Sitio oficial
 

Refrendación en falso del proceso de paz

La prensa internacional sigue haciéndole el juego a Juan Manuel Santos. Incluso se atreve a lanzar noticias erradas para mitigar el ridículo que el impopular mandatario colombiano hará en Oslo, el 10 de diciembre próximo, al recibir un premio Nobel de la Paz tras haber dividido y burlado a su país por no haber logrado hacer la paz con el narco-terrorismo sobre una base clara y democrática. Miren lo que dice hoy, por ejemplo, la página web del Washington Post: “Colombia aprueba un acuerdo de paz histórico con los rebeldes de las Farc para ponerle fin a medio siglo de guerra”. A su vez, en Europa, el grupo France Info titula: “Colombia: el acuerdo de paz con las Farc fue ratificado por el Parlamento”. Y agrega: “Rechazado por el referendo de octubre, el texto tuvo que ser renegociado para que incluyera las proposiciones de la oposición”.

 

Tres frases, tres imposturas. El Parlamento colombiano no ha ratificado nada. Lo ocurrido ayer, 30 de noviembre, en el Capitolio nacional, fue un remedo de discusión, un sainete, una gesticulación mediática de valor jurídico muy dudoso. Pues el trámite que exige la Constitución colombiana fue descartado en la “refrendación acelerada” del acuerdo de paz.

 

Por otra parte, el pretendido “acuerdo de paz” Santos-Farc no fue “renegociado”: Santos retomó y empeoró el pacto cubano del 24 de noviembre, que los colombianos habían rechazado en el plebiscito del 2 de octubre pasado, y lo revivió ilegalmente. Las enmiendas de la oposición no fueron incorporadas al papel que fue discutido ayer.

 

Para hacerle creer al lector que tal “ratificación” tenía el respaldo del pueblo, el escrito de France Info fue reforzado con una foto cuya leyenda dice: “Un hombre agita una bandera colombiana ante el Congreso en Bogotá”. Falso: la foto muestra un hombre con una bandera distinta (azul, roja, blanca), durante la manifestación en la plaza de Bolívar donde miles de ciudadanos rechazaron la farsa de la ratificación “acelerada”.

 

La mentira así fabricada sobre la “validación definitiva” del pacto de Santos se extendió al resto de la prensa francesa. La página web de dos revistas parisinas, Le Point y L‘Express, orientaron sus artículos en el mismo sentido.

 

Solo L’Express trató de explicar, en cuatro líneas, el punto de vista de la oposición y la bronca que existe en el país por la sombra de ilegalidad que cubrió el acto de ayer. El semanario citó dos frases del senador Álvaro Uribe: “Pensamos que un voto en el Congreso no puede substituir a un referendo”, y es una “presión abusiva que viola el sistema legislativo la precipitación con la cual el gobierno quiere aprobar ese acuerdo”. Nadie informó que 16 senadores y 14 representantes del Centro Democrático combatieron en los dos días anteriores el proyecto del gobierno, con la tesis de que “si el pueblo dijo no, el Congreso no puede decir sí”, como lo resumió el vocero del CD Carlos Holmes. La votación en la Cámara de Representantes de 130 – 0, tras 12 horas de debate, se explica porque el CD se retiró antes de la votación. “Nos retiramos de la plenaria porque no apoyamos la ilegalidad para refrendar los nuevos acuerdos”, declaró el representante Ciro Ramírez.

 

La voluntad mistificadora de cierta prensa extranjera es evidente. Sus redactores saben muy bien que existe un intenso debate sobre la legalidad de la vía escogida por Santos para imponer –por encima de lo que votan los colombianos y los mejores juristas del país–, su pacto de capitulación ante las Farc. Saben que magistrados importantes de la Corte Constitucional, como María Victoria Calle, estiman que no puede haber refrendación del pacto si se excluye un nuevo plebiscito.

 

Saben que Santos pidió un trámite “de urgencia” para reducir el número de sesiones necesarias para alcanzar la refrendación. Saben que lo ocurrido ayer y antier violó lo que dice la Constitución sobre ese trámite. Saben que el gobierno hizo caso omiso de que el texto cuestionado había sido impugnado por el constituyente primario.

 

Saben que la brutalidad de Santos ha agrietado la confianza que hasta ahora le daba la ONU al pretendido proceso de paz. Saben que Todd Howland, representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, no oculta su temor de que ese proceso fracase ante la cantidad de presiones indebidas que el gobierno está ejerciendo sobre el Congreso y el poder judicial. Mary Anastasia O’Grady, especialista del tema latinoamericano del Wall Street Journal, recordó hace dos días que “para protestar contra las tácticas de intimidación de Santos, la presidenta de la Corte Suprema y sus salas Civil y Laboral se rehusaron a asistir a la ceremonia de firma del jueves”. Agregó que esa es “otra prueba de que Santos ha sembrado conflicto, no paz.”

