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Un diálogo secuestrado

El caso es que todos los días nos encontramos con cosas cada vez más difíciles de aceptar. El inicio de la negociación con el ELN se hace con secuestrados, a pesar de que el gobierno ha dicho que no comenzará las sesiones si no han liberado todos ellos. Analicen ustedes el siguiente párrafo de una entrevista con alias Antonio García en El tiempo del pasado viernes.  A la pregunta de si los liberarán, responde:

 

“Lo hemos hecho. Por ejemplo, los prisioneros de guerra se han liberado. Si un prisionero de guerra tiene implicaciones en cosas graves con la sociedad, hechos de inteligencia militar, ha desencadenado operaciones militares no se va a poder. Pero un militar que en cumplimiento de su tarea o responsabilidad llega a ser prisionero pues se considera y se libera, ya ha pasado. Ya otro tipo de hecho por motivos políticos, económicos, muchas veces sociales, pues no lo hemos considerado. Puede ser cuestionable, pero es una política normal. Todos los gobiernos del mundo hacen privación de libertad y hacen cárceles…”. Más adelante dice que no está obligado a cumplir con la constitución y las leyes porque se rebeló contra el Estado.

 

El resumen es: que ellos deciden, respecto de los militares secuestrados, quién ha cometido graves crímenes y si lo ha hecho, según su criterio, lo mantienen secuestrado; que, si es un militar ha cumplido con su responsabilidad, según su criterio, se considera (no lo hacen automáticamente) devolverle su libertad; y si es un civil secuestrado para extorsionarlo económicamente o para cobrarle su militancia política, no lo van a liberar. Y eso a alias García le parece normal; además porque concibe su organización, con un historial enorme de violación de derechos humanos y de narcotráfico, como un gobierno, que captura y mete a la cárcel a los delincuentes.

 

Qué horror. Si algo ha hecho la justicia colombiana es procesar y condenar a miles de miembros de las Fuerzas Armadas que han participado en la confrontación y cometido delitos, pero también a una gran mayoría que no lo han hecho, porque son víctimas de miembros del sistema judicial, algunos de ellos proclives a esas guerrillas, tal como ocurrió con el coronel Plazas Vega, para poner un solo ejemplo. Y hubo un Estado que llevó a la cárcel y extradición a los jefes paramilitares (usados ahora para hacerle montajes a la oposición). ¿Cómo pueden compararse? ¿Cuál es su legitimidad? ¡Quién los eligió mediante un procedimiento democrático? ¿Dónde está el debido proceso?

 

El país había tenido una justicia respetable, que, con la politización de los operadores judiciales en el gobierno de Santos, ha ido perdiendo su majestad. Por eso, equiparar una captura y encarcelación a un secuestro, ahora pareciera diferenciarse poco. Y es verdad que nuestras cárceles son horribles; pero aun así, no son asimilables a un campo de concentración en la selva, donde a las dificilísimas condiciones del cautiverio se suman la zozobra permanente, el miedo a la muerte, el chantaje despiadado a la familia, las enfermedades sin tratamiento. Y tampoco es posible equiparar el dinero que se paga en impuesto con el que se entrega por un secuestro.

 

Para alias Antonio García, la supuesta rebelión justifica los crímenes atroces como la masacre de Machuca, los miles de secuestrados – proporcionalmente, más que las Farc-  y con desfachateces inauditas como cobrar para liberar en estos días a un cautivo cobrándole a su familia una ingente suma de dinero, a pesar de que esa organización estaba negociando con el gobierno el inicio de las conversaciones y le había dicho a este que lo iban a liberar; y justifica, también, la narco-cartelización.

 

¿Cómo puede Santos callar ante esas declaraciones y esos comportamientos delictivos? Ya veremos que no obstante su amenaza de no comenzar el “diálogo” mientras no liberen los secuestrados, éste comenzará, porque en palabras del ministro Cristo, el ELN es necesario para la paz. A pesar de lo que haga, digo yo, porque si bien el presidente y el citado ministro dijeron que las víctimas estaban -otra vez- en el centro de la negociación, todo sabemos que eso es mentira. Ya aprendimos cómo fue lo de las Farc; ahora esperemos más de lo mismo con el ELN.