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Prueba de que plebiscito de Santos es una trampa

Una vez más, la opinión pública expresó, mediante un sondeo realizado con personas mayores de 18 años en Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga, su claro repudio a ver a los jefes de las Farc libres, sin pagar con cárcel sus crímenes y haciendo política como si fueran personas dignas de confianza.

 

La encuesta que acaba de realizar un pool integrado por Polimétrica y Cifras & Conceptos, publicada por algunos órganos de prensa de Bogotá, reveló que el 83 % de los consultados está en contra de que las Farc reciban del poder central escaños en el Congreso de la República sin pasar por una elección popular.

 

También repudian la idea de que los futuros “desmovilizados” de las Farc sean reciclados y adscritos a la fuerza pública: el 72 % de los encuestados dijo que esa propuesta era “inconveniente”.

 

Aún más fuerte fue el rechazo a ver a los jefes subversivos participando en política: el 77 % no está de acuerdo con eso.

 

La propuesta de los narco-terroristas de refrendar o rechazar los pactos entre Santos y ellos en La Habana mediante una asamblea constituyente también fue repudiada por los encuestados: el 56 % dijo estar en contra de eso. Sólo un 44% dice estar de acuerdo con esa salida.

 

La encuesta muestra, sin embargo, que la opinión no ha salido todavía del oscuro túnel que ha creado el gobierno de Santos al proponer su particular plebiscito. La forma de validar o invalidar esos pactos (todavía secretos) mediante los escuetos sí o no “a la paz”, hunde a la opinión en la confusión.

 

Ello se reflejó en la forma que tomaron las respuestas de los encuestados. Según Polimétrica y Cifras & Conceptos, el 59% de los consultados respondió que sí participaría en la votación del plebiscito, mientras que el 39% no quiere participar. De los primeros, el 61% respondería sí a la pregunta de si quiere la paz, mientras que los partidarios de responder negativamente serían el 11%. El 28% de los encuestados estimó que no sabe qué responder a esa pregunta.

 

Hay una incoherencia entre responder que no se quiere ver a los jefes terroristas en el Congreso de la República sin someterse a una elección popular y responder, al mismo tiempo, sí a unos acuerdos que descansan precisamente sobre la idea de llevar artificialmente al Congreso a esos bandidos y sobre la idea de una absurda participación política de los jefes de las Farc.

 

También hay discrepancia entre repudiar una asamblea constituyente como mecanismo para validar o repudiar tales acuerdos y querer responder con un sí o un no a un plebiscito que es el medio escogido por el poder central para que la gente valide o repudie los eventuales acuerdos.

 

Los consultados mostraron, en mi opinión, que la respuesta positiva o negativa al falso dilema (“quiere usted la paz o quiere usted la guerra”) no apunta, no se refiere exactamente, al contenido real de los acuerdos Santos-Farc sino que expresa más bien una simple actitud ante querer la paz, a secas, en general, sin contenido preciso, o no querer la paz en general.

 

La distancia que hay entre una categoría de respuestas (a preguntas de contenido explícito) y las respuestas a preguntas sin contenido (el dilema perverso) mediante un escueto sí o no, muestra en esa encuesta el carácter tramposo e ilegítimo del plebiscito que está confeccionando el gobierno de Santos con la complicidad de algunos parlamentarios irresponsables.

 

La encuesta confirma, en líneas generales, lo que la opinión pública viene diciendo desde hace tres años en todos los sondeos: que no quiere una paz adulterada por la impunidad, que no quiere ver a los jefes criminales de las Farc seguir armados e incrustados en el Congreso y haciendo política con plenas garantías y desmontando las instituciones democráticas.

 

Lo nuevo de esta encuesta fue la pregunta sobre el sí y el no del plebiscito. Es evidente que el 61% que respondió sí a los acuerdos de paz es un porcentaje curioso. Ese guarismo es un enigma, no es una respuesta clara a una pregunta clara. Tal cifra en favor del sí podría regresar a niveles muy inferiores tan pronto el público comprenda que en un sondeo de opinión se responde a una pregunta precisa y no a un principio moral, y cuando perciba que un plebiscito honesto es como un sondeo de opinión honesto, en donde el ciudadano responde a una o varias preguntas específicas y no a un principio abstracto como preferir la paz a la guerra.

 

Ese guarismo del 61% por el sí, que el santismo presenta como un éxito para ellos, no es sino la prueba de que hay en curso un intento masivo de manipular las conciencias y la opinión pública.