 

Todd Howland había también dicho: “Este proceso de paz con las Farc está mal implementado pues ya hay impactos negativos en la situación de derechos humanos”. E insistido: “Los procesos de paz son sostenibles cuando los acuerdos son bien implementados y hay una manera evidente de ver una mejora en la situación de derechos humanos”.

 

Lo que está ocurriendo en el terreno no es precisamente eso. Alberto Prieto, analista del matutino madrileño OK Diario, informó que Howland constató que “los terroristas de las Farc están saliendo de sus territorios antes incluso de que se haya implementado el pacto, lo cual genera un vacío que supuestamente iba a llenar el Estado, trabajando por transformar las economías ilícitas en lícitas”. Esa misma fuente advirtió que “esto no está ocurriendo ahora” y que, en cambio, “otros grupos ilegales están entrando en esas áreas”.

 

Si la información sobre Colombia en cierta prensa internacional va tan mal, por fortuna quedan los recursos de reinformación que ofrecen otros diarios extranjeros y colombianos y la blogsfera. Ellos suelen ser mucho más objetivos y respetables que los medios que dependen del poder de turno.

 

En su editorial de ayer, El Nuevo Siglo, matutino conservador de Bogotá, fustigó el intento de Santos de desconocer el plebiscito del 2 de octubre, al escribir: “Ahora, el primer resultado cierto de la democracia participativa fue evadido tanto por el Gobierno como por sus aceitadas maquinarias en el Congreso. Pero la democracia del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, según la definición clásica, y que trató de afianzar la Constitución de 1991,  sabrá imponerse frente a la supuesta refrendación, vergonzante y vergonzosa, hecha precisamente a espaldas del pueblo.” Diario Occidente, de Cali, dijo en su editorial de ayer: “Está en manos de la Corte Constitucional –organismo que había aprobado el plebiscito como mecanismo de refrendación del acuerdo de paz–, impedir que el Gobierno Nacional y el Congreso de la República refrenden el nuevo acuerdo con las Farc de espaldas a los colombianos.”

 

Por su parte, la página web Pan Am Post, de Miami, calificó lo ocurrido ayer en el senado colombiano como un “golpe a la democracia” pues es imposible que aquel organismo le dé la calidad de “plebiscito” a una de sus deliberaciones, como trata de hacerlo creer la prensa santista. Concluyó que sólo un nuevo y verdadero plebiscito “podría producir una paz duradera”, y que sólo la votación popular podrá “obtener un resultado que le convenga a Colombia, y no solamente al presidente Santos”.

 

Así pues, estamos lejos de la situación idílica que describe cierta prensa francesa y norteamericana. El pacto realizado en Cuba entre Santos y las Farc seguirá generando cólera, inconformidad y movilización en la ciudadanía pues su carácter totalitario sigue intacto. Los cenáculos podrán firmar lo que quieran, pero el país seguirá decidido a derrotar ese engendro. Colombia no está dispuesta a renunciar a su democracia.

 

Timochenko, el jefe de las Farc, decía en estos días que ahora lo que sigue es llegar a un “gobierno de transición” que aplique todo lo que dice el mamotreto de 310 páginas.

 

Que nadie se deje engañar. La “transición” que anuncia el narco-comunismo es hacia un régimen anticapitalista y antidemocrático en Colombia. En agosto de 2000, el abatido Mono Jojoy, ex jefe militar de esa banda, habló de esto mismo, sobre todo de lo que ellos entienden por “gobierno de transición”,  en una comunicación secreta dirigida a las bases de las Farc que fue captada por la fuerza pública. Oigan lo que dice: “[…] lo que ustedes tienen que tener claro es que aquí va haber una guerra prolongada, con 10, 20, con mil, con dos mil guerrilleros, con los que sean. Con minas, trampas, tiros, con morteros, con el armamento que sea […] esta zona no se puede perder, hay que venderle al enemigo bien cara toda la infraestructura que hay. Ellos pueden coger esta zona un tiempo, pero no pueden vivir aquí. Se quedan, dejamos a una tropa peleando, y nos vamos a combatir a las ciudades […] nosotros no negociamos, solo hablamos con los gobiernos transitorios que haya, hablamos con éste y seguramente vendrán otros y entonces queda claro que nosotros no vamos a pactar ninguna paz, porque no existe.”

 

Ni Timochenko, ni el secretariado de las Farc, han renunciado al programa de Jojoy. La coherencia entre lo que decía Jojoy y lo que exige el actual acuerdo “de paz” es flagrante.