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PALABRAS DEL PRESIDENTE URIBE EN EL LANZAMIENTO DEL LIBRO EL NUEVO ORDEN POLÍTICO ELECTORAL EN COLOMBIA


 
PALABRAS
DEL PRESIDENTE URIBE EN EL LANZAMIENTO DEL LIBRO EL NUEVO ORDEN
POLÍTICO ELECTORAL EN COLOMBIA

Bogotá, 16 dic. (SNE). – Las siguientes son las palabras
que pronunció el presidente Álvaro Uribe durante
el lanzamiento del libro “El nuevo orden político
electoral en Colombia”, escrito por el magistrado del Consejo
Electoral Guillermo Reyes González.


El ilustre magistrado Guillermo Reyes González ha preparado
un tratado de derecho electoral, del nuevo orden político
y electoral en Colombia, diría yo que un tratado de democracia,
que será la mejor fuente de consulta y comprensión
del tema para los colombianos estudiosos de la ciencia política,
los cultores del derecho público, los estudiantes y los
ciudadanos inquietos por esa apasionante rama del derecho.

Basta leer el índice del libro para entender de inmediato
la seriedad, extensión y profundidad de la investigación
que ha realizado el profesor Reyes en la que hay un juicioso
y completo inventario de las instituciones de nuestra democracia.

Pero este tratado no será solamente
fuente de consulta para exclusivos sectores de estudiosos,
para todos los colombianos
practicantes de la democracia.

El libro primero de la obra: “Régimen de los partidos
políticos en Colombia”, nos pone de presente la
trascendencia de una nueva disciplina política que permita
la acción de los partidos a través de bancadas
en las corporaciones públicas. La revolución de
las comunicaciones y la democracia son realidades que plantean
el debate entre democracia participativa y representativa en
un marco diferente al de estadios anteriores de la historia.

Ahora que todos nos podemos comunicar
más fácilmente,
que la información carece de privilegios y que es menos
difícil el acceso a la educación, parecería
ser el tiempo de la democracia participativa y a fe que lo es,
pero no de modo exclusivo o con prescindencia de la representativa.

La democracia representativa y sus agentes,
que son los partidos y movimientos políticos, se requieren para definir a través
de la agrupación popular los lineamientos filosóficos,
políticos, programáticos del Estado, de los gobiernos,
de las propuestas alternativas.

La democracia participativa tiene que
ser el método de
relación de los ciudadanos con los partidos y movimientos
a los que pertenezcan, o habrán de pertenecer, de relación
de los ciudadanos con la institución parlamentaria representativa,
también con los gobiernos y de manera más puntual
con los procesos descentralizadores.

Sin nada nuestra época por el ideal de hegemonía
democrática, los partidos y movimientos tienen que ser
ampliamente participativos y deliberantes. Partidos cerrados
a las personas y mediante dogmas cerrados también al debate
de las ideas, parecerían carecer de espacio en la prevalente
tendencia pluralista.

Los pueblos en determinadas circunstancias
pueden vivir sin los partidos, los partidos sin ninguna circunstancia
pueden vivir
sin el pueblo, sin el contacto diario con él, sin pulsar
sus anhelos y esperanzas, sin oír sus críticas
y reclamos.

En Colombia la unidad de duración de los partidos ha
sido el resultado en buena parte de la existencia de tendencias
que indistintamente han resuelto sus discrepancias por procedimientos
internos o con apelación directa al electorado.

La solución al interior se ha dado por acuerdos o votaciones,
la apelación al pueblo ha producido que los partidos se
dividan, pierdan elecciones pero también, aunque parezca
paradójico, ha garantizado su duración histórica.

Este tratado en su capítulo tercero, título segundo,
se refiere claramente a una de las últimas reformas constitucionales,
la que adoptó el sistema de listas únicas.

