos o tres páginas al infame mamotreto, que dizque está vigente y sigue siendo negociado por el mismo equipo pérfido y coludido de De la Calle y Jaramillo.

 

Como no hay un solo punto conveniente en ese pseudo-acuerdo “especial humanitario”, vale la pena hacer el verdadero balance de estos lamentables seis años: el estado de derecho agonizando; todos los poderes públicos, confabulados contra la Carta; los medios masivos, fletados, embadurnados y enfilados; los gremios económicos, entre atemorizados y cómplices; la Iglesia, socavada por la teología de la liberación; el país, polarizado; el lenguaje soez y el fanatismo de quienes invitan a desconocer el plebiscito; la economía, en picada; el déficit, aterrador… pero, en cambio, el país ha recuperado el primer lugar como exportador de narcóticos.

 

En vez de enfrentar ese aterrador cuadro, el gobierno, entreguista y collaborateur, se empeña en pisar el acelerador. Para eso va a iniciar conversaciones con el ELN, después de una fase “exploratoria” de dos años. Nadie entiende que se necesiten dos años para empezar dizque a negociar. ¿Y qué es lo que se puede negociar con el ELN? ¡En realidad, nada!

 

Lo de Quito será la repetición de la farsa: sede para la “mesa” en un país comprometido con el Foro de Sao Paulo y aceptación tácita (mientras se vuelve expresa) de todo lo que los terroristas quieran  exigir por encima de las 297 páginas de la entrega a las Farc.

 

La escenografía y el libreto, iguales: exministro, bien reputado hasta ahora; “plenipotenciarios” sin experiencia negociadora; un lagarto profesional; otro militar proclive a la subversión (basta con leer sus columnas). Alguna dama ingenua. Eso sí, honorarios espléndidos para que los negociadores no se aburran y traguen sapos sin repugnancia…

 

En cambio, la duración del nuevo proceso no podrá tardar largos años, porque hay que convenir la convocatoria de una Asamblea Constituyente, escogida por ambas partes, para “legitimar y refrendar” la entrega definitiva del país al partido comunista, a través de su otro brazo armado, antes de las elecciones presidenciales del 2018, pero sin correr los lamentables y azarosos riesgos de la democracia. 

 

En vez de respetar los resultados del plebiscito, el presidente, sus nuevos mejores amigos del partido comunista y sus dos guerrillas apenas lo consideran como un accidente que obliga a algún aplazamiento en el proceso de erección de la República Bolivariana de Colombia.

 

El comunismo nunca ha sido, ni será jamás, democrático, y el poder adquirido por las artes de la traición, la subversión, la infiltración y la inculturación, no será nunca devuelto por ellos al pueblo.

 

Los partidarios de la civilización, el derecho, la democracia y la Constitución, debemos encarar la situación como es realmente y no dejarnos llevar de falsas ilusiones, porque si no actuamos como lo exige nuestro deber, nos esperan la dictadura, el Gulag y la miseria.

 

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Tratando de sacar los pontificios guayos, la Comunidad de San Egidio otorga al doctor Santos un tal premio católico de “paz” del que nadie jamás había oído hablar, maniobra que no oculta las orejas del lobo, aliado con algunos pastores.

 

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¡Censurables los 1.200 millones gastados por el NO, mientras el gobierno, según la Contraloría, gastó 2.2 billones del presupuesto!