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Santos renuncie ya

Así pretendan minimizarla, la reciente marcha frente a la Casa o Palacio de Nariño, lugar de residencia del Presidente de la República y sede del gobierno, pasará a la historia política. Un acto de protesta de esa naturaleza no se había presenciado en el pasado en Colombia, y me atrevo a decir que en el mundo, hasta este primero de marzo.

 

Como un acto de puro ejercicio democrático quedará para la historia lo que protagonizó la bancada de un partido minoritario en el congreso pero mayoritario por sus bases. Con ello se sentó un precedente y se planteó un objetivo claro: la renuncia de Juan Manuel Santos. La marcha del 2 de abril será la consecuencia inmediata de ese gesto. Su título: SANTOS RENUNCIE YA. Su objetivo: hacer efectiva esa exigencia al ser propuesta por una mayoría de los colombianos.

 

La claridad en los objetivos y la concentración en ellos son los que garantizan el éxito de la movilización ciudadana. Cuando se tienen slogans con peticiones generales y abstractas como por ejemplo: “No más Santos”, “No más corrupción”, “No más mentiras”, no se puede pretender alcanzar metas concretas. Exigir la renuncia de la presidencia a Juan Manuel Santos es un objetivo factible propuesto por un grupo de congresistas que marchó por la carrera séptima hace unos días -el mismo que encabezará la marcha del 2 de abril- y fue bien recibido por la ciudadanía.

 

Siguiendo esa consigna, daremos continuidad a una acción que tuvo su inicio el primero de marzo pasado. A partir del lema SANTOS RENUNCIE YA, acudiremos  a nuestro ingenio en caricaturas y pancartas que van a jugar un papel fundamental en la marcha.

 

La caricatura, por su parte, juega un papel importante en el ejercicio de la crítica en una democracia fundada en la libertad de expresión. Ella no puede ser total si los actores políticos no están sujetos a los juicios de la sociedad de la que son sus representantes.

 

A diferencia de la fotografía que muestra lo que se ve, la caricatura une texto e imagen pudiendo mostrar lo que está oculto. Al resaltar el aspecto ridículo de ciertos políticos y sus acciones, adquiere un poder muy agudo. Como instrumento de protesta tiene impactos más profundos que el mismo discurso político porque la libertad con que representa la personalidad de un político en imágenes grotescas, captura el espíritu de las personas.

 

Por otra parte, las pancartas juegan un papel fundamental como el de la cantidad de participantes en una marcha, al contener slogans que dan muestra del lado insoportable de la situación política que obligó a la gente a salir a la calle.

 

Para la marcha es necesario prepararse y contar con tiempo.

 

Las marchas son un elemento importante en la vida política.

 

Hay que tener cuidado de no marchar por marchar.

 

La marcha es la conclusión de un proceso de la masificación de la naturaleza insoportable de la situación que vive el país y ella medirá como un termómetro la temperatura a partir de su masificación. Su fracaso demostrará que la temperatura no está lo suficientemente alta y su éxito que ha sobrepasado los límites de soportabilidad.

 

Es necesario que la marcha sea alegre. Para ello puede ser animada con clarines, tambores, bandas de carnaval, con eso daremos una demostración de que queremos recuperar la alegría perdida debido a un pésimo gobierno que nos ha arrastrado a las oscuridades del abismo y que para ello es necesaria la renuncia del presidente.