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¿Prometer para…?

El talante de todos los funcionarios del gobierno central con respecto a lo que sucede en las provincias, es abominable por el desinterés  que demuestran en cada oportunidad.

 

Es muy diciente que hasta funcionarios que supuestamente tienen la seriedad que hasta hace poco mostraba el ministro de salud, se contagien de esta indolencia extrema de los centralistas bogoteños que consideran que Colombia limita “al sur con los Departamentos del Meta y del Huila, al Norte con el municipio de Chía, al oeste con el Río Bogotá y los municipios de Arbeláez, Cabrera, Cota, Funza, Mosquera, Pasca, San Bernardo, Sibaté, Soacha y Venecia. Por el Este llega hasta los Cerros orientales y los municipios de La Calera, Chipaque, Choachí, Gutiérrez, Ubaque”. Hasta allí llegan sus conocimientos de la geografía colombiana. Es más, estoy seguro que muchos de ellos no saben de estos límites y se conforman con saber su ruta del trabajo a la casa y creen que esto es Colombia.

 

El desplante que hizo al ministro de salud, economista Alejandro Gaviria, a los padres de las niñas afectadas por la vacuna del papiloma  humano en el Carmen de Bolívar, es un episodio más de los continuas muestras del desgano que tiene el gobierno nacional para ejecutar en serio las obras y acciones que requieren las provincias.

 

Las concesiones viales, urgentes para conseguir la competitividad del resto de Colombia, se aplazan continuamente y en cuatro años del primer período solo adjudicó tres de las llamadas inicialmente autopistas de la Montaña, cambiadas a vías con menores especificaciones; hasta el nombre les molestó y lo trocaron por prosperidad, palabra promesera, que no se  ha visto reflejada en nada de lo que ha realizado esta administración nacional. Todo se ha orientado a la consecución de lustre personal de quienes allí laboran y ahora, con el ingreso del señor Vargas Lleras al gobierno como el primer ejecutivo, veremos como el clientelismo se entroniza de manera descarada y tendremos funcionarios políticos impreparados e ineptos pero amigos de este funesto personaje en cargos de suma importancia. Ni hablemos de Gramalote.

 

Llegar tarde, costumbre muy bogotana por cierto, es una de las muchas manifestaciones de la falta de respeto por lo demás y esto ya lo tienen introyectado en su cultura, esos personajes del gobierno centralista; pero, no llegar a pesar de las promesas es además de irrespeto, una afrenta, que muestra palpablemente el desprecio que estos, muy instruidos funcionarios, tienen con nosotros los “ignorantes” habitantes de las provincias que no estamos de acuerdo con la manera como se está manejando al país.

 

Nos han prometido la paz y afirman que está a la vuelta de la esquina y la verdad, es que estamos al inicio del camino y las cuadras de La Habana parece que tienen longitudes inmensurables, puesto que lo que para unos es cerca para los otros es lejísimos. Ya estamos hartos de estas entelequias (cosas irreales que no pueden existir) y desde ahora empecemos a mostrar nuestra “ignorancia”, pero con carácter, rechazando, con fortaleza, la manera como este señor quiere entregar el país a unos facinerosos protegidos por los regímenes dictatoriales del continente.

 

Medellín, 2 de septiembre de 2014

 

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