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Van por la ley habilitante

La estrategia de anunciar una medida, luego rasgarse las vestiduras y decir que nunca se ha pensado en ella cuando la gente la rechaza clamorosamente, para luego introducirla de nuevo, por la puerta de atrás, en ocasiones por interpuesta persona, ha sido utilizada muchas veces por el actual gobierno, experto en decir al medio día que son las doce de la noche, para cubrir con un manto de sombra sus verdaderas intenciones.

 

La reforma a la justicia, que terminó en un fiasco, fue así. Igual ocurrió con su posición frente a las pretensiones de Nicaragua sobre nuestro mar Caribe o la concesión a las Farc sobre las zonas de reserva campesina, para sólo citar tres casos.

 

Ahora están poniendo en escena nada menos que la aprobación, por parte del congreso, de un referendo en el que se le darían plenos poderes al presidente Santos para reglamentar el marco jurídico para la paz, que en principio, debe ser una ley sancionada por aquel. Y que para hacerlo, se convocaría a un referendo el octubre, con las elecciones regionales y locales. Casi nada.

 

Se sabe que el gobierno le tiene terror a una consulta popular para aprobar los eventuales acuerdos con las Farc porque sabe que no la tiene fácil con los colombianos, que en su mayoría rechazan las concesiones que se le han dado a esa guerrilla. La oposición ha dicho que unas facultades tales son una ley habilitante como la que los déspotas venezolanos han utilizado para pasarse por la faja, no sólo al pueblo vecino, sino incluso a una asamblea de los diputados completamente dominada por ellos, que escasamente cumplió su papel de marioneta aprobando tal engendro. Con las leyes habilitantes la dictadura venezolana ha acabado con la industria y la agricultura, ha nacionalizado cuantas tierras y empresas ha querido, ha formulado todo tipo de medidas represivas contra sus exhaustos ciudadanos. Plenos poderes al presidente es un mecanismo de dictadura.

 

Ahora, Santos intenta llevar al congreso colombiano una ley de ese tipo para que le permita decidir total impunidad a los guerrilleros, avalar su lavado de dinero, reglamentar las zonas de reserva campesina a la medida de las Farc, modificar la estructura de nuestra democracia representativa; cambiar la misión, la estrategia y la composición de nuestras Fuerzas Armadas; entregar medios de comunicación a ese grupo, decidir sobre su representación en el congreso, y todo lo que sea necesario para darle gusto a esa guerrilla, sin que lo consignado tenga que pasar por la refrendación del pueblo colombiano.

 

Como la reacción de la opinión pública fue tan fuerte, más todavía cuando la presentaron –con una filtración perfectamente manejada desde el gobierno, como siempre- pocos día después de la masacre de diez militares mártires realizada por las Farc, en el momento en el que la indignación de los colombianos estaba en el pico más alto contra ellos y el gobierno colombiano, el ministro del interior, Juan Fernando Cristo dijo que dicho proyecto de referendo era una calumnia de la oposición, que estaba “alucinando”, que cómo se le ocurría a esta gente inventarse tal infundio.

 

Pues bien, ahora el señor Fiscal – que probablemente está pensando, cuando termine su periodo este año, en ser el primer fiscal o director de la proyectada Corte Penal de Unasur, ese engendro que los tiranos y corruptos jefes de estado sudamericanos están tramando para que nadie los juzgue por sus tropelías y para darle la bienvenida a las Farc, librándolas de que sean investigadas y condenadas por sus crímenes de lesa humanidad y de guerra, corte de la que dijo que era muy buena idea- sale el viernes a decir desde Boston, que esas facultades extraordinarias al presidente también le parecen buena idea. De esta manera, el referendo habilitador, que parecía enterrado, goza ahora de cabal salud.

 

Transitar el camino de la dictadura venezolana para escamotear la voluntad política del pueblo colombiano es la radiografía de lo el grupo que detenta el poder en este país está dispuesto a hacer para lograr sus objetivos. El tal referendo debe ser rechazado con toda la vehemencia posible porque es la vía para acabar contra nuestra democracia. Y no se necesita ser de la oposición para caer en la cuenta de que lo que acabo de afirmar es verdad.