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Sigo siendo uribista ¿y usted?

Aunque usted no lo crea puedo afirmar con tan sólo escuchar los primeros minutos de la entrevista a Álvaro Uribe concedida recientemente en La Hora de la Verdad que sigo siendo uribista.

 

Pareciera pasado de moda hablar de uribismo cuando la confusión, generada por un estado de cosas desastroso, nos tiene en ascuas. Pero, como bien lo dijo Fernando Londoño al terminar la entrevista, “mientras el Presidente Uribe esté en la batalla, hay esperanza”.

 

Lo que nos han querido arrebatar es la esperanza. Es un país despojado en donde lo único que lo mantiene en pie es la fe en que esto es pasajero y vendrán tiempos mejores. Nos lo han quitado todo, desde la seguridad hasta nuestras riquezas naturales y van por la esperanza.

 

¿Esperanza en qué? Esperanza en un país de libertades, de prosperidad y de fe en un futuro venturoso. Y justamente esa esperanza es la que pretenden arrebatarnos desviando nuestras miradas con falsas ilusiones y dejando en la oscuridad las que aun mantenemos desde que comprendimos que podríamos ser amos de nuestro destino y no víctimas de desastrosas políticas nacidas de la funesta relación entre maldad y vanidad que ha engendrado un monstruo de mil cabezas que, como la Hidra, genera dos cuando se le corta una.

 

“No importa que el país se destruya con tal de hablar de paz y decirle a los europeos que aquí todo está muy bien” dice Álvaro Uribe luego de un recuento de los recientes ataques de las FARC que incluyen el asesinato vil, con tiro de gracia, de un Coronel de la policía y el derrame de miles y miles de galones de petróleo que ahogan a Pachamama, hecho que indigna a la humanidad entera y daño que no podrá ser reparado nunca y que por lo tanto no tendrá perdón alguno. ¡Qué ridículo debe verse un presidente de un país latinoamericano lagarteando en Oslo un Premio Nobel de la Paz cuando permite y autoriza crímenes de esta naturaleza!

 

“El gobierno pareciera tener una mentalidad enfermiza. Su objetivo es negociar con las FARC sin importar que esté pasando en el país” afirma Uribe y no podemos sino estar de acuerdo. ¡A quién se le podría ocurrir mantener unas negociaciones con quien causa daño inmenso a su país a diario sino a una mentalidad enfermiza! El dejar a un lado el deber de gobernar para el bienestar de su pueblo y dedicarse, en cambio, a complacer a quienes han demostrado que lo único que les interesa es mantener sus acciones terroristas y sus oscuros negocios que le son tan rentables, no puede venir sino de alguien de mente insana.

 

Quien se regodea en la locura pretende que todos sigan sus delirios. Si hay algo esencial que diferencia al actual presidente de Colombia de su predecesor es que el primero carece de toda consciencia social mientras el segundo se reconoce en el otro, en sus dolores y alegrías, y por ello recibe el afecto de su gente; mientras que el primero es detestado por todos.

 

“El gobierno tiene una sola obsesión, la obsesión vanidosa de entregarle el país a las FARC porque eso es lo que genera titulares en alguna prensa internacional” concluye Álvaro Uribe como una posible explicación a la suma de acontecimientos ocurridos en este último lustro. Desde el comienzo de su primer mandato Juan Manuel Santos se ha mostrado ansioso por estar en los titulares de la prensa lo que lo ha llevado a construir un muro de engaños que le fue eficaz aquí por un buen rato, hasta que nadie le siguió comiendo cuento, pero que todavía se mantiene en pie afuera soportado por el poco conocimiento que tienen allá de nuestras desventuras.

 

Pero eso no tardará en develarse cuando puedan descubrir allá, como lo descubrimos para nuestro desconcierto acá, que es posible que un presidente mienta sistemáticamente para lograr fines egoístas. Y cuando se derrumbe ese muro de engaños no quedara piedra sobre piedra.

 

Mientras tanto sigo siendo uribista ¿y usted?