Yo he tenido mis discrepancias y dudas
sobre esta institución
de las listas únicas. Es bueno que los colombianos profundicemos
en la teoría y ahora que tenemos la oportunidad de practicar
la institución. Temo que ese esquema da la impresión
de querer enriquecer el debate interno, pero que finalmente pueda
atentar contra el partido y movimiento porque al impedir que
se acuda al electorado universal, no necesariamente al partidista,
la contradicción se resuelve con mayor homogeneidad a
favor del triunfador circunstancial con búsqueda forzada
de otros partidos por parte de las tendencias diferentes, con
separación irreconciliable, distinta de la división
creadora.

Tal vez, la aprobación del voto preferente, morigere
el efecto pernicioso de la obligatoriedad de la lista única.

La historia recuerda con admiración y afecto a los hombres
de las dificultades. Las crisis han existido, existen y existirán
siempre y de ellas han nacido las grandes ideas, la solución
en las transformaciones sociales.

Hay dos versiones sobre el diagnóstico de las soluciones
de la actual crisis colombiana: la aparente y la real. Los que
solo ven las apariencias creen que la crisis es un profundo desentendimiento
entre el Congreso y el Ejecutivo, que el Gobierno debería
construir unas mayorías artificiales, que no es necesario,
por ejemplo, demostrar con argumentos la utilidad de unos impuestos
o la inconveniencia de otros, sino que el Ejecutivo debe simplemente
imponer por cualquier método, recurrir a cualquier método,
para que el Congreso vote en atención a ese método,
inclusive en contra de sus convicciones.

Eso no resuelve las crisis. Eso son soluciones
dañinas
al problema de gobernabilidad. Finalmente, el problema de gobernabilidad
depende de un gran compromiso programático, en la coalición
que debe tenerse entre el Ejecutivo y las fuerzas del Congreso
que lo apoyan, un gran compromiso programático enriquecido
en la permanente apelación al pueblo.

Simplemente, resolver esas crisis con
el método, muy
frecuente en la historia de Colombia, de un entendimiento en
contra de convicciones, por otras razones entre el Ejecutivo
y el Congreso, es dejar de resolver los problemas de fondo.

En lugar de alianzas sin convicción, por motivos clientelistas,
requerimos profundizar alianzas programáticas, por el único
motivo de servir bien a Colombia, y eso exige una deliberación
permanente entre los partidos y sus ciudadanos, entre los partidos
y la opinión pública, entre los partidos y su representación
parlamentaria, entre el Ejecutivo y el pueblo, y entre el Ejecutivo
y la representación parlamentaria.

Hemos vivido unas épocas muy importantes de utilización,
por primera vez, de las nuevas instituciones de participación.
El señor Fiscal General de la Nación, se ha referido
ampliamente al referendo que el país estrenó el
año pasado y en la obra del magistrado Guillermo Reyes
González, hay un capítulo apasionante sobre el
tema.

Llegará el momento de hacer la evaluación crítica
de ese experimento colombiano. Creo que nos excedimos en propuestas.
Un referendo con tantos temas, es un referendo difícil
de entender, es un referendo difícil de votar para quienes
lo han entendido, porque muchos ciudadanos pueden estar de acuerdo
con unos puntos del referendo y con otros puntos en desacuerdo.

A eso se suma, las decisiones de la Corte
Constitucional a las cuales se acaba de referir el señor Fiscal General de
la Nación, que dirá la historia, de pronto para
bien de la democracia, dificultaron la expresión de los
colombianos.

Diría yo, que en ese análisis crítico,
debe aparecer también un elemento bien importante sobre
ese referendo. Ese referendo careció de atractivos populistas,
a un pueblo con inmensas dificultades, con desempleo, con pobreza,
con desigualdades, se le convocó a tomar unas decisiones
muy severas en materia de pensiones, en materia de salarios de
los empleados públicos. Eso, creo, que dificultó la
aprobación, pero finalmente contribuyó mucho a
la madurez política de los colombianos.

Distinto es convocar a un referendo insulso
o a un referendo populista. Aquí convocamos a un referendo muy serio que
exigía sacrificios.

