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Una reforma que naufraga

Dicho y hecho. De la mezcolanza de temas que presentó el gobierno al congreso en el marco de su reforma de ‘equilibrio de poderes’ no quedaría nada si las cosas siguen como van. Las listas cerradas y el voto obligatorio están prácticamente hundidos, con una oposición férrea del partido conservador y buena parte de la U. El tribunal de aforados, que tanta polémica ha causado, podría salir de la discusión legislativa para evitar el desgaste que hasta ahora se ha presentado y las reformas de carácter judicial terminarán también embolatadas por la presión de los altos magistrados que no soportan la idea de que los cambien a la fuerza.

 

El problema de que esta reforma se hunda o de que no quede vivo sino el artículo que elimina la reelección, es que el Congreso le habrá enviado al país un último mensaje de su incapacidad para tramitar desde allí las grandes transformaciones que el Estado requiere. Si una reforma real en materia electoral y en los asuntos de la justicia no puede desarrollarse en la rama legislativa por los insistentes bloqueos internos y externos que subsisten, ¿qué solución nos queda? ¿Acaso una constituyente acotada que se ocupe de veras de cambiar estos temas? No lo descarten.

 

Por lo demás, el ministro del interior Juan Fernando Cristo comienza a defraudar a muchos de los que creyeron en él como la mejor carta que se podía jugar el presidente Santos para ‘administrar’ la política. A Cristo lo ungieron ministro con dos propósitos: mantener a raya al expresidente Uribe y conservar la unidad nacional. Ni lo uno ni lo otro ha podido hacer bien el ministro en estos primeros meses, para ser francos. A Uribe le sigue teniendo que contestar sus arremetidas directamente Santos y de la unidad queda más bien poco con los godos sueltos haciendo estragos, el liberalismo insaciable pidiendo más cuotas burocráticas y la U fragmentada en los proyectos cruciales.

 

La reforma de equilibrio de poderes ciertamente naufraga y si sale tan mal como pinta en estos primeros dos debates, no se sorprendan de que el naufragio se lleve por delante algo más que unos cuantos artículos. Este no parece el tercer mes de un nuevo gobierno sino el quinto año de un desgastado presidente.