Lo que pasó con decisiones del Consejo Electoral y de
la Registraduría, que como lo acaba de decir el señor
Fiscal, generó discrepancias y al mismo tiempo acatamiento
por parte del Gobierno, también tiene en la obra del magistrado
Reyes González, una gran respuesta.

El Gobierno no pudo estar de acuerdo
con que el censo electoral se entregara la noche anterior,
con que el censo electoral no
se depurara sustrayendo las cédulas de las personas fallecidas,
sustrayendo las cédulas de los integrantes de la Fuerza
Pública que no podían votar, y sustrayendo aquellas
cédulas expedidas pero que no habían llegado a
las manos de sus titulares.

De manera respetuosa pero clara, el Gobierno
Nacional presentó su
reclamo al Consejo Electoral, se hizo en privado y en público.
La historia dirá quién tuvo la razón, pero
lo importante es que prevalecieron las instituciones. Diría
yo que eso es lo fundamental.

Yo quiero, magistrado y amigo, felicitarlo
de todo corazón.
Esta obra, cuando me informaba de sus esfuerzos para escribirla,
llegué a pensar en aquellos episodios cuando Lenin escribió El
Quehacer. En medio del activismo, sentarse a escribir enjundiosos
ensayos y un tratado de esta dimensión resulta, paradójicamente,
muy importante porque se está ante la posibilidad de la
explicación inmediata de los hechos, pero muy difícil
porque no hay el suficiente espacio de tiempo para la consagración
absoluta al tema de la obra intelectual que se ha proyectado.

Usted nos da un gran ejemplo de disciplina
a todos los colombianos. Y quise invitarlo a que lanzara esta
obra en el Palacio de Nariño
por muchas circunstancias. Por la gratitud que le debo. Usted,
su señora, me recibieron tan generosamente en la Universidad
Católica. Allí propiciaron debates tan constructivos.

Por la admiración que le tengo. Siempre lo he visto con
dinamismo, con acción, con fogosidad. Una fogosidad que
nunca lo ha llevado a exceder los límites del rigor intelectual.
Qué importante encontrar en usted el intelectual sin frialdad
y el dirigente fogoso con respeto al rigor intelectual.

Pero le confieso hoy, cuando usted le
da el 16 de diciembre este aguinaldo a los compatriotas, que
tenía un interés
especial en que esta obra se lanzara en la Casa de Nariño.

La historia no es abundante en ejemplos
de un país enfrentado
en una lucha contra el terrorismo y simultáneamente dedicado
a profundizar su democracia.

Cuando en otros países y en otras latitudes se luchaba
contra una expresión de violencia, allí no coincidía
ese tiempo con el lanzamiento de obras para estimular el debate
democrático.

Parece una contradicción a la luz de la historia que
en la época de la seguridad, cuando los colombianos estamos
empeñados en esta política, florezcan estímulos
tan fertilizantes para la democracia como el tratado que hoy
usted entrega a nuestros compatriotas.

Este libro me permite decir a los compatriotas
que se constituye en otra prueba del carácter democrático
de la seguridad que estamos buscando.

Esta seguridad la llamamos democrática porque es para
todos los colombianos. Porque es para profundizar la democracia
dentro de una concepción: nosotros queremos una patria
en profundo debate, pero en debate sin acidez que lo vuelva insuperable.

En debate siempre buscando opciones.
Siempre buscando cómo
de la contradicción se llegue a la síntesis para
el mejor provecho nacional. Una patria sin exclusiones, pero
una patria sin modelos políticos de odio. Eso creemos
que es de gran importancia.

Y esa seguridad democrática coincide con la vocación
de la profundización democrática.

Cuando los colombianos lean aquí lo referente a las elecciones
de octubre del año pasado, al referendo, podrá agregarse
algo: en plena lucha contra el terrorismo por parte del Gobierno,
con un gran respaldo del pueblo, la oposición, en las
diferentes expresiones, tuvo tantas garantías como el
Gobierno para atacar ella y para defender éste el referendo.

Incluso los espacios de comunicación de quienes se opusieron
al referendo o animaron la abstención, fueron inmensamente
más generosos que lo que fueron con los propios defensores
del referendo.

Pero usted no se queda en el análisis de lo hecho, sino
que le proyecta al país soluciones prácticas que
todos estamos compelidos a poner en marcha para que esta democracia
funcione mejor.

Ojalá rápidamente podamos disponer del voto electrónico,
como usted nuevamente lo reclama en su tratado.

Muchas gracias por darnos a los colombianos,
en un diciembre de lucha por la seguridad democrática, una prueba más
de que la democracia y la seguridad son valores mutuamente dependientes.

Citó ahora al ex presidente Laureano Gómez. Decía él
que el problema no es tanto de estructura sino de hombres. Cuando
Colombia tiene hombres de su dimensión ética, de
su aplicación intelectual, de su liderazgo práctico,
esos hombres son la garantía de que las instituciones
y las estructuras funcionen mejor y produzcan mejores resultados
para Colombia.

Al saludar a todos ustedes, que han acudido
esta tarde a acompañarnos
a recibir este libro de un gran compatriota, quiero desearles
a ustedes, a sus familias una Feliz Navidad.

Quiero desearles a todos ustedes, compatriotas,
que el año
2005 sea mejor para esta patria.

Tenemos tres grandes retos profundamente
conectados. La inserción
creciente de Colombia en la economía mundial nos obliga
a definir una agenda interna. Estamos trabajando el primer documento
para someterla a consideración de todos los colombianos.
Al debate en todos los estamentos de la patria.

Esa agenda interna tiene que ir de la
compañía
de otra proposición: qué Colombia queremos en lo
social, en lo político, en lo democrático para
el 20 de julio del año 2010, cuando se complete el segundo
bicentenario de la Independencia.

Ambos temas tienen que estar enmarcados
en una visión
de país de largo plazo que permita que cuando se vaya
a estudiar un plan cuatrienal de desarrollo, esa visión
pueda enlazarlo con el anterior o con los futuros.

Esta tarde definimos aquí mismo entregarles a las asociaciones
de líderes estudiantiles de la Patria, la tarea de ser
el apoyo ejecutivo a la deliberación de la agenda interna
de competitividad, a la deliberación del documento “La
Visión de Colombia”, y de apoyo ejecutivo a todo
lo que tiene que ser la preparación del país para
el segundo bicentenario de la Independencia.

En este año celebramos el primer centenario de Pablo
Neruda. Un gran colombiano, el presidente Betancur, dirigió la
incorporación del país a esa celebración.
Creo que solamente Chile pudo producir mayor entusiasmo por el
centenario de Neruda, que el que se sintió en nuestra
patria.

Ya nuestra patria, también con la dirección del
presidente Belisario Betancur, ha empezado a preparar la celebración
de los 400 años del Quijote. Su impecable estilo literario
hay que destacarlo ahora, cuando tenemos que beber todos en las
fuentes, en la pluma de Don Miguel de Cervantes, para evitar
que el idioma se nos deteriore. La publicación de esta
obra ayuda inmensamente al culto del idioma.

Este año hemos celebrado el centenario de la ascensión
a la Presidencia de uno de los más importantes colombianos
de todas las épocas: del General Rafael Reyes. Celebramos
muchos centenarios, que surgieren de su obra y de su iniciativa.
Y el próximo año tenemos que celebrar los 150 años
de otro de los más importantes compatriotas de toda la época:
Don Marco Fidel Suárez. Lo tendremos que reestudiar en
la política, en la filosofía y en la literatura.
Qué bueno regresar el año entrante a las páginas
del Quijote y a las páginas de los sueños de Luciano
Pulgar.

Muchas gracias por animar este país a profundizar más
su democracia, en un momento tan importante para la vida nacional.
Muchas felicitaciones, doctor Guillermo, en nombre de todos los
colombianos”.

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